Tú y yo… Un mismo amor

Maria Eugenia Cabral
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10 de enero de 2012                                                                                      

Hace algunos años llegó a mí, por casualidad, el relato de una niña muy especial, el cual acaparó mi atención y logró atraparme desde la primera hasta la última palabra. En él tuve la maravillosa oportunidad de conocer a Ingrid, una admirable fan de Colombia, la que se animó a traspasar fronteras en busca de su sueño.

Sus anécdotas en el Auditorio Nacional las viví como propia, por su manera particular de narrarlas, logrando sorprenderme y emocionarme hasta las lágrimas por los momentos mágicos de los que fue protagonista.

Mientras más avanzaba en la lectura de su historia, más me convencía de que cuando uno desea algo con todo el corazón, ese algo se hace realidad tarde o temprano. Saber que había podido concretar sus anhelos, y que Luis Miguel le había retribuido su cariño con múltiples detalles, era algo que me invitaba a seguir soñando y a admirarlo aún más de lo que ya lo hacía.

Es hermoso conocer las vivencias de otros fans que han podido interactuar con Miky, ya que esto no hace más que demostrarnos la calidad humana del artista, esa de la que tan orgullosos estamos.

Los invito a conocer la historia de Ingrid y Luis Miguel:

Yo no sabría decir cuándo sucedió, ni el cómo, ni el dónde exactamente, seguramente porque empezó con un simple acercamiento en la radio a través de un sonido de: “Palabra de honor oh oh oh oh oh” (ese es el primer recuerdo que tengo de su voz).

Luego lo empecé a escuchar más en la radio, y a pesar de que el tiempo pasaba y había otras cosas que me gustaban, siempre tenía su música.

Creo que lo que más me marcó fue el primer disco de “Romance” y luego el de “Aries”. Ambos

tenían algo peculiar, como todo lo de él, eran muy diferentes a lo comercial y sólo con los años me he dado cuenta del por qué ha sido puesto en mi camino. Para mí ha sido Dios quién me ha permitido conocerlo, para otros tal vez el destino, pero la verdad es que sin querer llegó a mi vida y sin saberlo se ha quedado y se quedará para siempre.

Ah! no faltará alguno que diga que nada es para siempre… no lo creo, el amor es para siempre.

Lo particular de esta historia es que las cosas han sido porque tienen que ser, considerando los obstáculos, inconvenientes y demás que se han presentado para poder llegar a ser una incondicional.

Primero, mi país no es como el de muchos otros que ya desde hace años tenían facilidades de ver y asistir a sus conciertos. Por acá él vino cuando era niño (y yo estaba en pañales, ni modo), luego alcanzó a venir para “Romance” y ya no volvió más hasta el 2004.

Así que bastante complejo era el tema, aún más si se cuenta con un segundo punto: yo no soy una persona de la capital, mi ciudad queda a cuatro horas de Bogotá.

Cuando ya tuve percepción de lo que quería, como era menor de edad, me encontré con muchos obstáculos: ¿quién me llevaría a verlo en días de colegio? ¿Dónde nos quedaríamos y demás?, definitivamente no fue fácil para mí.

También me perdí del concierto en el ’94, ya que tenía un viaje programado y definitivamente no lo pude aplazar, con todo el dolor de mi alma, y hasta el día de hoy no lo puedo olvidar.

Fue sólo hasta el 2004 cuando ya no dejé atravesar a nada ni a nadie más, lo pude ver al fin… la espera fue muy larga y dolorosa pero valió la pena. Fueron tantas las ganas de verlo otra vez, que organice todos los papeles y demás cuestiones para poder ir a México.

Quién lo dijera, es que ni ahora me lo puedo creer (insisto que mi aliado ha sido Dios, porque si no, no lo estaría ni contando). Salió todo derechito, increíble y ahora sí, como dice la canción, fueron “las locuras más divinas” y ¡qué viaje fue!

Pude conocer a mis entrañables amigas del alma (Olivia Hernández y Martha Codó) entre otros amigos cómplices. Pasar el tiempo con ellas ha dejado una huella en mi corazón, pero en aquel viaje también encontré aquello que hacía años necesitaba y que sólo había soñado: mirarlo largamente a los ojos, estrechar mi mano con la suya unos minutos, aunque para mí fue una eternidad. En ese auditorio éramos él y yo cantando “Si te vas”, y fue tanto que me lo dijo, que ya no lo quería dejar ir.

Le entregué regalitos a los que él me correspondió con su maravillosa sonrisa, también le dejé un pedacito de mi patria decorada en sus manos (una bandera con el nombre: Club “Eres tú de Colombia”).

Así he pasados los días con su recuerdo y espero poderlo estrechar entre mis brazos algún día no muy lejano, tengo fe que así será.

Hasta este punto, no he dicho su nombre porque para mí esta es una historia de amor, es un espacio que sólo poco podemos entender, así que quería mostrar un poco la cercanía que siento entre él y yo, sí entre Miky y yo.

Tanto ha sido el amor que siento por este hombre, que siempre hago lo que más puedo por hacérselo saber, si no puedo volar kilómetros para estar a su lado como yo quisiera. Hay asuntos que van más allá de mi alcance o que van en contra de mis responsabilidades y hay que saberlas combinar, no hay otra forma. De cualquier manera mi corazón siempre está ahí, así sea a través de todas las amigas LuisMigueleras que van a verle.

El inmenso cariño que siento me llevó a abrir un Fan Club, puesto que no era posible que Colombia no estuviera en la lista de prioridades y no tuviéramos aunque sea un pequeño espacio para compartir, no sólo con los de acá sino con todos ustedes.

No me queda más sino agradecerle inmensamente a Dios, a la vida y a mi familia (que bastante me han tenido y me tendrán que seguir teniendo paciencia jaja) por dejar que Miky llegara a mi vida y sentara bases en ella, lo que me ha hecho inmensamente feliz.

He encontrado una parte del motor de mi vida,  he aprendido, se ha consolidado mi amor por la música (ya mi guitarra tocaba y mi voz interpretaba sus canciones desde mi cuasi-adolescencia), y he conseguido incontables y maravillosas amistades. Todo ha pasado las fronteras en y de mi existencia, es un constante trascender, y aunque he intentado aquí explicarlo, es inefable.

Ah! una última confesión entre él y yo: te quiero Miky, siempre te querré.

Y entre ustedes y yo: gracias a todos y cada uno de los amigos que he conocido a través de estos

años, no voy a poner nombres porque no terminaría nunca, pero quiero que sepan que ocupan un lugar especial en mi corazón!

Ingrid Patiño Sabogal 

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