Este amor incondicional

Maria Eugenia Cabral
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23 de agosto de 2011

Algo que nunca voy a dejar de agradecer a Dios, es la dicha de poder ser contemporánea a Luis Miguel, y por ende, no haberme perdido ni tan sólo un instante de disfrutar su maravillosa y trascendental carrera. Aunque en mi vida como fan, soy de las personas más felices del planeta, no crean que todo lo que se vive es color de rosa.

A los fans muchas veces se nos tilda de locos (por eso nos aconsejan concurrir a un psicólogo), de inmaduros, de idólatras, etc. Tampoco se nos entiende (aunque lejos está el querer que lo hagan), y a pesar de ello insisten en cuestionarnos, con mil y un preguntas, con el único objetivo de lograr su cometido: persuadirnos de este fanatismo.

¿Y qué es ser fan? He aquí la definición del diccionario: “Un fan -también llamado aficionado o seguidor- es una persona que siente gusto y entusiasmo por algo o alguien”. Me pregunto: ¿Qué tiene esto de malo o negativo para algunos?

Muchas veces llevo a la práctica lo que mis padres me inculcaron desde pequeña, e intento ponerme en el lugar del prójimo para lograr entender lo que siente o piensa esa persona. Y es ahí cuando me doy cuenta, que todo aquel que no comprende este fanatismo, es porque no tiene el privilegio  de seguir con entusiasmo a un ser especial. Esto me hace reflexionar y llegar a una conclusión: ellos se están perdiendo de experimentar una de las cosas más lindas de la vida, algo que no tiene punto de comparación a otras situaciones que se nos presentan, y nosotros somos muy afortunados, al haber encontrado a una persona que con su don moviliza hasta lo más recóndito de nuestro mundo interior.

Desde niña y aún hoy (aunque en menor escala), he tenido que soportar toda clase de ofensas hacia Luis Miguel, sobre todo, por parte del sexo masculino. Claro, es evidente que la envidia los carcome, porque a Miky la naturaleza se encargó de dotarlo de las mejores virtudes: un cuerpo espectacular, una cara perfecta, unos ojos soñados y de broche de oro, una tierna, dulce y majestuosa voz (sin mencionar sus rasgos personales: sensualidad, elegancia y galantería). ¡Señores! asúmanlo de una vez por todas, contra esto nadie puede competir, por ende, tendrán que aceptar que Luis Miguel fue, es y será eternamente, el príncipe azul de nuestros cuentos de hadas, ese que todas esperamos que aparezca en la puerta de nuestra casa y nos lleve a pasear en su Mercedes Benz o Maybach negro, mientras nos canta suavemente al oído. Por favor hombres (aclaro que no generalizo), no justifiquen sus egos dolidos con agravios innecesarios hacia una persona que no conocen y que no se lo merece.

Otro tema aparte, es la pregunta obligada que surge de los que recién te conocen como fan: “¿Y tu pareja, que dice al respecto?” Se torna divertido tener que estar dando explicaciones y he aquí mi respuesta: “Las parejas que he tenido, me han conocido siendo fan de Luis Miguel, esto venía con el combo, pues si no eran lo suficientemente inteligentes y maduros para aceptarlo, ya sabían dónde estaba la puerta de salida”. Puedo decir orgullosamente que Miky llegó primero a mi vida y a mi corazón, y cuando decidí que ahí se quedara no iba a ser temporal sino para siempre. Pues entonces quien me quiera, ha tenido que admitir que Luis Miguel completa mi vida, me hace feliz y no hay nada que puedan hacer al respecto.

Obvio que no todo es tan fácil para las personas que me rodean, les cuesta mucho aprobar la manera en que vivo este fanatismo, porque como decía anteriormente, ellos no tienen en su vida algo o alguien que los motive de igual modo. Trato de entenderlos, por eso es que debo tolerar muchas dolorosas actitudes en ciertas ocasiones. Como por ejemplo, el infaltable interrogatorio: ¿por qué asistís a varios shows si es el mismo?, ¿por qué viajas miles de kilómetros a verlo dejando todo? (a pesar de irme con todas mis obligaciones previamente resueltas para que no haya inconvenientes), ¿por qué no dejas de actuar como adolescente los días previos a los shows y posteriores también? (flotar en el aire, temblar de ansiedad, de emoción por verlo, realizar colas por días en el lugar de presentación, llorar de tristeza cuando nos deja, etc.).

He pasado momentos de angustia, de incomprensión por parte de mis padres, en especial de mi mamá. Ella siempre tuvo la idea de que con el tiempo, lo de niña fan se me iba a pasar, y se encontró con una realidad muy lejana, porque con el pasar de los años mi cariño y admiración se han ido acrecentando.

En muchas oportunidades me encontré llorando y sufriendo por múltiples planteos de su parte, del tipo: “Dios debe estar muy enojado, porque estás idolatrando a alguien de carne y hueso” (cuando era consciente de que no comulgo con la palabra idolatrar), “Vos te gastas todo el dinero de tu sueldo en los shows, cuando él ni siquiera sabe que existís”, “Tu familia te va a reclamar siempre el abandono de hogar que haces por ir tras alguien que no te da nada” (yo diría exactamente todo lo contrario: gracias Luis Miguel por tanto), entre otras.

Repito nuevamente y no me voy a cansar de hacerlo, que los fans no pedimos comprensión, sino aceptación. ¿Les cuesta tanto vernos o sabernos felices con esta manera especial de vivir? No perjudicamos a nadie y muy por el contrario, nos hacemos un bien: es un mimo al alma cuando lo escuchamos y un sin fin de sensaciones incomparables cuando gozamos de tenerlo enfrente en los shows. Y sí, creo fehacientemente que les cuesta aceptar que por una vez cada dos años (mínimamente) seamos egoístas. ¿Quién no anhela ver feliz a la persona que quiere?, yo creo que daría hasta lo que no tengo por hacer feliz a los que amo, pues entonces desearía que no nos opacaran la satisfacción que Luis Miguel nos provoca, con situaciones innecesarias e indeseables.

Hoy puedo expresar, después de casi 30 años como fan, que mis padres han asumido que esto será algo con lo que tendrán que convivir, y hasta me animaría a decir que por fin me están acompañando en este camino en donde la felicidad es protagonista. De verdad que se los agradezco y valoro mucho.

Imagino que la vida de cada fan será diferente, que algunos habrán pasado situaciones similares a las mías y otros que no, pero lo que sí puedo aseverar es que muchas fans que conozco tienen parejas que les han dado a elegir entre ellos o Luis Miguel (algo totalmente injusto). Ellas se mueren por asistir a un concierto, y jamás han podido concretar su sueño por tener hombres celosos a su lado, que por ningún motivo aceptarían que ellas concurrieran a ver a su cantante favorito. Me  pregunto: ¿a qué le temen? Miky no nos va a secuestrar en el show para llevarnos con él (aunque nos encantaría que sucediera, shhhhh que ellos no se enteren). Es totalmente cierto de que somos suyas esa hora y media de concierto, que nos entregamos completamente a él, pero no pasa de una conexión de miradas o gestos, y si me lo permiten, opino que estos hombres no pueden privar a sus mujeres de estas inigualables sensaciones. Aunque trato de hacer entrar en razón a muchas fans de mi entorno, que sufren por esta razón, no lo he conseguido (resulta evidente que sus parejas no las dejan ser libres, y ellas tampoco se lo permiten).

Mi lema de vida es: Anímense a vivir la magia de Luis Miguel y todo aquello que los colme de dicha y felicidad, a eso hemos venido a este  mundo, y sólo depende de nosotros el alcanzarla, absolutamente de nadie más.

Expuesto lo anterior puedo proclamar que, contra viento y marea, amo ser fan de Luis Miguel y que disfruto como nadie el vivirlo de esta manera tan peculiar junto a mis pares.

Este amor, este amor, este amor, siempre irá contigo. Por muy lejos que te vayas, y llegará con mis olas, a la orilla de tu playa”.

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