10.000 kilómetros para rendirme a los pies de tu arte (Parte VI)

Maria Eugenia Cabral
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Con nostalgia comienzo a escribir el último relato que dará por concluida mis vivencias junto a Luis Miguel el pasado mes de noviembre de 2018 en Ciudad de México.

El sábado 17 se hizo presente cargado de una melancolía insostenible, pues traía consigo la difícil tarea de tener que despedirnos de quien nos había motivado a romper esquemas en la cotidianidad con tal de nutrirnos de su voz, su magia y su talento. Con un nudo en la garganta comencé a organizar mi equipaje mientras mis amigas compraban algunos recuerdos, sin poder creer que aquellos días habían pasado tan de prisa. Nunca es fácil estar preparada para decirle adiós a quien quiero y necesito tanto, pero la esperanza de verlo en Argentina en apenas unos meses me fortaleció bastante.

Pasado el mediodía nos reunimos para almorzar con un entrañable amigo, el que siempre nos consiente con su cariño y la oportunidad de descubrir diferentes platillos típicos de México. En tan bella compañía y con tan rico banquete el tiempo se esfumó, y había que retornar al hogar para ocuparnos de los preparativos del quinto y último concierto al que asistiríamos. 

De camino hice un stop para acercarle un obsequio a Luis Miguel, pues ya saben que adoro consentirlo, y en esta ocasión quise agasajarlo con accesorios de vestir confeccionados con materia prima Argentina, los que dejé en manos de su staff.

Llevaba unos días con la intención de asistir al concierto con rosas para entregárselas a ‘El Rey’, ya que le fascina recibir estos lindos detalles por parte de sus fans, pero había que pensar en algo pequeño que se pudiese ocultar, ya que no debíamos ser descubiertos por la seguridad del recinto. Lizbeth se encargó de comprarlas y prepararlas para la ocasión, en lo personal opté por llevar 3 rosas blancas, Anita se decidió por una blanca y una roja, y Liz por 2 rojas. Así fue como partimos hacia el Auditorio Nacional dispuestas a disfrutar al máximo nuestra última cita con Luis Miguel.

Había que apresurarse porque pactamos encontrarnos con Mony y Jaime en las escalinatas del coloso de Reforma para gozar de un fugaz encuentro con el único fin de abrazarnos. Supongo que recordarán a mis amigos por su famoso encuentro con Luis Miguel en un parque de atracciones de Acapulco el año pasado, cuya fotografía se hizo viral en cuestión de minutos. Fue muy emocionante volver a verlos, pues son personas muy especiales a quienes quiero muchísimo.

Debo confesar que no fue una misión fácil ingresar con las rosas porque había que esconderlas sin ocasionarles daño, así que procedimos a disimularlas ocultándolas en nuestro vestuario. Con miedo a ser descubierta (mis gestos siempre me delatan porque en la vida me manejo sin transgredir las reglas) pasé el control sin problema alguno, pero con una cara de susto que ni les cuento. En el interior del recinto, como lo hice cada noche, aproveché para compartir un tiempito con fans de México y de otras nacionalidades.

Los primeros acordes del inicio del concierto estrujaron mi alma, comencé a transitar un viaje por las emociones en el que no pude contener las lágrimas. No hace falta ser vidente para imaginar lo que muchos estarán pensando, pues juzgarán mi sentir habiendo tenido la fortuna de compartir cinco conciertos con él, se supone que debía estar más que feliz y agradecida y créanme que lo estaba, pero es tan fuerte el cariño que me une a Luis Miguel que jamás será suficiente el tiempo que transcurrimos juntos. Pero ineludiblemente debía enfrentar la realidad así que me predispuse a disfrutar al máximo de su voz y su esencia.

Necesitábamos encontrar el momento adecuado para hacer entrega de las rosas que le habíamos llevado con tanta ilusión, y éste llegó recién sobre la última parte del concierto cuando comenzaron a sonar los Up-tempos de los ‘90. Siempre acompañada de la bandera argentina y mis compañeras de aventuras corrí hacia los pies del escenario cuando el público logró doblegar la barrera de seguridad para disfrutar a un Luis Miguel que aprovecha especialmente esta parte del concierto para interactuar con nosotros. Anita fue la precursora en dicha entrega, puesto que Luis Miguel la descubrió primero en aquella marea humana que trataba de saludarlo, luego vino hacia mí y con un fuerte apretón de manos recibió las mías, y por último se dirigió a Liz para dejarse consentir con las de ella. Aquí haré una pausa para agradecerle a Karla de Monterrey, quien veía por primera vez a ‘El Sol’ en el Coloso de Reforma, la gentileza de compartirme el video con las imágenes del momento que acabo de relatarles.

Como Miky optó por quedarse  cantando allí por unos segundos aproveché para tomar de mi bolso el teléfono móvil, una verdadera hazaña cuando la multitud ejercía una fuerte presión que imposibilitaba los movimientos, para captar aquella emocionante escena en la que podíamos verlo provisto de las rosas que con tanto cariño le habíamos llevado.

Con la dicha de aquel instante sentí que nos habíamos despedido, ya podía regresar a casa con la plena satisfacción de haber vivido momentos entrañables e inolvidables que guardaría por siempre en el baúl de mis mejores recuerdos. Pero no sabía que el destino le tenía reservado un regalo más a mi corazón sobre el final del concierto cuando de nueva cuenta llegó el momento de la entrega de rosas, esta vez por parte del anfitrión de la velada. Comenzó obsequiando las flores por su derecha, posteriormente se dirigió hacia el centro del escenario y luego a su izquierda, sector en el que yacía aplastada cual sardina en su embalaje. Coincidirán conmigo, aquellos que han intentado obtener este preciado tesoro, al admitir que se torna una verdadera travesía batallar con la desesperación de un público que está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias con tal de lograrlo. No hay que perder el equilibro en las estampidas que se producen, hay que tratar de salir ilesos de ese fuerte combate, y si el premio es la concreción de nuestro sueño habremos librado la batalla sintiéndonos uno de los dichosos ganadores de la noche. Cuando vi que se detuvo en mi dirección y solicitó otro ramo de rosas levanté lo más alto posible mis manos e intenté hacer contacto visual, sabiendo que era poco probable que pudiese verme inmersa en aquella multitud. Creo que fue una buena táctica sostener continuamente la bandera argentina, porque al acercarse pudo divisarme al instante. Cuando en sus ojos claramente pude ver que sería bendecida otra noche con una de sus rosas fui la mujer más feliz del mundo, y mucho más cuando se preocupó en asegurarse que la recibiría. Resultó ser que al inclinarse para entregármela en propia mano muchas otras quisieron arrebatársela, momento en el que deseé contar con más altura para no correr el riesgo de perderla, pero al ver que no iba a lograrlo Miky procedió a retroceder para intentarlo nuevamente luego de unos segundos. Sabía que no se iba a rendir hasta conseguirlo, pues vi con mis propios ojos cuántas veces lo hizo con otros fans, y es sin dudas una de las tantas cualidades que lo hacen único entre sus pares. Así fue como el segundo intento dio sus frutos y, luego de tomar muy fuerte aquella rosa, decidí exiliarme del tumulto para darle paso a otros fans deseosos de recibir aquel regalo. A un par de metros de aquella multitud me dediqué a grabar su imagen en mis retinas con la esperanza de que pudiera paliar la ausencia de los próximos meses, mientras sostenía muy emocionada aquella rosa y me perdía en la frescura de su aroma. La parte más complicada de la noche se presentó cuando Miky comenzó a despedirse, indefectiblemente había llegado el momento de decir adiós y no podía hacer nada para revertir su partida. Hacia mis adentros lo despedí con todo el cariño, admiración y agradecimiento por lo vivido aquellos días, con la promesa de volver a recibirlo muy pronto en mi país.

La jornada finalizó de la mejor manera en un restaurante que solemos frecuentar en las inmediaciones del Auditorio Nacional, en compañía de las anfitrionas del lugar y muchas fans provenientes de Argentina, Costa Rica  y Chile. La entretenida plática se extendió hasta entrada la madrugada, la que amenizamos con una rica cena, canciones de ‘El Sol’ coreadas al unísono y a viva voz, y exquisitos tragos que nos invitaron a brindar por Luis Miguel y el reencuentro. Disfrutamos y nos divertimos de principio a fin, pues algunas no podíamos parar de reír ante las  ocurrencias de unas cuantas amigas que dejaban al descubierto su pobre cultura alcohólica.

 Aunque anhelé que no llegara el momento de la despedida final el reloj se encargó de darme la triste noticia, así que decidí eternizar aquel instante con una bella sesión de fotos. Luego emprendimos el regreso para intentar descansar un par de horas antes de dirigirnos al aeropuerto cerca del mediodía.

Amanecí llena de nostalgia con unas incontrolables ganas de quedarme por tiempo indeterminado en ese país que amo tanto, y que tiene la suerte de cobijar a Luis Miguel durante un periodo prolongado. Pero todavía faltaba un último momento difícil de transitar, decirle adiós a mi querida amiga Lizbeth, agradecerle por su cariño y atenciones, instante en el que ya no pude contener las lágrimas.

Abordé el avión con la promesa de regresar muy pronto si Dios me lo permite, y les juro que trabajaré arduamente para conseguirlo.

Gracias mi México lindo y querido, ¡Te llevo en el corazón!

Antes de finalizar quería comentarles que coincidentemente termino de compartirles mis vivencias en tierras aztecas el mismo día en que recibo a Luis Miguel en mi ciudad, por lo que muy emocionada les cuento que solo me separan algunas horas de encontrarme nuevamente con la mirada que me hace sentir esa niña que tiembla ante su imponente presencia. Prometo cronicar muy pronto todo lo que viviremos con Luis Miguel en mi querida Argentina, estén más que pendientes de la columna.

Euge Cabral

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