Tu mirada

Maria Eugenia Cabral
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3 de enero de 2012                                               

Hace algún tiempo, por casualidad, llegué a la página de Facebook de un Fan Club, el cual no había tenido aún oportunidad de conocer.

Me llamó poderosamente la atención, apreciar en algunas fotos, el que un grupo de chicas asistiera a un hospital llevando consigo una foto gigante de Luis Miguel y muchos artículos, de primera necesidad junto a regalos, para los niños que se encontraban internados. Doblemente orgullosa me sentí, en ese momento, al ver a fans de Luis Miguel unidas en su nombre y ayudando al prójimo.

Desde ese instante comencé a estar en contacto con Brittania, una niña muy especial de México D.F., dueña de un corazón gigante, que ama sin medida, y de una peculiar sensibilidad. Creo que todos los fans de Luis Miguel contamos con esta característica, es algo que aprendimos de él. Somos de experimentar las situaciones de una manera diferente al resto de las personas, ya que lo hacemos empleando todos nuestros sentidos. Primero escuchamos a nuestro corazón y luego analizamos con nuestra razón.

Bri, como me gusta llamarla, tiene muchas anécdotas que contar, así que no me explayaré demasiado. Los dejo deleitarse con su preciosa historia:

Todo comenzó en el año 1988 cuando tenía tan sólo 10 años de edad, (en ese tiempo aún jugaba con mis muñecas) y los hombres no eran algo importante en mi vida. Era el año en el que la incondicional sonaba por todos lados y la mayoría de los hombres traían sus Ray-Ban, sintiéndose el mismísimo Luis Miguel.

Salí de viaje con mi familia, fuimos a Veracruz, en ese entonces se usaban las grabadoras y mi hermano llevaba una, casualmente el único cassette que llevaba era “Un hombre busca a una mujer”. Por lo tanto no se escuchó nada más durante todo el viaje, ni siquiera hicieron el intento de comprar más cassettes, creo que todos estábamos más que felices escuchando una y otra vez la música de Luis Miguel.

De regreso a casa, en el autobús, recuerdo que le pedí a mi hermano que me prestara la portada del cassette, y estuve admirando la belleza de ese hombre que me había robado el aliento durante todo el camino.

Volví a casa sintiendo algo sumamente especial por aquel de la portada, me sentía rara porque nunca había sentido algo así por nadie!

Jamás imaginé que 24 años después estaría aquí hablando de él y que ese sentimiento, que nació cuando era una niña, perduraría toda mi vida, y digo toda mi vida, porque sé con seguridad que él estará presente en mí hasta mi último aliento.

Desde ese momento mis días han estado llenos de aventuras, de momentos increíbles, mil y una anécdotas con las que puedo escribir por horas.

Pasaron casi 4 años para que pudiera verlo por primera vez, y desde ese entonces ya se me catalogaba como loca. Juntaba todos y cada uno de los recortes de revistas (en cualquier lugar que dijera su nombre estaban mis tijeras recortando) con los que realicé un álbum lleno de sus fotos que aún conservo. Nada me decía que podría verlo en algún momento de mi vida, ya que no contaba con el apoyo de alguien para realizar mi sueño.

De pronto los medios empezaron a anunciar la próxima venta de boletos para la gira “Aries”, Luis Miguel estaría en el Auditorio Nacional!!

Ahora sí, nadie arruinaría mis planes. Surgió una oportunidad de entrar a trabajar como edecán a mis 14 años de edad y la tomé. Comencé a ahorrar todo lo que ganaba para poder comprarme el tan ansiado boleto a la felicidad.

Por fin fui a las taquillas y compré mi entrada, mis ahorros me alcanzaron para regalarle una entrada a mi madre, así que iríamos las dos a ver al Rey!!

Fueron 2 meses eternos pero por fin había llegado el día. Recuerdo que semanas antes compré ropa y zapatos (pasaba horas en el espejo viéndome con la ropa nueva, ja ja, como si Luis Miguel fuera a verme).

En fin, llego el tan ansiado día, moría de nervios. No está de más contar que en ese entonces logré hacerme novia del chico más popular de la colonia, famoso entre las niñas por “parecerse” a Luis

Miguel. Era rubio de ojos verdes, tenía un aire a Luis Miguel que a mí me encantaba.

Ese día, para pasar más rápido el tiempo, salí con él a un partido de fútbol, y me tenía que ocurrir la peor pesadilla de toda mujer, que se quiere ver hermosa el día más esperado de su vida. Iba corriendo y pisé un balón de fútbol, lo cual ocasionó que cayera al piso como tabla, ni las manos pude meter. Literalmente vi estrellitas, fue horrible! Cuando llegué a casa y me miré al espejo, mi cara había cambiado de color, era morada!! Y mi nariz estaba al triple de su ancho, sentí que me moría. Me pusieron clara de huevo para aminorar la hinchazón y tuve que asistir al concierto con cara de monstruo.

Pero ahí estuve y fue una de las noches más hermosas de mi vida, porque no podía creer que Luis Miguel y yo estábamos en el mismo lugar.

En esa misma gira se presentó en el restaurant Arroyo. Le rogué a mi papá que me comprara un boleto porque, como era cena show, no estaba dentro de mis posibilidades adquirirlo. Por fin me hizo el regalo más ansiado, tenía el boleto en mi mano, esa ocasión fue la primera vez que Luis Miguel y yo tuvimos un contacto visual y me saludó.

Les cuento cómo! Me acuerdo y muero de risa. Los lugares no eran los mejores (de hecho estábamos hasta el final del salón), cuando entré observé que habían unas ventanas enormes que cubrían todo el salón incluyendo el escenario, pero teníamos que atravesar un jardín con arbustos para llegar a ellas. Como cada noche que asisto a ver a mi Rey trato de ir lo mejor presentable posible, me puse una minifalda, medias y tacones. Increíble pero cierto, ya que yo no acostumbro a vestir así. Iba con una amiga y, cuando el show comenzó, no dudamos ni un segundo en ir a aquellas ventanas donde estaban los meseros viendo el concierto. Allí había una pequeña cornisa y les pedí que me ayudaran a subir, con todo y minifalda, creo que la que les dio el show a los meseros fui yo ja ja… ¡pero no me importó! Me subí y sólo me separaba de Micky la ventana. Comencé a hacerle señas y se acercó y me saludó. Nunca olvidaré esa primera vez, fue maravillosa.

Hay muchísimas anécdotas que contar, ya que él siempre ha estado presente en mi vida, pero quiero resaltar las más importantes.

En el año 1992 ya tenía un álbum enorme con todos sus recortes y mi hermano trabajaba en una tienda llamada Tower Records, algo así como Mix Up, donde se vendían todos los discos de moda y en ese entonces lo más nuevo eran los laser disc, algo así como un CD del tamaño de un LP.

Una tarde llegó mi hermano a la casa y me dijo: “¿Quién crees que fue hoy a la tienda?” sentí que la sangre se me bajó a los pies, sabía que era lo que escucharía, efectivamente Luis Miguel había ido al lugar. Les contaré lo que mi hermano me relató: “Llegó Luis Miguel y estuvo viendo todos los láser disc, tomó un bonche de ellos, y los puso en el mostrador, me dijo que por favor se los guardara que regresaría al otro día porque no contaba en ese momento con dinero” yo le dije ¿qué? ¡Estás loco, eso no puede ser! A lo que respondió: “Bueno, no me creas”.
Pasé toda la tarde rogándole que me llevara a su trabajo, le insistí un millón de veces hasta hartarlo (todavía no sabía andar sola en la calle), nunca lo había hecho. Mi hermano me dijo: “¿En verdad crees que va a regresar? ¡Claro que no! Además no te puedo tener todo el día ahí en mi trabajo, me van a regañar, y tú no debes faltar a la escuela, así que olvídalo” Lloré toda la noche y al otro día, antes de irme a la escuela, le pedí de favor que se llevara mi álbum de fotos, como decimos en México, por si las moscas. Le dije: “Por favor dile que lo vea, que lo admiro muchísimo y que me lo firme”.

Me fui a la escuela sintiéndome muy mal porque estaba la posibilidad de que en realidad volviera, y yo no estaría ahí. Cuando llegó mi hermano del trabajo me entregó mi álbum sin decirme nada, lo abrí y ahí estaba su firma diciendo: Besos Brittania!!! Lloré y lloré por horas.
La cosa estuvo así: efectivamente Luis Miguel volvió a la tienda (dice mi hermano que lo vio llegar y tomar un láser de Cri-Cri y que comenzó a cantar “Los tres cochinitos”) ¡no me lo imagino!

Considero a mi hermano el ser más afortunado del planeta por tener esa anécdota en su vida. Mientras él dudaba y moría de pena en sacar el álbum, su compasión por mí hizo que finalmente lo sacara y le dijera a Luis Miguel: “Mi hermana te admira mucho y me pidió que te mostrara esto para que se lo firmes, por favor”.

Luis Miguel tomó el cuaderno y comenzó a verlo (dice mi hermano que sonreía mucho), no sé qué habrá pasado por su mente, pero finalmente lo firmó.

Ahora es uno de mis más grandes tesoros y no pierdo la fe en que algún día me lo dará a mí, no a través de terceros.

Y así han pasado los años, una anécdota tras otra, no terminaría nunca de escribir.

Hace 5 años decidí junto con unas amigas hacer un club de fans llamado “Tu mirada“. Lo que significa la canción para las fans y lo representativo de la mirada de Luis Miguel, fue lo que nos hizo llamarlo así.

Es uno de mis más grandes tesoros, un sueño cumplido, ya que reúne a las personas que quiero y que comparten el mismo amor por Luis Miguel que yo. Además de que nos caracterizamos por hacer obras de beneficencia, que es algo que a mí me apasiona muchísimo, pero principalmente hemos recorrido muchos lugares siguiendo al Rey compartiendo emociones, alegrías, viajes y cosas que siempre llevare en mi corazón.

Soy feliz de ser fan del Rey, y así será el resto de mi vida.

Agradezco infinitamente a María Eugenia Cabral por darme la oportunidad de escribir, de contar un poco de mi historia, pero principalmente por haberla conocido (todavía no lo hago en persona), pero sé que no está muy lejano el día en que pueda darle un abrazo enorme y en el que pueda compartir con ella una noche especial al lado de Luis Miguel. Así será…

Brittania Méndez 

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