Luis Miguel… mis ojos en la niebla

Euge Cabral
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¡Que alguien me pellizque por favor! Estoy a punto de tipear que faltan apenas 3 días para la salida de ‘El Sol’ más esperada de este 2014 y me parece un sueño.

Por estas horas nuestro cielo le ha dado paso al crepúsculo matutino, esa antesala perfecta en que la luz del amanecer nos anuncia la inminente entrada triunfal de la estrella más brillante. Así nos sentimos, al alba, esperando a ‘El Sol’ para recibir su luz y calor, deseando que alcance el cenit para que sus rayos abracen nuestra alma.

En este largo período fantaseamos innumerables veces con este regreso… lo imaginamos cantando canciones que hace mucho que no interpreta -algunos más osados jugaron con la posibilidad de algún tema inédito-, o dándole un toque de color a su vestuario como en la época del Tour ‘México en la Piel’ o de ‘Nada es igual’, especulaciones que se originan en el deseo, porque todo es un gran misterio alrededor de Luis Miguel. ¡Y qué bueno que así sea! porque a pesar de que la intriga nos consume, su única finalidad es sorprendernos y créanme que siempre lo consigue, ya sea con algún cambio en el repertorio, un sensual paso de baile improvisado, una nueva dinámica interactiva, o con unas tiernas palabras sentidas en su speech.

Luis Miguel se preocupa y se ocupa personalmente de cada detalle del concierto, y es quien decide el repertorio con el que nos agasajará.

Absolutamente todos quieren saber los pormenores de su vuelta, y ante la poca información, los rumores están a la orden del día. Algunos aseguran que un nuevo sencillo está a horas de estrenarse y por ende, la pregunta del millón tiene que ver con el supuesto nuevo disco, cuyo género y fecha de lanzamiento se desconocen. Nada se sabe a ciencia cierta, lo único concreto y palpable es que tendremos a Luis Miguel nuevamente brillando en los escenarios como sólo él sabe hacerlo.

Sus fans vamos a estar acompañándolo a la distancia, desde diferentes puntos cardinales, demostrándole nuestro cariño y apoyo a través de esta herramienta tecnológica tan útil llamada Internet.

El 13 de septiembre fue declarado “Día de Luis Miguel” en la ciudad de Las Vegas, motivo que nos invita a celebrar este día tan importante por segundo año consecutivo, y lo haremos el próximo sábado con una convocatoria multitudinaria en la red social Twitter.

Y mientras esperamos que salga ‘El Sol’, quiero invitarlos a conocer a una fan muy especial para mí por el cariño que me une a ella. En esta ocasión serán testigos de una historia de vida intensa, opacada en sus comienzos por algunas situaciones en las que Luis Miguel ha sido un pilar fundamental para superarlas. Los dejo en muy buena compañía:

Mi nombre es Solange Felipe, tengo 41 años, vivo en Sao Paulo –Brasil- y desde niña soy una apasionada por Luis Miguel. Me gusta leer ‘Diario de una fan’, de mi querida Euge Cabral y, a pesar que solo soy una amiga virtual -aún no la conozco en persona-, me gustaría decirles que ella se convirtió en una persona muy importante en mi vida, porque si no fuera por Euge nunca habría abierto mi corazón, y principalmente mi alma, para revivir momentos que me han marcado en estos 32 años como fan de nuestro ‘Rey Sol’. Si Dios quiere en octubre la conoceré, y mientras llega ese momento les contaré un poquito de mi historia.

Con tan solo 9 años comenzaron mis vivencias con Luis Miguel, más precisamente en 1982, cuando Mariloyde -amiga de mi mamá a quien bauticé mi hada madrina- regresó de uno de sus viajes desde Argentina con un regalo muy especial para mí. Siempre traía muchos regalos riquísimos para toda la familia como quesos gigantes, aceitunas maravillosas y lo que más me gustaba… los alfajores argentinos ¡No había nada más delicioso en el mundo! Pero esa vez, además de este obsequio, trajo algo aún más delicioso, un regalo muy especial que signó mi vida como fan de Luis Miguel: un vinilo de un niño con rostro de príncipe, ojos verdes brillantes y una boca dibujada por Dios. Sí, Dios no economizó en los ingredientes para crear una de sus obras más perfectas sobre la faz de la tierra, bautizada bajo el nombre Luis Miguel Gallego Basteri o simplemente Luis Miguel.

Vivía en Rio do Sul, ciudad del interior de Santa Catarina, cuando me enamoré de aquel niño de la portada del vinilo antes de escuchar su voz. Luego, cuando mi mamá puso el disco en su vitrola roja, se despertó en mí una pasión inocente, la cual no imaginé se quedaría conmigo para siempre.

Su música era muy linda pero no entendía nada de lo que cantaba, y por ello surgieron muchas incógnitas: ¿Qué lengua era esa? ¿Qué quería decir en cada canción? ¡Yo no tenía la menor idea!

El disco era todo en español -una lengua que hasta entonces era extraña para mí- pero no importaba si no entendía, pues solo bastaba con oír su dulce voz, llena de melodía, para que mis sentimientos fuesen conducidos a lugares inexistentes en la tierra, sensación que prevalece luego de 32 años.

Poco tiempo después, en ese mismo año para mi suerte, Luis Miguel vino a Brasil y grabó un disco con dos canciones en portugués, una de ellas fue “Un mais um=Dois apaixonados“, versión de “1+1=2 enamorados“,  la que alcanzó el primer lugar en las radios de mi ciudad, y la otra fue “O que eu gosto“, versión de “Lo que me gusta“, ambas de su primer disco “Un sol“. Escucharlo interpretar en mi lengua y entender lo que estaba cantando me dejó aún más enamorada de aquel talentoso niño con voz de ángel.

Al año siguiente, en 1983, Luis Miguel graba 10 nuevas versiones en portugués de sus canciones y lanza en Brasil su álbum “Decídete“, en español, que aquí se llamó solo ‘Luis Miguel’. De aquí en adelante él grabó algunas canciones más en mi idioma, para el delirio de nosotras las fans brasileras, y participó de programas de TV, como los recordados programas “Cassino do Chacrinha”, “Clube do Bolinha” y “Viva a Noite”. Recuerdo que fijaba detenidamente mis ojos a la TV para aprovechar cada segundo de su presencia en mi país, y que siempre le preguntaba a Dios porque vivía tan lejos de Sao Paulo y de Rio de Janeiro, únicas ciudades en las que él se presentaba.

Deseaba tener la oportunidad de conocerlo personalmente, lo que me hacía pasar muchas horas soñando despierta e imaginando ser una de las sorteadas por el programa “Viva a noite”, en un fragmento que se llamaba “Sonho Maluco”, momento en que las fans mandaban cartas describiendo ese sueño loco que les gustaría realizar junto a su ídolo, y a la persona que salía sorteada se le concedía su gran anhelo, algo que lamentablemente nunca conseguí.

Los discos de Luis Miguel eran mi tesoro más preciado, por lo que todas las noches antes de dormir besaba las portadas deseándoles buenas noches. En 1983, algunas zonas de mi ciudad fueron arrasadas por una gran inundación, la que dejó centenas de familias desamparadas y la mía fue una de ellas. Nos quedamos únicamente con la ropa que traíamos puesta, ya que sólo tuvimos tiempo de salvar nuestras vidas, y el agua se llevó nuestra casa con todo lo que había dentro. Me sentí devastada por perder mis discos de Luis Miguel tan preciosos, principalmente mi reliquia, aquel primer disco en español que no se conseguía en Brasil.

En 1984 cuando ya nos estábamos reponiendo de la desgracia anterior, ocurrió una nueva inundación y otra vez mi familia perdió lo poco que había recuperado, pero lo peor fue que el agua se llevó a mi primera mascota, un perrita de la calle llamada Lassie, quien fuera mi compañera y una heroína por salvar a toda mi familia en aquella madrugada de inundación, cuando ladró con todas sus fuerzas hasta lograr que mi padre despertara y se diera cuenta que el agua ya estaba dentro de nuestra casa. Cuando mi papá consiguió rescatar a mi mamá, a mi hermano, a mis hermanas y a mí, de no morir ahogados, el agua ya estaba en su cintura, y lamentablemente Lassie murió.

En ese entonces trabajé muy fuerte, a pesar de mi corta edad, para ayudar a mis papás con el sustento para mis hermanos y así reconstruir nuestras vidas. Con apenas 10 años cuidaba tres niños: Pablo, Ricardo y Priscilla, una niña a la que le gustaba también Luis Miguel, y como su casa no fue afectada por la inundación tenía sus discos, por lo que así pasábamos algunas horas escuchando y bailando sus canciones en portugués.

Escuchar la música de Luis Miguel siempre fue como una inyección de adrenalina directamente en mis venas, pues por más dura que fuese la vida y las situaciones que debía atravesar, de alguna manera eran subsanadas por aquella voz llena de ternura, melodía y magia, esa misma capaz de llenar de alegría los malos momentos, e intensificar aún más los de alegría.

Fue así que en 1987, luego de cumplir 14 años de edad y con muchos anhelos para el futuro, vi mi mayor sueño convertirse en una pesadilla en las manos de un abusador. Esta situación me llevó a esquivar el espejo por un lago tiempo, pues no quería verme por no aceptar lo que me había pasado. Pasé incontables días angustiada, con ganas de desaparecer para siempre, y hasta recuerdo que pensé en quitarme la vida porque estaba muy atormentada. Fue en ese momento que en la voz de Luis Miguel, en la canción “Meu sonho perdido” -la versión en portugués de “Palabra de honor“-, encontré las fuerzas para levantar nuevamente la cabeza, juntar coraje para mirarme otra vez en el espejo y seguir adelante, evitando así ser prisionera de mis frustraciones y decepciones. El fragmente de la canción que dice… “Te voy olvidar, palabra de honor, paloma perdida, ya no puedo más, tengo que olvidar”, me ayudaron a superar aquel momento horrible por el que atravesé.

Por eso siempre digo que Luis Miguel es el ángel que Dios me envió, con el don de curar los peores dolores de mi vida y las heridas de mi alma. Él es un ángel lindo que con su dulce voz, su mirada fascinante y su sonrisa cautivante logró que siguiera adelante, olvidando las cosas malas que había pasado, consiguiendo que vea al mundo de una manera distinta. Con toda seguridad puedo expresar que Luis Miguel es el combustible de mi alma.

En 1989 me fui a vivir al Balneario de Camboriú, una hermosa ciudad del litoral de Santa Catarina, y por ser una ciudad turística tuve que aprender a hablar un poco en español para poder trabajar en el comercio local -confieso que la mayoría de las palabras las aprendí con las canciones de Luis Miguel.

Una bella noche del verano de 1993, caminando por la playa, conocí a un hombre muy guapo, rubio y con ojos verdes que se llamaba Daniel Adrián, y era casi tan lindo como Luis Miguel. Cuando me acerqué para hablarle descubrí que era argentino y que tenía una hermosa voz, que le gustaba cantar, y me cautivó aún más cuando me sorprendió entonando “La Barca“, pues resultó que también adoraba a Luis Miguel. Aprovecho para contarles que esta canción con la que me agasajó, permaneció mucho tiempo en el puesto número uno en las radios de todo Brasil, pues era el tema principal de la telenovela más famosa de la TV brasilera. La pasión por aquel lindo argentino fue tan sólo un amor inolvidable de verano, y siempre lo recuerdo cuando escucho esa canción.

En abril de 1994 fui a conocer Argentina con mi amiga Doris Dressel, quien también es fan de ‘El Rey’, y me enamoré de Buenos Aires. En ese viaje ella me regaló el CD “Aries“, y luego “Nada es igual” en 1996, discos que son parte de mi tesoro, pues colecciono material de Luis Miguel en todos los formatos.

Ese mismo año me fui a vivir a Sao Paulo, ciudad en la que vivo actualmente, y fue la concreción de un anhelo que tuve desde la infancia, porque esa es la ciudad donde todos los sueños se hacen realidad. Por ironía del destino fui a vivir al Barrio Bela Vista, justo en la calle detrás del Hotel donde Luis Miguel se hospedaba cuando venía a Sao Paulo en los años 80. Es el día de hoy que cuando camino cerca del hotel me imagino cómo hubiera sido vivir en aquellas épocas.

En 1996 Miky regresa a Brasil para presentarse en 2 grandes conciertos, los días 26 y 27 de noviembre en Rio de Janeiro y Sao Paulo respectivamente, pero no supe de ellos porque trabajaba mucho y no tenía tiempo de oír las radios, aunque tampoco hubo mucha publicidad al respecto. Lamentablemente no había redes sociales y contar  con Internet era un lujo, sumado a que tampoco tenía computadora. Cuando descubrí que Luis Miguel había estado en Sao Paulo y que había perdido la oportunidad de ver a mi gran ídolo personalmente me quedé muy triste.

En octubre de 1999 mi mamá se enfermó y tuve que regresar a Santa Catarina para cuidarla. Recuerdo que ese mes, siendo las 19 horas del día 24, recibí una llamada de mi hermana Silvana, quien residía en Sao Paulo, para decirme que iba a ir a ver a Luis Miguel en el Credicard Hall. Mi desesperación fue tan grande que lloré toda la noche, pues una vez más había perdido la oportunidad de ver y oír cantar a mi ídolo, y mientras lloraba le preguntaba a Dios por qué no podía cumplir mi sueño -luego comprendí que él hace lo oportuno en la hora indicada.

En octubre de 1999 él se presentó con la gira “Amarte es un placer” e hizo 5 conciertos en mi país -día 22 en Rio de Janeiro, 23 y 24 en Sao Paulo, 25 en Curitiba y 26 en Porto Alegre-, pero por desgracia sólo me enteré de esas fechas cuando se había marchado.

Siempre me dijeron que Dios es sabio, que hace lo mejor por nosotros en el tiempo que considera adecuado, y eso lo comprendí en el año 2012 cuando por fin cumplí mi gran sueño de verlo cantar en vivo.

Continuará…

Solange

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