Luis Miguel siente al escenario como su lugar en el mundo

Maria Eugenia Cabral
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Tanto la columna pasada como ésta, se transformaron en mi pasaporte para iniciar un viaje por mis recuerdos, esos que guardo celosamente en un rinconcito de mi alma. Cómo olvidar mis primeros pasos como fan de este gran artista, que desde sus comienzos demostró que había nacido para cantar y que tenía muy en claro hacia dónde quería ir.

El éxito no sólo le llegó por poseer una voz prodigiosa sino que trabajó fuerte para ello, sus apenas 12 años no le impidieron comprometerse con su carrera con un profesionalismo excelso. Dejó de lado lo que hace el común de los niños de su edad y entregó su vida completamente a la música, su pasión desde la cuna.

Ya he contado en mis primeros relatos como inicié mi camino de fan y no quiero ser reiterativa, pero sí quiero destacar algo que me quedó grabado en mi mente la primera vez que tuve la oportunidad de verlo en vivo; recuerdo que me apabulló su voz, su manera de pisar el escenario, su calidad interpretativa, su presencia, su elegancia y la ternura que abrigaba su mirada, esa que hasta el día de hoy nos quita la respiración.

No cabe dudas que encontró su lugar en el mundo, aquel donde se muestra tal cual es, donde deja aflorar sus sentimientos y se permite transmitirnos un mensaje valiéndose de sus canciones, priorizando siempre el amor y el romanticismo.

La historia que quiero compartirles en esta ocasión se remonta a los primeros años en la carrera de Luis Miguel y demuestra una vez más que nos cautivó a todas, de por vida, con un flechazo directo al corazón:

Mi nombre es Mariana Díaz, soy argentina, y hoy, 12 de marzo de 2013, debo hacer una gran confesión: cuando tenía 7 años escuchaba al grupo Parchís a pesar de que mi hermanita se empecinaba en mostrarme a un niño que cantaba “Directo al corazón”, el que no me parecía lindo, ya que a mí me gustaba Tino de aquel grupo del momento.

Luis Miguel se presentó un día en “Feliz domingo”, programa de TV que se emitía en mi país por aquel entonces, y les juro que me deslumbró, me dejó encantada, hasta me resulta difícil explicar

con palabras qué fue lo que me pasó. Era tan solo una niña que anteriormente no había reparado en ese pequeño de mirada tierna, pero que a partir de ese momento se había convertido en mi Príncipe Azul. Les cuento que en la actualidad tengo que soportar las bromas de mi hermana, la que me recuerda continuamente que ella lo vio primero. Soy feliz de ser su fan y de acompañarlo en toda su carrera.

En el año 1989 0 1990 -no recuerdo bien la fecha- mi mamá me compró una entrada para ir a ver al Rey en el Teatro Ópera, sito en Buenos Aires, y esperé con ansias que llegara ese día pero lamentablemente algo ocurrió y el concierto se suspendió, no se imaginan lo que lloré!

Por supuesto que no bajé nunca los brazos y jamás perdí las esperanzas de verlo en vivo, así que en diciembre de 1994, cuando se presentó en el estadio Luna Park con los boleros, mi madre me llevó a su encuentro. Fue una noche mágica, él estaba tan bello que mi mamá no podía dejar de decir “Qué bonito es el muchacho”.

Luego con mi hermana, tampoco recuerdo el año, nos acercamos al Hotel Sheraton para hacer guardia y lograr verlo. Esperamos por horas hasta que el sueño se hizo realidad: abrió la ventana del último piso y saludó, fue un momento muy feliz, tanta espera había valido la pena.

Hace 15 años atrás Luis Miguel vino al país, estaba en el mismo hotel que les conté anteriormente, en ese tiempo estaba casada y con mi bebé de meses, aunque mis responsabilidades eran otras sentía la necesidad de verlo. Por ende me enfrenté a un dilema ¿Me quedaba en casa o iba tras los pasos de Luis Miguel? Sin miedo a que me juzgaran de mala madre tomé a mi bebé -de 6 meses- y me fui al hotel con la intención de que la suerte me acompañara como aquella vez que fue inolvidable. Llegué al lugar y había un montón de chicas  en el parking, luego mi hijo se puso molesto –producto de los gritos de las fans- lo que me obligó a dar vueltas alrededor de la manzana del hotel para intentar que se calmara o se durmiera.

Cuando iba por detrás del hotel salieron 3 señores grandes y fornidos que recuerdo me dijeron: “Señora, espere por favor que sale una camioneta”, ahí fue cuando me di cuenta que era la salida de un estacionamiento subterráneo. Qué sorpresa fue constatar que el vehículo que salía era el de Miky e iba con la ventanilla  baja, fue  tan sólo un segundo lo que tardó en salir pero nuevamente fui inmensamente feliz. No me olvido que no me salían las palabras y que al llegar a casa le dije a mi marido: “¡Lo vi, lo vi!”

Creo que la seguridad del Rey nunca se imaginó que esta señora -aunque tenía 21 años- con un bebé en brazos era una fan más.

Mientras estuve casada lamentablemente nunca más pude ir a un concierto, luego se disolvió mi matrimonio y regresé a mi pueblo. Este último año con The Hits Tour tuve la dicha de viajar a Buenos Aires para reencontrarme con Luis Miguel en el estadio GEBA y lo viví al máximo.

Firmemente puedo decir que no me arrepiento de la decisión que tomé hace años cuando opté por ser su fan, porque hoy por hoy nada me da más orgullo.

Mariana Díaz

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