La Moisés del Auditorio Nacional (Parte II)

Maria Eugenia Cabral
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9 de agosto de 2011

¿Dónde habíamos quedado? ¡Ah! en el tierno abrazo y en el susurro de unas tiernas palabras al oído por parte de ambos. Procedo a contarles el diálogo: dulcemente Miky le agradeció el que Martha estuviera presente en Las Vegas, le hizo saber que estaba muy feliz por ello y por si esto fuera poco, agregó que la quería mucho. Ella respondió que no podía faltar a los últimos conciertos de la gira y que lo adoraba (les recuerdo que todo esto acontecía mientras Marthita yacía en los brazos de Miky). Cabe aclarar que él estaba al tanto de quién era, prueba de ello fue su comentario a alguien cercano: “Ella es la fan de los 30 conciertos”.

A estas alturas, el lugar estaba desbordado de personas y por ende, a los guardias se les estaba complicando demasiado el trabajo, razón que los llevó a despedirse con un “hasta mañana”. Martha fue la invitada de honor, en la velada del show, al día siguiente.

La otra vivencia imposible de olvidar se produjo en Lima, Perú, cuando viajó a compartir el concierto con los fans de este país, que son entrañables amigos. Había intenciones, por parte de la gente de Luis Miguel, de propiciar un encuentro con el fan club, pero como los tiempos muchas veces son tiranos no pudo concretarse, puesto que Miky arribaba ese día del concierto y volaba nuevamente después del mismo.

Al ver su gente que los fans estaban muy apenados, por esta situación que escapaba de sus manos, decidieron plantearles la posibilidad de ver a Luis Miguel en el aeropuerto luego del show.

Así fue como la secretaria del manager busco a la presidenta y vice del fan club (Imelda y Lucy), antes de que finalizara el concierto, escoltándolas hasta una van (camioneta), para que partieran con la comitiva de Miky hacia el avión. Marthita fue la encargada de llevar al resto de las personas del fan club hacia allá, y luego de observar lo acontecido, se dispuso a salir del lugar, jalando a la mayor cantidad de personas posible. Es que no había tiempo que perder, ya sabemos que Miky sale del concierto y hay una patrulla abriéndole camino, con lo cual llega en un santiamén a su destino.

Nuestra amiga debía tomarse un taxi con la consecuente dificultad de que no sería tarea sencilla llegar a tiempo, pero había que lograrlo a como dé lugar. Atravesaron corriendo, con sus enormes tacones, el predio de césped del recinto, sin medir las consecuencias que podían surgir de perder el equilibrio cuando los tacos se hunden en la tierra. Por supuesto que esto no las detuvo, cuando la adrenalina invade nuestro cuerpo, la razón y la cordura quedan al margen, y las locuras más lindas se apoderan de nuestros actos. 

Con el último aliento, al subirse como desbocadas al taxi, le dijeron al chofer que las llevara lo más rápido posible al aeropuerto.

Este señor, a mi entender,  tiene ganado el cielo y les diré el por qué. Lo influenciaron tanto con las súplicas sus pasajeras, que rebasó autos, se pasó semáforos en rojo, y todo esto motivado por dos excelentes excusas: un dinero extra que le habían ofrecido por llegar a tiempo a la meta y la genial idea de Marthita (no se le pudo ocurrir nada mejor) de sacar un pañuelo blanco por la ventanilla y gritar la frase que le despejaría el camino: “Abran paso, mujer embarazada”. En nombre del cariño todo está permitido ¿no es así?.

Llegando al lugar se desplomaron del auto y corrieron hasta los alrededores de la pista, ya que las camionetas habían ingresado y estaban a metros del avión. Allí les tocó vivir una ansiosa e interminable espera.

En la pista se vivían momentos de tensión, ya que el manager sostenía una tirante charla con la gente del aeropuerto, que no autorizaban a ingresar a los fans que esperaban su anhelado encuentro. Por más que se insistió en el asunto, no hubo caso, las reglas estaban para ser cumplidas y por más compromiso, palabra, que se hubiera concedido nada haría cambiar la decisión del personal aeroportuario.

La presidenta y vice del fan club sí estaban con Luis Miguel, y con el llanto a flor de piel (mezcla de emoción y tristeza) intentaban expresarle su preocupación y desconsuelo por no poder cumplir con la promesa realizada a los miembros del club. Es más, Lucy no pudo contenerse y estalló en un llanto desgarrador, a lo que Luis Miguel respondió con un fuerte abrazo y pidiéndole que se calmara (internamente creía que ella lloraba de emoción fruto del momento). Lucy al percatarse de ello, lo miró a los ojos y le expresó (casi enojada) que su llanto se debía a que su fan club se encontraba allá afuera deseando esa cita con él y todo indicaba que no se llevaría a cabo.

Mientras todo esto ocurría, Martha y los fans, no perdían de vista desde la lejanía, al manager con la señorita  del aeropuerto que meneaba su cabeza, constantemente de izquierda a derecha, matándoles la ilusión de sus vidas. La situación parecía no tener final feliz cuando el manager se dispone a subir al avión y se acerca a Luis Miguel transmitiéndole la peor noticia: no había logrado obtener el permiso y le aconsejaba asomarse desde la puerta de la aeronave, y al menos saludarlos con un movimiento de su mano.  ¿Cuál fue la respuesta del Rey? la siguiente: “No, yo quiero saludarlos de mano, preparen todo, me traslado hacia el lugar donde se encuentran apostados”. ¿Leyeron bien? Él dijo: “quiero saludarlos de mano”,  ese es nuestro Luis Miguel, no el que inventan los medios. Aún hoy me gana la emoción al recordar y revivir en las palabras de sus protagonistas esta inolvidable historia.

Luego, los fans vieron bajar del avión a varias personas sin lograr divisarlas, y para su sorpresa, acto siguiente, ven retroceder la van hacia su dirección. Traten de imaginar sus caras al ver descender a Luis Miguel y dirigirse hacia ellos (venía acompañado por sus guardias y por las chicas del club). Martha cuenta que estaban uno al lado del otro en las vallas, y que Miky saludo de mano y beso a cada uno. Muchas no pudieron contener sus lágrimas de emoción en agradecimiento a tan bello gesto y él no dejó de consolarlas con un “ya no llores mi reina” seguido de una caricia en sus mejillas para borrar la humedad en sus rostros.

Martha es protagonista en su vida como fan, de innumerables situaciones mágicas y soñadas al lado de nuestro Sol, por lo que podría continuar indefinidamente esta columna.

Quiero agradecerle, en nombre de todos los fans, el compartir sus valiosos relatos con nosotros, por demostrarnos con hechos concretos que los sueños se cumplen cuando uno los desea con todas sus fuerzas. Por ser una anfitriona de lujo en el Auditorio Nacional, por pensar en los demás, a la hora de ayudar a otros fans para que lleguen a Luis Miguel, haciendo uso para ello de los privilegios que ha sabido ganarse en dicho lugar (no nos olvidemos que sólo a ella los guardias le permiten pasar hacia el frente en ciertas ocasiones, y Martha acude a ello para lograr permisos especiales para otros fans).

Y en especial, un gracias inmenso e infinito a Luis Miguel por demostrar constantemente que ama a sus fans, por su entrega, por ser como es: un ser único y especial. 

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