Luis Miguel, nuestra forma de vivir

Euge Cabral
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La semana que pasó estuvimos de fiesta. Las redes sociales se vieron atestadas por mensajes dedicados a Luis Miguel, los que llevaron consigo las felicitaciones respectivas por su aniversario número 32, y las demostraciones más puras de cariño, agradecimiento y orgullo que despierta en sus fans. Los medios de comunicación del mundo también se hicieron eco de la noticia y celebraron junto a nosotros recordando este gran suceso.

La columna aniversario fue todo un éxito, logramos reunirnos 173 fans de 18 países diferentes y expresarle nuestro sentir a ‘El Sol’ en 5 idiomas diferentes. Lo que sentimos por él es tan fuerte, que tenemos la necesidad de exteriorizarlo continuamente y apenas tenemos la oportunidad de hacerlo procuramos que el mundo entero lo sepa. No hay nada más bonito y más genuino que su relación con nosotros, y esta afirmación me hace recordar sus palabras en uno de sus conciertos: “Hacemos el mejor dueto ustedes y yo”. Así es y lo será por siempre Miky, nuestro romance es eterno.

En otro orden de cosas, y mientras continuamos alimentando nuestra ilusión de tener un nuevo disco de Luis Miguel en nuestras manos, les propongo conocer un relato que confirma que no necesariamente para vivir intensamente esta pasión se necesita seguir a un artista desde sus comienzos… la diferencia no la marca la cantidad de años que uno lleva como fan, lo verdaderamente importante es lo que siente nuestro corazón, y los esfuerzos y locuras que hemos sido capaces de realizar motivados por ese sentimiento:

Mi nombre es Alejandra (Antiloti en Facebook), soy de Buenos Aires, Argentina, y hoy deseo contarles mis vivencias con Luis Miguel.

Aunque no parezca, en este cuerpo y cara de nena hay una mujer de 31 años que nació en noviembre del 82 cuando él ya era todo un cantante profesional, y desde 1994 (aunque inconscientemente lo fue antes) ha sido parte de mi vida.

Mi historia junto a él comienza a finales de los ‘80, pero no puedo saberlo con exactitud porque era muy pequeña -habré tenido unos 4 o 5 años. Recuerdo que lo vi en un programa de televisión llamado Finalísima -conducido por el recordado Leonardo Simons-, y también en el video de la canción “Cuando calienta el sol”, el que era emitido en aquel programa antes de los cortes comerciales o al regresar de los mismos.  

Otra imagen que se me viene a la mente es un poster de “Romance” que estaba como parte del decorado de un estudio de radio, armado para realizar tomas para una novela que se emitió en 1993 bajo el nombre de “Dos al toque”. El más conmovedor de mis recuerdos fue aquella nota del año 1992 donde vi a Luis Miguel junto a las cenizas de su padre, artículo de una revista que estaba en casa de mi bisabuela y que corría a buscarla cada vez que la visitaba. Así fue como desde 1994, habiendo cumplido mis 12 años, no dejé de perderle pisada.

Estando en sexto grado de la escuela primaria recuerdo escuchar a unas compañeras de clase corear “Por lo bien que te ves, ¡qué nivel de mujer!” -mientras escuchaban con su walkman- algo que me llamó la atención, por ello es que no tardé en preguntarles de qué se trataba. Ese día llegué a casa y le pedí a mamá que me acompañara a la tienda de discos para comprar “Aries”, y así fue como obtuve mi primer casette de Luis Miguel.

En esa época también me compré en la calle Florida -una peatonal muy famosa de la Capital Federal- la revista ‘Chicas’, donde se promocionaba la conferencia de prensa de “Segundo Romance”, y en la que venía un souvenir: una pulserita de hilo con su nombre, la que de tanto usar ya no se distingue ni qué dice pero que guardo de recuerdo.

Cuando se presentó en River Plate en diciembre de 1996 no pude asistir, lo que hizo que la primera noche me sentara llorando a escribir su nombre en un papel. Al día siguiente, desde un octavo piso, le pregunté a mi bisabuela para qué lado se encontraba ese estadio, con el sólo fin de mirar hacia esa dirección y así sentirme más cerca de él.

Por fin llegó 1997 junto a la certeza de que ese año sí iría a verlo, pues se hablaba de su nueva gira y visita. Tiempo después surgió una pelea con mi padre y me castigó, me dijo que no podría salir con mis amigas y que no iría a ver a Luis Miguel. En ese momento ni me acordé que tenía amigas, lo único que hacía era llorar desconsoladamente todo el día por no poder ir a verlo. Por suerte la tormenta pasó y esa pelea quedó atrás,  así que envié a estampar una remera con la cara de mi Rey, y ese viernes 14 de noviembre llegó mi oportunidad de verlo por primera vez en vivo y comprobar que era una persona de carne y hueso. Me emociono al recordar ese día… estaba en la Platea Baja Norte del estadio Vélez Sarsfield -con una amiga y su mamá- cuando de pronto salió Luis Miguel y me quedé paralizada. Aunque mi amiga intentaba hacerme reaccionar tomándome de los hombros y diciéndome “¡Está ahí!”, fue difícil  salir de ese estado de shock, pero con el transcurso de lo minutos  pude conseguirlo y disfrutar al máximo de ese concierto.

Volví a verlo en 1999, y a partir del año 2002 -hasta el día de la fecha- pude asistir a todos los recitales que ofreció en Capital y hasta verlo bien cerquita, jamás voy a olvidar esa primera vez que lo tuve a unos 5 metros aproximadamente y sin ninguna pantalla de por medio.

En la escuela secundaria era famosa por escribir en el marco del pizarrón “Faltan ‘X’ días para ver a Luis Miguel”, “Feliz cumpleaños Luis Miguel” o simplemente su nombre -¡ah! también lo escribía como cábala en mis hojas de examen. Hasta llegué a discutir con la profesora de inglés porque me decía “But he is fat!” (“pero es gordo”), algo que no era cierto, pero sabía que lo hacía como respuesta ante mi impertinencia de escribir su nombre en las hojas de su examen. Por suerte, ¡Aprobé esa materia!

En el año 2001 hicieron un recorrido del CD “Mis Romances” por primera vez en la radio, y esto coincidió con el horario de un examen importantísimo que debía rendir para el ingreso a la Facultad de Odontología, por lo que me sentí obligada a realizarlo lo más rápido que pude con tal de no perderme la presentación de aquel disco. ¿Quieren saber que tal me fue? por suerte, también aprobé.

Como anécdota de mis días en la facultad, les cuento que una profesora hizo alusión a los dientes de Luis Miguel -respecto a que ya no están separados- y todos mis compañeros -al mismo tiempo- se dieron vuelta para observarme cuando ella pronunció su nombre.

También asistí a un Congreso de Odontología que se realizó en un hotel muy famoso de Buenos Aires donde justamente El Rey se estaba quedando esos días, por lo que se podrán imaginar que no fue mi amor a la odontología lo que me llevó a inscribirme, ¿no? Aunque intenté encontrar la manera de cruzármelo fue algo imposible.

Jamás perdí las esperanzas de ese encuentro, razón que me llevó a pasar días enteros en la vereda de aquel hotel soñando con la posibilidad de verlo, de ver pasar su camioneta o simplemente para estar con gente que siente lo mismo que yo. Actualmente, como le pasará a muchas, por mi trabajo se me hace más difícil, pero siempre me las ingenio para pasar por donde se está hospedando o seguirlo por la noche porteña.

Como tantas otras fans participé de cuanto concurso hubo -incluso hice participar a mi abuela cantando en una radio-, y pasé muchas noches esperando por comprar mis entradas, instancias en las que mi novio me acompañó.

En la gira de 2005 ya había planeado ir al sitio comercial, en la madrugada del día anunciado para la venta de entradas, y mi padre me acompañó a pasar la noche como lo sigue haciendo cada vez que Luis Miguel se presenta en Buenos Aires. También tengo que contarles que siempre ha sido él quien se ha ocupado de trasladarme de un sitio a otro, así que tengo a un genio en casa y con una gran paciencia. Volviendo al relato, cuando llegué al lugar y constaté que era la primera de la fila no podía creerlo, por fin sentí que estaba muy cerca de poder cumplir mi sueño de verlo en fila uno. Con el correr de las horas comenzaron a llegar otras fans hasta que llegó el momento de la venta de entradas y, para sorpresa de todos, ese punto de venta por ser domingo abría más tarde. Corrí desesperada al punto de venta más cercano y, por supuesto, al llegar había una pequeña cantidad de personas comprando. Cuando me tocó el turno me ofrecieron fila 5 del sector central, y al querer pagarla el sistema no aceptó la tarjeta,  así que la perdí y la gran afortunada fue la señora que estaba detrás mío. Pese a mi tristeza y a mis súplicas, esta señora no se apiadó y no aceptó comprarme el próximo ticket que ofrecía el sistema -fila 11 de un sector más lateral-, mientras mi padre buscaba el efectivo. Luego llegó mi tía con su tarjeta y gracias a la buena voluntad de todos pasé directamente a comprar y con la suerte de conseguir también esa fila 11 que había perdido. Ese día me  la pasé en cama llorando y durmiendo por lo mal que la había pasado. Cuando le conté a una amiga que había estado mal –sin explicarle el por qué- me dijo; “Y claro, no es para menos, te quedaste libre en Operatoria” -una materia de la facultad-… ¡Ay! Recién me estaba enterando y no podía creerlo, todo había sido por Luis Miguel.

Gracias a Dios esos esfuerzos de pasar noche tras noche haciendo fila -sumado a los nervios de los días previos cuando no hay fecha exacta de la venta de entradas- dan su resultado, así fue como el 28 de noviembre de 2008 tuve mi fila uno. Esa noche, casi sin planearlo apoyada en la valla mientras cantaba “O tú o ninguna”, le lancé mi remera (playera) con su foto –esa que les comenté al principio de la historia- y ésta prácticamente se posó en sus brazos. Inmediatamente él buscó a la dueña de esa remera pero no conseguí que me viera por más que levanté bien alto mis brazos, o al menos eso pensé, porque cuando la aventó de regreso al público me cayó en mis manos, ¿Pueden creerlo?

Esa misma noche pude entregarle un ramo de flores que llevaba un cartelito que decía: “Te amamos, Alejandra”. Mi mamá, que me había acompañado pero estaba en la platea, al ver mi ramo con el cartel en las manos de Luis Miguel le gritaba a la gente de su alrededor: “¡Es el ramo de mi hija!”, mientras ellos no dejaban de asombrarse y de comentarlo. Al día siguiente finalmente pude tocarlo y confirmar que es real. Recuerdo que cantaba “Isabel” y que al acercarse a nosotras nos miramos, y mientras me sonrió tomándome de la mano le dije “Te quiero” y me señaló, así, como lo hace siempre. Con mi amiga nos abrazamos, saltamos, gritamos y reímos, porque ella también lo acarició por primera vez. Cuando me di cuenta de lo que había pasado y sentí su perfume en mi mano  no pude contener esas ganas de llorar de emoción, pero al mismo tiempo intenté dominarlas para poder seguir disfrutando del show. Lo que se siente en ese momento es indescriptible… instantáneamente las miles de personas que uno tiene alrededor desaparecen y no existe nadie más que nosotros.

Al día siguiente pude repetir la experiencia, en esa oportunidad estuve en la segunda fila y sobre el final del concierto me acerqué a la valla y logré tocar su mano, lo tomé bien de la palma y me quede sosteniéndosela unos cuantos segundos. Al encontrarme después con mis papás y mis hermanas volví a llorar cuando les conté, y esa noche me dormí con una sonrisa y con su perfume -está de más decir que a esa mano la tuve inutilizada totalmente lo máximo posible, sin tocar nada ni lavármela.

En el año 2012 tuve la oportunidad de ver a Luis Miguel en GEBA en todos los conciertos que ofreció, excepto en uno de ellos que fui a escucharlo desde afuera. Muchas fans cuentan que gracias a ‘El Sol’ tienen la bendición de conocer gente, y en mi caso no sólo es así sino que también tuve la posibilidad de  reencontrarme con mi amiga del Jardín de Infantes, a quien no veía desde hacía25 años. A las dos siempre nos unió esta pasión y tuvimos la dicha de volver a vernos en este estadio.

No tengo palabras para describir lo que se siente cuando uno entra en contacto con este ser. Cuando te mira… ese segundo en que existís para él es la gloria misma. Cuando podes sentir su piel, cuando te queda su perfume impregnado en tu mano por horas, cuando recibe un objeto que elegiste cuidadosamente y sólo para él… todo esto no se puede explicar con palabras, sólo se siente. Es experimentar mil sensaciones al recordar ese momento y no poder creerlo.

Luis Miguel es una persona única en el mundo, y lo que siento por él no se puede comparar con otra circunstancia de la vida. Seguramente sea ese mismo sentimiento y sensación de plenitud la que también sientan ustedes.

Dios quiera algún día puedas leer esto Luis Miguel y sepas que sos fundamental en mi vida y que, definitivamente, si no fuera fan tuya no sería quien soy. Sos mi gran fuente de inspiración para luchar por mis sueños; uno de ellos es tenerte un minuto enfrente de mí para poder decirte lo que significas en mi vida, agradecerte por tu entrega, y darte un beso y abrazo muy fuerte cargado de mucho sentimiento. Te adoro con toda mi alma y más.

Más, eres todo y mucho más. Mi forma de vivir, mi principio y fin, amor, pasión, locura desatada…

 Alejandra

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