Tu voz es mi mejor medicina

Maria Eugenia Cabral
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14 de febrero de 2012                                                                                     

Conocí a Jesica Estrada, una de mis mejores  amigas, hace algo más de 5 años, cuando recibí un mail de su parte presentándose como vice presidenta de Nuestro Sol, en el que me expresaba gentilmente que quedaba a mi disposición para lo que necesitara.

Jamás voy a olvidar ese 16 de abril de 2007 cuando en una reunión de fans, en un precioso lugar de Puerto Madero (Buenos Aires), nos conocimos por fin.

Desde su primer correo percibí a una persona muy similar a mí, en cuanto al carácter, manera de afrontar las cosas, sentimientos, convicciones. El tiempo que hemos compartido juntas me dio la razón, y hoy es una de las personas más importantes en mi vida. Miren cuánto tengo que agradecerle a Luis Miguel.

Nuestra amistad ha ido mucho más lejos que el sólo compartir nuestra pasión por Miky, ya que a este hermoso vínculo se han sumado nuestras familias.

Hemos compartido incontables momentos felices juntas, siendo algunos de nuestros más preciados recuerdos las horas compartidas pre y post show.

Jesi es un gran ejemplo de lucha y fortaleza por diversas situaciones que ha tenido que atravesar. Es un ser excepcional, a quién quiero mucho, transparente, de un corazón precioso y digna de admirar.

Los dejo con su relato para que ustedes mismos puedan conocerla:

Luis Miguel llega a mi vida desde muy pequeña y de la mano de mi prima. Un  verano estábamos viendo la tv y viendo un video que ella había grabado. Recuerdo estar haciendo otra cosa, tenía 6/7 años y de fondo escuché una voz que me llamó poderosamente la atención: dulce, con presencia, cantando en vivo alguno de sus temas. Dejé lo que estaba haciendo y pegué mi nariz contra la pantalla, como tratando de absorber lo que más pudiera de este hombre que se había apoderado de mi atención.

Esto fue en el año 1990, ¡qué lindo momento para conocerlo!, con “20 años”. Recuerdo hacer las compras con mi mamá en el supermercado, de esos grandes que ocupan manzanas, e ir a la sección de discos y quedarme parada ahí, mirando el cassette y pidiendo que me lo regalaran.

Tiempo después mi mamá apreció con una linda sorpresa: ¡era el cassette! Que emoción cuando lo recibí y qué castigo de ese momento en adelante para mi madre. Ese día creo que no le salió humo al equipo de música de milagro, terminaba un lado, lo daba vuelta y así sucesivamente hasta que me fui a dormir.

Luis Miguel me acompañó mucho a partir de entonces.

 Les cuento que tengo una malformación congénita de cadera lo que hace que camine de manera irregular. Esto lo tengo desde nacimiento y me han hecho a lo largo de mi vida (hoy tengo 27 años) más de 10 operaciones para tratar de corregir esto y que no tenga un alto impacto en mis huesos. En cada operación era obligatorio llevarme algún cassette o ya CD, en esa época, para escuchar; eso me calmaba, me daba cierta seguridad, sabía que mientras escuchara su voz todo iba a estar mejor y el dolor o la preocupación de ese momento pasarían.

Con todas estas operaciones y por dificultades económicas no pude ir a ver a Luis Miguel hasta mi  adolescencia, eso sí, tenía grabado cada recital. Me sabía todos los pasos, los de las coristas y por supuesto los de los músicos, que hasta el día de hoy, para mí, son un show aparte digno de ver.

A mis 12 años, nos mudamos a las afueras de Capital, pero yo seguía yendo al colegio por esos lados, por lo que camino de ida y vuelta debíamos pasar por Vélez Sarsfield, donde Luis Miguel hizo la mayoría de sus conciertos. Cada vez que pasábamos por ahí y todo lo que duraba pasar cerca de Vélez, recuerdo cerrar los ojos, cruzar los dedos y repetir “Luis Miguel, Luis Miguel”, deseando que regresara a mi país y que en algún momento de mi vida pudiera disfrutar de esa persona en vivo y en directo. Es el día de hoy que paso por ahí y lo sigo haciendo, quien sabe, tal vez llamarlo con mis pensamientos haga que vuelva pronto, ¿verdad? ¿Quién me impide soñar?

A los 15 años mis padres me dieron la más grata sorpresa de mi vida: ir a ver en vivo y en directo al hombre que acaparaba mis pensamientos, al hombre que era mi compañía silenciosa y eterna. En ese momento yo era solo una gran admiradora, no conocía a nadie de esta gran familia. El día del concierto mi padre me sacó temprano del colegio para prepararnos e ir al recital. En mi colegio, todos, absolutamente todos, incluyendo la directora sabían que iba a ver a Luis Miguel y todos me desearon mucha suerte.

Que experiencia única, el sólo hecho de entrar a Vélez y ver todo preparado para un gran concierto hacía que temblaran mis piernas. Mi papá no podía entender cómo todas estas niñas y mujeres estaban para ver a ese hombre. Le pedí que me comprara la remera y una taza, que al día de hoy conservo,  donde suelo tomar té en la casa de mi madre.

Yo no puedo describirles lo que sentí al momento que se apagaron todas las luces: el corazón me latía a mil, unas cosquillas recorrían mi cuerpo y las ganas de gritar se apoderaban de mí, aunque por vergüenza no lo hice. Verlo y escucharlo tan cerca por primera vez me parecía increíble. Esa persona que había visto mil veces en mi tv, aquella que me contenía en mis operaciones, que me hacía sentir que todo era posible estaba cantando para mí, bueno, al menos yo lo sentía así.

Mi padre había conseguido buenas ubicaciones: fila 17 en campo y yo sentía que lo tenía a un paso. Ya terminando el recital le pedí a mi papá que me esperara, ya que me iba a acercar, a ver si podía por lo menos verlo más de cerca. A él no le gustó mucho la idea y para ser honesta a mí me daba miedo, quién haya estado en un concierto en Argentina, sabe que a veces es complicado acercarse sobre todo porque algunas mujeres pierden la cordura y no les importa nada. Tenía terror que algo me pasara, que me lastimara o peor, que me cayera y algo pasara con mis piernas.

Cuando empezaron las grandes canciones del final, allí fui, corajuda y con la intención de verlo de cerca. ¡Mi Dios!, que este hombre además de talentoso es bello, logre acercarme hasta la valla y justo vino para mi lado. ¡Qué ojos, qué sonrisa! Ese día volví a mi casa hecha, creo que si Dios hubiese decidido llevarme yo me iba contenta.

A partir de ahí todo se potencio mil veces más; en mi casa comenzábamos a tener internet y eso hizo que me metiera en un mundo fascinante, lleno de información de Luis Miguel, descubriendo cosas nuevas.

A principios del año 2000 buceando por Internet llegué a la página del Club Oficial Nuestro Sol de Mar del Plata y en seguida me puse en contacto con su presidenta. A través de los mails nos hicimos muy amigas y dos veranos después viaje para su ciudad. Nuestra relación creció y hoy soy la vicepresidenta del club.

Desde momento se me abrió otro mundo totalmente ajeno a mí. Personas de todo el mundo compartían lo que yo sentía, cada nuevo sencillo, CD, tour, era una fiesta y lo celebrábamos como tal. ¡Qué placer!

A lo largo de todo este tiempo he conocido personas increíbles, seres humanos dignos de abrazar para demostrarles cuánto cariño uno les guarda.

En el 2007, a través de un encuentro, conocí a Euge Cabral y a Ana Freijo. No les puedo explicar cuan feliz soy de tenerlas como amigas, de saber que me bancan en todas, de que me tienen presente y que compartimos muchísimas cosas. Y a esta gran dupla se sumó Vivi, de la cual ustedes ya conocen todas sus andanzas.

Con ellas y otras grandes amigas he vivido momentos únicos y estaré eternamente agradecida por haberme recibido, en el último tour en Argentina, con los brazos bien abiertos como lo hicieron Lucy, Paola y Caro de España, entre otras.

Si me hubiesen contado a mis 6/7 añitos, estando pegada a la pantalla de la TV, que iba a formar parte de esta hermosa familia, jamás lo hubiese creído.

Disfruto mucho de Luis Miguel, de su voz, su presencia, su porte, todo. También de sus músicos (que son un capítulo aparte) y su grupo de trabajo. Y debo confesar algo: cada vez que me entero que viene un nuevo tour pienso, además de lo bien que la voy a pasar escuchándolo, en lo genial que la voy a pasar con mi gran familia LuisMiguelera.

Jesica Estrada

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