La voz de Luis Miguel es el mejor elixir para el alma

Maria Eugenia Cabral
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3 de julio de 2012

La historia que hoy les presento no hace más que reafirmar que los fans de Luis Miguel pensamos y sentimos de manera similar, pues resulta que tenemos una cualidad en común: la sensibilidad.

No imagino a un metalero escuchando, con sus emociones a flor de piel, una canción de amor interpretada por Luis Miguel por más esmero que pudiera atribuirle a ello, creo que no lo llegaría a movilizar de la misma manera que a nosotros, por no decir en lo más mínimo.

Esta sensibilidad con la que contamos es gracias al mismísimo Luis Miguel y les explico el por qué de mi aseveración:

Indiscutiblemente Miky nació con un don, no hay nadie en esta tierra que interprete con tanto sentimiento, y creo que sus fans hemos adquirido la virtud de dejarnos llevar por esa interpretación hasta el punto de conectarnos íntimamente con sus sensaciones.

Es admirable la manera en que se involucra con las historias que le dan vida a cada canción. Pasa de un estado de éxtasis absoluto a uno de profundo pesar en cuestión de minutos. Verlo y escucharlo cantar tan sentidamente “Como duele”, por ejemplo, logra que uno transite la historia padeciéndola como propia, experimentando en ese momento un dolor que te oprime el pecho.

Déjenme decirles, que asistir a un concierto de Luis Miguel no es solo concurrir para escuchar a una de las mejores voces del universo, sino que es una invitación a dejarse llevar por tus más puros sentimientos y, por qué no, a realizar un viaje por el tiempo a través de las canciones viejitas, las que nos transportan a nuestra niñez-adolescencia.

Para un fan cada una de sus canciones, desde sus comienzos hasta la actualidad, alberga recuerdos de diferentes etapas de nuestra vida, algunos que nos colman de felicidad y otros de angustia, tristeza, pero tanto unos como otros han sido fáciles de sobrellevar gracias a estas historias narradas en la voz de Luis Miguel.

Todas las personas que he conocido –aquellas que son fans como las que sólo gustan de su música sin llegar a serlo- que asistieron por primera vez a uno de sus conciertos, indefectible y coincidentemente expresan la necesidad de no dejar de ir jamás. Y sí, esto es parte de su magia! Pero luego, con el correr de los años, esa necesidad de verlo en vivo y en directo pasa a otras instancias, ya no nos basta con ir a un solo concierto en cada tour, sino que deseamos alargar esos momentos de felicidad concurriendo a todos los shows que nuestra economía nos permita.

Luis Miguel se ha ganado a pulso un lugar importante en nuestras vidas, su voz es el mejor elixir para nuestra alma. Me pregunto, una y mil veces, si él será consciente de cuanto bien le hace a gran parte de la humanidad.

Basta con leer todos los relatos que he publicado en este espacio para confirmar lo que genera Luis Miguel en sus fans, y el de hoy no es la excepción:

Comienzo a escribir esta nota teniendo como fondo la canción “No existen límites”, una melodía que me emociona desde el primer día que la escuché. Provoca en mí una mezcla de felicidad, melancolía, amor y  dulzura que me lleva hasta las lágrimas.

Es la primera vez que escribo una nota para una página web, pero siento la necesidad de hacerlo desde lo más profundo de mi corazón.

En mi relato quiero contar un poco como fue la primera vez que vi a Luis Miguel y también mi historia como su fan.

Mi nombre es Silvia, aunque en Facebook me conocen como Sylvia Noemi, y soy de Argentina. Nací exactamente 6 meses después que LuisMi y crecí en una hermosa familia que me enseñó que el amor, en todas sus formas, es lo más maravilloso que tiene el ser humano.

Recuerdo muy bien cómo y cuando conocí a Luis Miguel.

Estaba en la escuela primaria y a mi mejor amiga se le presentó la oportunidad de debutar en un programa de televisión, como revelación y nuevo talento infantil, recitando un poema. Ese día con gran entusiasmo me senté frente al televisor para verla y esperar su tan prometido saludo en vivo y en directo. Pero esa espera se frustró y mi amiga no apareció. En su lugar presentaron a un niño mexicano que auguraba poseer un gran talento. Al principio, con un poco de enojo, me quedé viendo el programa y conocí a ese niño prodigio que casualmente tenía mi edad. Recuerdo su cabello rubio y su flequillo, que movía constantemente como demostrando molestia con su corte de pelo, su nombre: Luis Miguel. Que puedo decirles! en el momento que comenzó a cantar quedé enamorada.

Luego en mi adolescencia me acompañó con sus canciones en la hermosa etapa del primer amor, los primeros bailes y los cumpleaños de quince. Con sus melodías descubrí que sería su incondicional para siempre.

Después vinieron los “Romances”, con sus maravillosos boleros, con los que me identifiqué en esa etapa de mi vida personal.

Pero ya para esa época tenía un sueño pendiente: ir a un recital y conocerlo personalmente.

Por circunstancias diversas nunca había podido ir y todas mis ilusiones de conocerlo terminaron siempre en lágrimas. Recién ese gran día llegó en 2002, a mis 32 años.

Estaba pasando una etapa muy triste en mi vida, ya que hacía unos meses mi padre había fallecido. Recuerdo que mi prima me regaló la entrada para asistir al recital que era en el estadio de Vélez Sarsfield. En mi interior tenía una sensación de alegría pero de tristeza al mismo tiempo: pensaba que ese sueño se iba a hacer realidad pero también estaba mal por la situación que estaba atravesando en mi vida.

¡Y por fin llegó el gran día! mis familiares dicen que nunca me  habían visto tan feliz. Todo era nuevo para mí, desde cómo ir vestida hasta qué hacer durante el recital: si cantar o escucharlo, si gritar o aplaudir. De repente, ese sueño dejó de serlo para convertirse en una hermosa realidad.

Se apagaron las luces y apareció LuisMi. La primera canción que escuché en vivo fue “Amor, amor, amor” y me dejé llevar por la música. Canté, aplaudí, lloré, grité, salté y me sentí feliz!

Han pasado varios años desde ese día y nunca más dejé de ir a un recital de Luis Miguel. Si bien ahora puedo comprar una entrada con una mejor ubicación y puedo tenerlo a metros mío, nunca olvidaré el momento en que lo vi por primera vez en el último rincón de la platea alta.

Durante este último año conocí a través de las redes sociales a muchas chicas que comparten mi mismo sueño. Son amigas que aunque no las conozco personalmente, siempre compartimos muchas vivencias, desde el amor platónico a nuestro ídolo hasta cosas de la vida diaria. A todas ellas les dedico esta nota que escribo desde mi alma, para decirles un “gracias” sincero e infinito por ser mis hermanas en esta hermosa locura que se llama Luis Miguel.

Sylvia Noemi

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