Luis Miguel, mi fortaleza

Maria Eugenia Cabral
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Comienzo a escribir la penúltima columna de este 2019, año en el que fans de Latinoamérica y EEUU hemos tenido el privilegio de disfrutar de la voz de ‘El Sol de México’.

Luis Miguel se despidió temporalmente de los escenarios, el pasado mes de septiembre, y les juro que esa ausencia se está tornando muy difícil de sostener. ¡Cuánto se lo extraña por favor! y esta sensación se agudiza cuando pensamos que ese reencuentro tan esperado es totalmente incierto. Nos hace mucha falta porque se ha convertido en parte fundamental de nuestra vida, y esto sucede porque se hace querer demasiado. Se nos ha vuelto una hermosa adicción de la que por supuesto no queremos rehabilitarnos, puesto que genera en nosotros puros sentimientos positivos: felicidad, bienestar, entusiasmo e ilusión.

Esto que genera en nosotros, sumado a lo que se revela en el relato que voy a presentarles, me hizo reflexionar respecto a lo afortunados que hemos sido al disfrutar de los conciertos de ‘El Rey’ desde sus comienzos. Lamentablemente muchos fans, por diferentes motivos más que valederos, se vieron obligados a esperar décadas para ver concretado su gran anhelo, e incluso en la actualidad algunos esperan poder conseguirlo. No puedo ni siquiera imaginar lo difícil que ha sido para ellos, porque el corazón no sabe de razón cuando los sentimientos están en juego. Pero este nuevo testimonio viene a transmitir esperanza confirmando que los sueños se hacen realidad tarde o temprano; no obstante la clave está en la convicción, debemos creer fervientemente en la concreción y nunca dejar de trabajar en ellos. A continuación podrán constatarlo por ustedes mismos:

Antes que nada deseo presentarme, mi nombre es Mónica Airando, tengo 52 años y vivo en Lanús, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Cuando empecé a escuchar la voz de Luis Miguel en la radio, allá por el año 1982, sentía que era un niño para mí puesto que soy 3 años mayor. Aunque las letras de sus canciones se repetían permanentemente en mi cabeza, me resistía a escucharlo porque en ese momento prefería deleitarme con Queen, The Pólice y algo de rock nacional. Pero esa elección poco duró porque cuando salió el álbum “Palabra de honor”, con los Temas “Me gustas tal como eres”, “Me muero por ti” y “Háblame”, entre otros, literalmente no pude escuchar otro tipo de música porque aquella voz, que había acaparado mi mente, también se robó mi corazón. En esa época no tenía los medios para comprarme sus cassettes, así que transcurría mis días esperando que los pasaran en la radio para grabarlos, rogando que no se le ocurriera al locutor hablar justo en mitad de la canción.

Luego llegaron los discos “Soy como quiero ser”, “Luis Miguel – Busca a una mujer”, “20 años”, y cada uno superaba al anterior. “Sin hablar” y “No me puedo escapar de ti”, no eran las únicas canciones que narraban situaciones de mi vida sino la mayoría.

Mi admiración creció directamente proporcional al paso de los años, hasta que un día apareció “Romances” y logró embarcarme en un viaje sin escalas al pasado, más precisamente a mi infancia. Aquellos recuerdos me llevaron a las tardes de merienda compartidas con mi abuela, momentos amenizados con infaltables boleros de la época que tanto le gustaban. Por esa razón, al momento del lanzamiento de ese disco, conocía a la perfección las letras de aquellos clásicos, pero la emoción fue mayor cuando pude escuchar esos éxitos de antaño en la voz de Luis Miguel. En esa época no tenía a nadie con quien compartir esta pasión, sumado a que mis padres no me otorgaban permiso para salir y mucho menos sola, por lo que tuve que resignarme a esperar con ansias la televisación de los conciertos.

Los años siguieron pasando y mi vida continuó su rumbo pero siempre acompañada por sus canciones, escuchando sus producciones discográficas una y otra vez. En el año 1997, días antes de casarme, tuve un accidente que no solo truncó aquel importante momento sino que me sometió a un reposo de 6 meses, y la compañía de su música fue crucial en mi recuperación. “Sueña” fue el himno que me motivó en esa instancia, por eso me acompañó en mi boda que se concretó 9 meses después de aquel incidente. Sin dudas mi esposo sabía que se casaba conmigo y con la música de Luis Miguel, y por supuesto que mis hijos crecieron escuchándolo, es más, “Sueña” también los acompañó en mi vientre durante todo el embarazo.

En el año 2012 no la pasé bien, fue un tiempo en el que padecí ataques de pánico y una gran depresión, pero la noticia de la llegada de Luis Miguel a Buenos Aires me puso muy feliz, aunque no imaginé que podría verlo. Mi pequeña hija Milagros, con tan solo 10 años y la complicidad de dos mamás del jardín de mi hijo Nicolás, se las ingenió para comprarme una entrada con sus ahorros. El 4 de mayo, día en el que cumplo años, mis pequeños me entregaron un sobre blanco, y vaya sorpresa que me llevé cuando en su interior descubrí una entrada para su concierto en el estadio GEBA, fechado para el 19 de octubre, domingo que casualmente coincidía con el ‘Día de la madre’. Me costaba creer que iba a verlo por primera vez, y no podía dejar de admirar mi entrada para convencerme de que era realidad.

Cuando por fin llegó el día amaneció fresco y con llovizna, teníamos platea sin numerar así que decidimos salir temprano para el estadio; no está de más contarles que me sentía una adolescente porque todo era nuevo para mí. Al llegar comenzó la magia, fui testigo de la preparación del escenario y poco a poco la obscuridad del cielo anunció que la hora se acercaba. Debo confesar que cuando lo veía desde casa por televisión siempre pensaba, “¿Por qué gritan tanto?, yo solo quiero escucharlo, si estuviera ahí nunca lo haría”; algo que no pude cumplir porque estallé en un grito a todo pulmón cuando lo vi, pues todavía no podía creer que estaba viviendo ese momento. Ahí me prometí no volver a privarme de esa sensación, y que la próxima vez asistiría acompañada de mi amada hija. Fue un concierto maravilloso del que recuerdo una graciosa anécdota, la que sucedió cuando pasó un tren y él nos dijo asombrado: “No estoy loco, ¡Acaba de pasar un tren!”. Como todo lo bello de la vida transcurrió más rápido de lo que esperaba, y aunque disfruté cada instante no me fui hasta confirmar que comenzaban con el desmantelado del escenario.

En 2014 nos enteramos que volvía a mi querida Argentina y nos pusimos en campaña para comprar las entradas. Salió todo muy bien, por eso el 24 de octubre de ese año me encontró junto a mi hija en la fila 6, en el asiento 28 y 29, compartiendo un momento tan maravilloso como emocionante.

Nuevamente el tiempo voló dejándome con ganas de más, pero jamás imaginé que el destino me tendría reservado otro instante junto a él. Resultó que, navegando por Facebook, encontré a una chica que vendía 2 entradas para el sector campo (ubicado al final de los VIPS, por orden de llegada y de pie) porque no podía asistir al concierto. Así que me di a la tarea de hablar con una amiga que lo sigue desde siempre, y que sabía que faltaría a la cita por primera vez en tantos años. La suerte estuvo de nuestro lado porque pudimos conseguir el dinero, y el 26 de octubre concretamos un sueño más. Otra vez nos tocó un día que amenazaba con lluvia, con un cielo teñido de gris, pero cuando Luis Miguel irrumpió en el escenario se despejó, con decirles que sus palabras fueron “¡Qué hermosa está la luna!”. Cuando la buscamos en el firmamento la luna brillaba más que nunca, algo lógico porque ‘El Sol’ había salido y ella no quería perdérselo. Les cuento que esta vez el desafío fue mucho más grande para mí, puesto que no les dije que en aquel accidente me fracturé la cadera. Estar de pie un tiempo prolongado no era bueno para mí, y para colmo debía sumar el autocontrol de mis ataques de pánico, esfuerzo que valía la pena con tal de verlo.

Después de ese momento no soñé con volver a reencontrarme pronto con él, pero el año 2015 nos regaló la grata sorpresa de que visitaría Argentina otra vez. Al conocer la noticia me sentí feliz, pero de inmediato me vi sumida en la tristeza por no contar con los medios necesarios para adquirir una entrada. Pero una vez más el universo se apiadó de esta fan y conspiró a mi favor, alineando los planetas para concretar lo imposible.

Continuará…

Mónica

Aún queda mucho por conocer y emocionarse con la historia de Mónica, quien además tiene algo muy especial por compartirnos en la próxima publicación. No quiero finalizar esta columna sin desearles a ustedes, mis queridos lectores, y a Luis Miguel una bendecida Noche Buena y una feliz Navidad. Que el amor y la paz de Dios inunden sus corazones. Bendiciones para todos.

Euge Cabral

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