Luis Miguel, te siento tan mío

Maria Eugenia Cabral
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¡Extraño a Luis Miguel! y aunque desearía que tuviéramos alguna fecha de su regreso a los escenarios, mi lado egoísta se siente doblegado por la sensatez, esa misma que nace del cariño incondicional que siento por personas que realmente me importan. Soy capaz de darlo todo, sin importar las consecuencias, por el bienestar de los que amo y Miky es uno de ellos. Y aunque esta situación en la que estamos, siendo él el artista y yo su fan, no me da la posibilidad de estar físicamente cerca para contenerlo y cuidarlo, sé que estoy a su lado de alguna manera, teniéndolo presente en mi corazón, en mi pensamiento, y en mis oraciones diarias cuando le pido a Dios por su salud, paz interior, y felicidad. Estoy segura que el cariño y las buenas vibras viajan a través del tiempo y del espacio hasta la persona que amamos, y que esa conjunción actúa como un bálsamo para el cuerpo y el espíritu. Esto me tranquiliza cuando pienso que Luis Miguel tiene a millares de fans enviándole todo su amor y buenas energías, pues tantas almas unidas en pro de una misma causa ejercen mucho poder.

El infinito cariño que sentimos por él también nos invita a cometer verdaderos actos de amor, con tal de robarnos por un instante su atención. Si bien le he dedicado varios capítulos de esta columna a las locuras que hemos realizado pensando en Luis Miguel, en esta ocasión la apuesta se doblega puesto que, un determinado accionar, desata consecuencias irreversibles. Después de leer lo sucedido en esta historia que voy a presentarles me planteé… ¿Haría lo mismo que esta fan, con tal de conseguir ese abrazo por el que llevo esperando 34 años? Sin titubear ni por un segundo me dije sí, quiero priorizar la felicidad en mi vida y, si esto significa asumir riesgos importantes, estoy dispuesta a afrontarlos porque cuando se trata de Luis Miguel escucho a mi corazón, y no me dejo intimidar por los designios de mi mente.

Esta fan claramente se dejó guiar por lo que sintió en ese momento y… ¡Qué inspirada estuvo!, porque al fin de cuentas logró su cometido:

Mi nombre es Elsa Almanza Mayorga, vivo en Ciudad de México, y tuve el privilegio de conocer a 

Luis Miguel el 16 de noviembre de 2004. Pero antes de contarles cómo sucedió, deseo regresar aún más en el tiempo cuando me declaré su fan para siempre.

Mi a amor a Luis Miguel fue a primera vista, cuando lo vi en su debut en el programa familiar ‘Siempre en Domingo’ en 1981. Aunque era muy pequeña, 4 años para ser exacta, recuerdo claramente que me encantó, y desde ese momento seguí su carrera con mucha admiración, amor y respeto. Creo que no hay otro artista igual o que se le parezca, nadie tiene ese carisma, ni mucho menos la potencia y calidez de su voz.

Cuando se estrenó la película “Ya nunca más” lloré desconsoladamente durante muchas noches, porque de verdad creí que le habían amputado la pierna y le pedí a Dios que no le doliera. También disfruté mucho la película que hizo con Lucero, “Fiebre de Amor”, y por supuesto que también soñaba con casarme con Luis Miguel.

Creo que me volví más fan que nadie cuando escuché “La Incondicional”, letra que llevo tatuada en el corazón y en el alma. Cuando descubrí el videoclip de esta canción me cautivó tanto, que llegué a colarme en un paseo escolar al heroico Colegio Militar, lugar donde se filmó, y les juro que me impactó la belleza del lugar.

Mis cuadernos llevaban siempre su imagen provenientes de algún recorte de revista, además coleccionaba posters, letras de canciones, llaveros y todo cuanto hubiese de nuestro Rey.

Con mi hermana enloquecíamos comprando todas las revistas que se publicaban con su foto en la portada, grabando VHS con los programas musicales donde se presentaba, y cassettes de audio con las canciones que sonaban en la radio.

El primer concierto al que asistí fue en el año 1996 en el Auditorio Nacional, regalo de mi hermana, y aunque lo vi hasta arriba me sentí feliz.

A la fecha tengo todos sus discos originales y, la verdad, uno que otro pirata (por algunos problemas en mi economía), los que poco a poco he ido sustituyendo por oficiales.

En el año 2000, después de ahorrar durante mucho tiempo, pude comprar un boleto en las primeras filas y desde esa fecha no me lo pierdo, cada vez más cerca del escenario.

Como toda fan mi sueño era conocerlo y platicar con él, por eso decidí estudiar periodismo para poder entrevistarlo algún día. He cometido varias locuras con tal de verlo, como cuando era una estudiante y corría tras las camionetas que lo transportaban, llamaba sin descanso a los programas, cuidaba a mis sobrinitos para ahorrar dinero, hacía doble turnos de trabajo  y vendía productos por catálogo.

Por años mi familia y mis amigos me dijeron que estaba enferma, obsesionada y loca por Luis Miguel, nadie me entendía, hasta que me integré -hace poco- al club de fans Incondicionalmente Cómplices de Luis Miguel, y pude al fin platicar sin empachos, mas compartir experiencias fascinantes de nuestro ídolo.

Les cuento que hace dos años se me ocurrió montar un pequeño negocio de chocolatería, para reunir fondos para ir a sus conciertos, y se llama Chocolate Artesanal El beso del Sol. Aunque no ha sido fácil reunir el dinero en 2015 pude ir a 4 presentaciones en el coloso de reforma, el mejor lugar para disfrutar a Luis Miguel, ya que si estás en las codiciadas primeras filas puedes estrechar su mano y verle hasta las amígdalas. Por fortuna Micky suele presentarse en el mes de febrero y, como coincide con el mes de mi cumpleaños, siempre voy a celebrar con él.

Muchos factores me han hecho creer que nosotros tenemos una conexión muy especial, pues todo lo que me pasa, la gente que conozco, lo que veo, lo que oigo y hasta lo que como tiene que ver con Luis Miguel. En mi camino me he encontrado con su hermano Alex Basteri, algunos de sus músicos, Armando Manzanero, Estephanie Salas, Raúl Velazco y uno que otro colega periodista que me ha contado cómo era de niño nuestro Sol.

Mi momento soñado junto a él llegó en Noviembre de 2004 cuando Luis Miguel presentó en la ciudad de México su disco “México en la piel”, en el Museo Nacional de Arte. Supe demasiado tarde de este acontecimiento, por lo que no pude acudir, y esa noche tuve que conformarme con la entrevista que Javier Alatorre le hizo para el noticiero central en TV. Al día siguiente llegué a trabajar a Grupo Radio Centro, como todos los días, solo que esa semana me tocó el turno vespertino. Mi trabajo transcurría en una cabina, donde sólo entraba yo, editando los reportes de vialidad que los periodistas mandaban grabados vía telefónica. Dichos reportes del tráfico los mandaba al aire junto al anuncio del patrocinador, una compañía de teléfonos móviles muy famosa, los que salían cada 20 minutos. Debido a que el espacio publicitario en radio es muy caro, tenía que estar muy atenta y tener todo bajo control, pues por nada del mundo los podía obviar.

Volviendo a ese inolvidable día, noté que era una jornada fuera de lo común porque se respiraba un ambiente extraño, con poco movimiento y muy diferente al acostumbrado. En el edificio reinaba un silencio sepulcral, y al subir al segundo piso observé que había gente de seguridad que no era del lugar, situados en los pasillos y puertas de acceso a la cabina en donde el gran periodista, Jacobo Zabludovzky, transmitía su programa de radio a la una de la tarde.

Al saludar a la recepcionista le pregunté acerca de las extrañas personas que había visto pero adujo desconocerlas, entonces le pregunté a mi jefe de turno y me dijo: “Es que está Luis Miguel con Jacobo”. En ese momento mi corazón latió a mil por hora, las manos me sudaron y sentí un balde de agua fría derramado en mi cuerpo, no sabía si correr para verificar lo que me había dicho mi jefecito, o si llamaba por teléfono a la producción de Don Jacobo. Mientras sufría aquella disyuntiva me quedé paralizada cuando otro compañero expresó: “Tenemos prohibido salir siquiera al pasillo, así que a trabajar se ha dicho”.

Por supuesto que ante semejante suceso no acaté del todo la orden, y procedí a llamar a mi gran amigo de producción, el que rápidamente me confirmó la información… ¡Era cierto! Luis Miguel estaba a tan sólo unos cuantos metros de mí. Ingresé a mi cabina y comencé con el trabajo, pero mi mente solo pensaba en una sola cosa: encontrar la manera de toparme con él. Me quedaban cerca de 20 minutos para idear un plan, entonces se me ocurrió inventar una descompostura estomacal, y así dejé mi puesto de trabajo a un compañero que pasaba por allí -Gracias Rayito!

Pero ahí no quedó todo, debía superar otro reto que consistía en librarme del policía que custodiaba la puerta número 1. “Por favor -le decía-, necesito salir al baño, es una emergencia”, clamor al que respondía con un rotundo no, moviendo su cabeza. Regresé con mi jefe y le supliqué, con lágrimas en los ojos, que me dejara salir (qué bueno que tomé un curso de actuación), y parece que fui muy convincente porque me autorizó. Provista de aquel permiso regresé con el policía y le imploré, al mejor estilo de una protagonista de telenovela mexicana, que me dejara salir, pero mientras lo hacía alcé mi mirada y vi en el pasillo al amor de mi vida, sí, era el mismísimo Luis Miguel, provisto de un súper elegante traje negro, camisa blanca sin corbata, y esa sonrisa deslumbrante. Se dirigía hacia el elevador  y al llegar se detuvo a esperarlo, para ese entonces ya lo estaba llamando a todo pulmón, “Luismi, Luismi!” y ante tanto escándalo me escuchó, procediendo a voltearse hacia donde estaba, ¡atrás de una gran puerta de cristal! Observó la escena y de inmediato comprendió mi situación, así que le indicó a uno de sus custodios que esperara, pues no tomaría ese elevador por el momento. Entonces el instante mágico llegó, Luis Miguel caminó hacia mí y yo entré en desesperación por no poder atravesar esa puerta. Mientras avanzaba en mi dirección yo empujaba el cristal con todas mis fuerzas, por lo que aquel policía no tuvo otra opción que acceder a abrirla. Ya en libertad corrí a lanzarme a los brazos de Miky, lo besé en cada mejilla y le dije lo importante que era para mí su voz, su presencia y su existir. Él me dijo “Gracias, es un honor para mí”, lo abracé muy fuerte y sólo éramos él y yo en alguna parte de este mundo. No sé cuánto tiempo estuvimos abrazados, a mí me parecieron horas y les juro que, tocar su suave piel y embriagarme con su aroma, fue lo máximo que me ha pasado en la vida. Mirarme reflejada en sus ojos, regalarnos una sonrisa y sentir el calor de su cuerpo es un sentimiento y una sensación indescriptible. Los gritos de mis compañeras me regresaron a la tierra, las que estaban justo detrás de mí intentando tomarle de la mano, algo que muy pocas lograron porque en esos momentos me volví la mujer más egoísta del mundo, no pensaba ceder, era mío, solo mío.

Después de un ratito me miró y me dijo que tenía que irse, entonces sin poder decir nada dejé que me diera un beso más en la mejilla y se marchó. Me quedé paralizada frente al elevador como hipnotizada, tratando de digerir lo que me había pasado. De pronto me percaté de que nunca estuve sola con Luis Miguel en ese pasillo, pues del otro lado había algunos colegas representantes de las dos televisoras más importantes de México, Televisa y Tv Azteca, una reportera de la revista Tv Notas, y algunos periodistas más que no ubico.

Antes de regresar a mi santo lugar de trabajo llamé a mi mamá para contarle mi nueva aventura, y su respuesta me sorprendió porque ella ya lo sabía, pues había visto todo lo acontecido en el programa de espectáculos de Paty Chapoy, “Ventaneando”, y en el programa de Juan José Origel.

No pude ocultar mi sonrisa de oreja a oreja sintiéndome en las nubes, como si me hubiera sacado la lotería, por lo que mi jefe al descubrirla me preguntó: “¿Por qué tan contenta? Espero que esa sonrisa te dure mucho tiempo…”. A la siguiente semana me mandó a llamar y me anunció que era mi último día de trabajo, pues había cometido dos faltas graves, molestar a los artistas invitados y abandonar mi puesto de trabajo, lo que ocasionó que la empresa tuviera que pagar una multa por no transmitir los anuncios del patrocinador principal de la estación.

Un día antes de mi despido, un chico muy atento del departamento de sistemas me obsequió un CD con fotos de la visita de Luis Miguel a Radio Centro, esas fotos son el único recuerdo que tengo de ese día. Por desgracia no hay ni una sola foto mía con él, pero ese recuerdo lo llevo en mi mente y sobre todo en mi corazón.

He buscado sin éxito en Internet esa nota televisiva para que puedan constatar que ese encuentro fue real y, aunque tengo muchos testigos, me gustaría algún día recuperar esas imágenes. Espero dar con ella algún día y, por qué no, volver a coincidir con mi ‘Sol’ en el futuro.

Elsa 

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