Ni el diluvio universal pudo entibiar el fuego del sol

Maria Eugenia Cabral
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13 de noviembre de 2012

El sábado 20 de octubre, luego de un sueño reparador, con mis compañeras de tour nos preparamos para ir en busca de mi hermana Carolina, quien también es fan y se animaba por primera vez a viajar a Buenos Aires para vivir un concierto en un lugar totalmente diferente al acostumbrado. Imagino que esto es consecuencia de haberle transmitido convincentemente lo bonito que se siente viajar en busca de la magia de Luis Miguel… mientras lo escribo no puedo evitar esbozar una sonrisa al recordar las palabras de algunas personitas que no comprenden esta hermosa manera de transitar esta pasión, quienes me han expresado a viva voz: “vos la llevas por mal camino” (cabe aclarar que esto lo dice un familiar de la afectada).  Y sí, en este preciso momento debo confesarles que he llevado a muchos fans por mal camino, porque los he incitado a cumplir sus sueños, esos que surgieron luego de que les relatara detalladamente los inolvidables momentos que viví en cada uno de mis viajes en busca de esa voz que te acaricia el alma.

Regresando a Buenos Aires, les cuento que la energía que se respira en los conciertos es única y una vez que tuviste la fortuna de experimentarla, ya no hay vuelta atrás, vas a querer repetirla siempre, se los digo con conocimiento de causa.

Esa mañana, que amaneció gris y un poco lluviosa, se vio aún más opacada por tener que despedir a nuestros amigos Cómplices de Perú, quienes partían de regreso a sus hogares luego de haber vivido unos días extraordinarios junto al Rey. Como anécdota, recuerdo a Luis Miguel cantando “Come fly with me” y en el fragmento que dice “Come fly with me, let’s float down to Peru” mirar a los chicos del club y con una amplia sonrisa señalar su bandera. Miky no se pierde detalle, siempre está atento a sus fans y dispuesto a regalarnos un momento especial, de esos que guardaras para siempre en tu corazón.

Así fue que con un nudo en la garganta despedí a estos fans tan valiosos como admirables, aunque debo admitir que el sinsabor de ese adiós no fue tan amargo porque nos agasajaron con chocolates peruanos, los que automáticamente funcionaron como un dulce mimo al alma.

Luego de buscar a mi hermana nos avocamos a recorrer, en busca de algunos regalitos tradicionales de Argentina, una de las calles más bonitas y representativas de la ciudad de Buenos Aires, Florida.

Después del almuerzo dimos comienzo al ritual, no hay nada más lindo que embellecerse pensando en que ese día podemos ser las afortunadas de una mirada provenientes de los ojos más tiernos y lindos de la humanidad.

Esta fue otra noche donde Luis Miguel demostró que su voz es dueña absoluta de una versatilidad incomparable, aquella capaz de imprimirle a cada canción diferentes matices, los que dulcemente nos conducen a un estado de éxtasis total.

Un capítulo aparte merece el Medley de Tangos, fragmento del show dedicado íntegramente a la música de mi país. Este era uno de los momentos que esperaba con más ansias, si de por sí solos los tangos son preciosos, en la voz de Luis Miguel se convierten en canciones perfectas, él les da el toque de perfección que les hacía falta.

Escucharlo cantar con tanto sentimiento cada una de estas letras tan profundas fue algo conmovedor, y aunque ese instante parecía insuperable, el toque especial se lo confirió el bandoneón, tan bien ejecutado, junto a una pareja de bailarines, quienes nos transmitieron en imágenes, al compás del dos por cuatro, la sensualidad de esta danza popular.

Si hubo un momento en el que Luis Miguel consiguió estremecerme y derretirme, fue aquel donde pude escucharlo pronunciar el “vos” que tanto nos caracteriza a los argentinos, en la letra del tango “Por una cabeza”. En su voz todo es tan tierno y seductor, que resulta imposible no caer rendida a sus pies instantáneamente.

A pesar de la lluvia de la mañana esa noche el cielo se cubrió de estrellas, las que se empeñaron en brillar intensamente pero ineludiblemente se vieron intimidadas por la presencia del Rey.

Finalizado el concierto y acobardas por lo que nos había pasado la víspera anterior, decidimos con mis amigas dirigirnos directamente a cenar a nuestro hogar temporario.

Aunque el domingo se presentó con un sol radiante y mucho calor en el ambiente, nosotras amanecimos un poquito tristes porque la serie de conciertos en GEBA llegaba a su fin, pero no tardamos en darnos ánimo mutuamente pensando en que aún teníamos muchos shows que vivir por delante.

Siguiendo nuestra tradición argentina, ese día almorzamos un rico asado a la parrilla con la familia de Anita Freijo. Al término de éste el tiempo hizo de las suyas y nos sorprendió, ya que el sol se

escondió para dejar paso a una lluviecita, la que se lució tímidamente pero con el correr de las horas tomó coraje y se convirtió en una torrencial cortina de agua.

Salimos hacia el estadio bajo un aguacero intenso, pero con la ilusión de que en algún momento nos diera algún respiro y decidiera dejarnos disfrutar del último concierto de la serie. Esa noche suspendimos todo tipo de reuniones sociales con los fans, algo que nos fascina hacer antes de los shows, y acordamos hacer tiempo en el auto, mientras pensábamos en algún conjuro mágico que pudiera funcionar para que dejara de llover. Nada de lo que hicimos fue efectivo, se ve que alma de brujas no tenemos, por lo que juntamos valentía y nos dirigimos al recinto.

De camino compramos nuestras capas impermeables, atuendo a ser utilizado en caso de fuerza mayor, ya que no podía hacerme a la idea de que iba a perder todo tipo de glamour frente a Luis Miguel.

Al ingresar a GEBA la lluvia se apiadó de nosotros y nos dio una tregua, razón que me llevó a atesorar una luz de esperanza de que el tiempo nos iba a acompañar durante el concierto.

Mientras esperaba que por fin el reloj diera las 21:30 hs, para dar comienzo a otra noche de celebraciones, me llamó la atención una vocecita con un acento muy particular que provenía de las cercanías y no me equivoqué, ella estaba a solo dos asientos de mí. Qué grata sorpresa descubrir que se trataba de mi querida y famosa amiga Peggy Conlin, de Venezuela. Por fin había llegado el momento de conocernos y era imposible que fuera en un lugar mejor! Nos fundimos en un fuerte abrazo cargado de emoción y tuvimos el honor de compartir este show juntas.

Cuando Luis Miguel irrumpió en el escenario, la lluvia no quiso ser menos protagonista y también salió a escena.  Al comienzo, nuevamente demostró tenernos un poquito de piedad y fue una llovizna intermitente que, al menos a mí, me permitió disfrutar del concierto sin la impresentable capa. Pero a eso de la mitad del show se ve que se sintió desplazada por la presencia de El Sol de México y no dudó en volver al ataque con todas sus fuerzas y ese chaparrón inocente se convirtió en un diluvio con rayos y centellas. Ese fue el preciso momento en que decidí que debía dejar la elegancia de lado para proteger mi salud y me convertí en una bolsa de plástico humana ¡Qué horror! Les juro que por más que intenté no pude sostener esta situación mucho tiempo ¡antes muerta que sencilla! por lo que cada vez que Luis Miguel se acercaba a cantar enfrente de mí me sacaba la capucha e intentaba divisarlo a través de la catarata de agua que caía del cielo.

La tormenta fue tan fuerte que, en una de las pausas entre canción y canción, dijo presente y se hizo escuchar, valiéndose de un espeluznante estruendo y de un rayo que se dibujó en el firmamento. Luis Miguel no pudo evitar exclamar “¡Wow!” ante semejante situación amenazante.

Pero esto no logró acobardarnos, algo a destacar es que el estadio estaba abarrotado de gente y que nadie dudó ni por un minuto retirarse a causa de la incesante lluvia. Lo vivimos como una

fiesta, el agua no fue capaz de arruinarnos el momento y Miky pudo sentirlo, estaba extasiado de ver al público híper mojado pero prendido fuego y feliz. El momento tierno de la noche fue aquel donde pidió al equipo que lo asiste que le acercaran toallas para lanzarlas al público.

Les cuento que en estos 30 años de ser su fan, este fue mi primer concierto bajo un diluvio, pero créanme que fue una gran experiencia, inolvidable y a pesar de que arruiné mis zapatos y mi abrigo, él hace que todo valga la pena y con creces.

La lluvia intentó llevarse el papel protagónico de la noche y terminó por ser una figura más del reparto. Al salir, todo el mundo habló de la espectacular performance de Luis Miguel, de su entrega, simpatía y nadie, pero absolutamente nadie, nombró a la molesta actriz de reparto.

Euge Cabral

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