Para soñar no existen barreras

Euge Cabral
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Más de una vez he llegado a la conclusión que para convertirte en fan de Luis Miguel no tienes que ser necesariamente del sexo femenino, ni tener un rango de edad estipulado, como tampoco tienes que hablar y entender el español, pues la condición sine qua non es poseer una gran sensibilidad.

Está claro que no todos los seres humanos sentimos y exteriorizamos esos sentimientos de manera similar, pero lo que sí es evidente que todos nuestros sentidos se movilizan y responden inmediatamente ante un estímulo que tiene nombre y apellido: Luis Miguel Gallego Basteri.

Desde esa primera vez que entramos en contacto con su voz hemos descubierto otro mundo, donde nos permitimos vibrar y llorar de emoción, ser auténticos, románticos, apostar al amor y a nuestros sueños.

La historia que quiero presentarles hoy es apasionante por la manera que Luis Miguel llegó a la vida de este fan y por cómo quedó prendado de su voz, pero lo es mucho más por la corta edad que tenía en ese momento. Este relato también nos enseña que muchas veces se nos presentan una serie de obstáculos para cumplir un sueño, pero eso no debe alentarnos a bajar los brazos sino todo lo contrario, debemos luchar por hacer realidad ese anhelo, sobre todo si lograrlo implicará estrenar emociones fuertes e inolvidables:

Mi nombre es Hairo y quiero contarles mi historia junto a “El Sol de México”, la que comenzó a mis 11 años de edad, más precisamente en el año 2002 cuando Luis Miguel vino a Santo Domingo, República Dominicana.

Fue grandioso ver que por primera vez los programas de TV difundían la promoción del concierto, y fue justo luego de una de ellas cuando salí hacia la escuela y pude presenciar que mi vecino se deshacía de algunas cosas, entre las que había muchos cassettes viejos. Este material me llamó mucho la atención así que decidí recogerlo, sin pensar que encontraría un cassette de la persona más especial del universo: “El sol de México”.

Al llegar de la escuela corrí a buscar el equipo de música para reproducir aquel cassette de Luis Miguel, y lo primero que escuché fue la introducción de la canción “Hasta que me olvides”, del concierto en Viña del Mar, Chile, allá por el año 1994. No existen palabras para describir lo que sentí al escuchar  esa canción a pesar de mi corta edad, sensación que me llevó a reproducirla más de 100 veces ese día.

Luego de vivir esta experiencia le pedí a mi mamá que me comprara un CD de Luis Miguel, por lo que muy asombrada me respondió: “Hijo, qué raro que te gusten sus canciones porque eres muy joven para escuchar música romántica”, y sin dudarlo le retruqué: “Mami, es que me gusta una canción que se llama Hasta que me olvides”. Así fue como prometió averiguar en qué producción de Luis Miguel estaba, para días después cumplir con su palabra obsequiándome “Aries”, disco que se convirtió en mi favorito porque me enamoré de todas las canciones.

Al año siguiente, cuando ‘El Rey’ lanzó al mercado “33”, enseguida compré el disco, y las canciones “Devuélveme el amor” y “Un te amo” se convirtieron en las baladas más especiales en mi vida. Les confieso que con el correr de los años y con cada nueva producción me enamoro más de la música de Luis Miguel.

Después de aquella visita en el 2002 tardó 6 años en regresar al país con su gira “Cómplices”, esta vez en el Estadio Olímpico -un dato a destacar es que ha sido el único artista internacional que ha logrado llenar este gran estadio hasta la actualidad-, y a pesar que moría  por ir al concierto me quedé con las ganas porque la producción local no aceptaba el ingreso a menores de 18 años y yo tenía 17. Tanto soñaba con el momento de ver a ‘El Sol’ en vivo y en directo que no pude contener las lágrimas, pero me propuse guardar el dinero y seguir ahorrando para poder comprar un boleto en primera fila en el futuro.

Pasó el tiempo y en un abrir y cerrar de ojos volvió mi anhelado “Sol de México” para presentar su disco homónimo, y lo hizo en el estadio Quisquella. ¡Ay, cómo es la vida! cuando pensé que por fin lo iba a ver me despidieron del trabajo y no pude asistir. Me pasé llorando todo el día del concierto porque sabía que Luis Miguel estaba a tan solo media hora de mi casa, y a punto de interpretar esas canciones que marcaron mi infancia, las que no podría escuchar.

Una anécdota que tengo para contarles, es que luego de un tiempo conocí a la fan número uno de aquí, Marian Cristal Estrella, a quien encontré de manera casual porque puse un tweet con una frase loca: “No es por nada, no soy gay, pero amo a Luis Miguel”, y ella lo leyó y le causó mucha gracia.

Regresando con mi relato, una mañana de 2013 me levanté normalmente para ir al trabajo y lo primero que hice al llegar fue encender la computadora y poner mi canción acostumbrada, “Sueña” -si no la escucho cada día significa que no me he levantado-, y al entrar a mi Facebook lo primero que vi fue un anuncio que decía: “2 de noviembre, Altos de Chavón, Luis Miguel en concierto”… y sentí algo dentro de mí que sólo Dios sabe.

A la semana siguiente fui hacia la ciudad capital por mi boleto, y luego de esperar por mi turno me dijeron que ya no había entradas en sector general. Me fui muy decepcionado porque otra vez no iba a verlo, y en la angustia se me ocurrió comprar un número de lotería con el dinero de la entrada que no pude comprar, pensando en que si Dios quería que cumpliera mi sueño iba a ayudarme a ganar. Jugué al número de mi canción favorita en el disco “Aries”, al 9, correspondiente a “Hasta que me olvides”. Luego emprendí el viaje de regreso a mi ciudad natal, y en la tarde del día siguiente fui a constatar los números ganadores de la lotería y qué sorpresa fue encontrar al 9 en primer lugar. Me puse totalmente loco de alegría cuando lo vi, y sin pesarlo viajé nuevamente a la capital para comprar mi ticket VIP para ver a Luis Miguel.

Al llegar el día más esperando me levanté a las tres de la mañana para tomar el bus que conecta mi ciudad Mao Valverde con Santo Domingo, donde me esperaba el otro que iba hasta Altos de Chavón Casa de Campo. Ya en el lugar, sentado y sin poder creer que lo que estaba pasando no era un sueño, aguardaba feliz el gran momento. Con un poco de retraso, a las 21:38 horas, Luis Miguel irrumpió en el escenario cantando “Mujer de Fuego” y sentí la emoción más bella de mi vida.

Cuando cantó “Hasta que me olvides” pude experimentar esa sensación que describe la canción “Dormir contigo” cuando dice… “Es navegar en una estrella hasta el espacio…”, y pensando en la manera en que la interpretó agregaría otra de las frases de esta bella canción, pero con un pequeño cambio en la letra, “Por tu cantar tierno y despacio”.

Les cuento que mi segunda canción favorita es “Tú y yo” y no estaba en el repertorio esa noche, pero tenía la esperanza que la cantara, a pesar que en un momento cien personas le pedían a gritos que interpretara “Somos novios”. Este pedido se convirtió en toda una competencia, ellos pedían “Somos novios” y yo “Tú y yo”, y así fue durante una hora, porque al terminar de cantar “La incondicional” ‘El Rey’ salió e hizo una seña para donde yo estaba, y lo primero que escuché fue el sonido de la introducción de mi canción y el comienzo de la frase “Déjame ser, el ladrón de tu piel…”. Imagínense,  me puse de todos colores y esa noche fue la mejor de mi joven vida de 22 años.

Si algo faltaba para terminar una noche inolvidable, fue la bendición de Dios sobre Altos de Chavón con una hermosa lluvia que mojaba los fuegos artificiales al son de los últimos acordes de “Labios de Miel”.

Hairo José Gomez P.

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