Luis Miguel, tu voz nos da vida

Maria Eugenia Cabral
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Gracias a esta hermosa labor, desde hace casi 8 años, tengo el honor de conocer historias que nacen de la profunda admiración que despierta Luis Miguel. Cada relato es especial porque testimonia la historia de un amor que llegó a nuestras vidas para quedarse y cambiarla para siempre. Pero en lo personal algunas vivencias logran calar en lo más hondo de mi corazón por lo fuertes y emotivas, como la de hoy que me ha conmovido hasta las lágrimas.

Siempre le pido a Dios que me brinde la oportunidad de platicar con Luis Miguel para poder transmitirle ésta y tantas historias de fans que merece conocerlas por lo trascendental de su presencia en sus vidas. Sigo insistiendo en que creo que no es totalmente consciente de lo que genera en nosotros, y que testimonios como el de hoy son un claro ejemplo del bien que nos hace.

Esta fotografía que aquí les comparto muestra una pancarta con la que asistí a un concierto junto a mis compañeras de aventuras, y es justamente esa frase la que impulsó a Ramón a cumplir su sueño:

Comencé a ser fan de Luis Miguel antes que mi papá, más precisamente en 1996 cuando yo tenía 14 años. En esa época se lanzaba el CD “Nada es igual” y de casualidad, buscando algo que ver en TV, me topé con un programa especial en el cual estrenarían el video de la canción “Dame“. Me llamó la atención así que decidí verlo, y desde ese momento quedé totalmente enamorada de ‘El Sol’.

Anteriormente había sido mega fan de Elvis Presley pero al descubrir en Luis Miguel un estilo muy parecido Elvis ocupó el segundo lugar en mi lista de favoritos. Cuando empecé a seguir a Micky compré todos sus discos, y con el tiempo logré tener una gran colección conformada por posters, videos, conciertos en vivo, revistas, libros, y un largo etc.

Pero esta historia que quiero contarles tiene de protagonista a mi papá, el que siempre fue un romántico empedernido, un bohemio que tocaba la guitarra desde muy joven y cantaba precioso. Hablo en pasado porque falleció, y cuando tuve que afrontar ese difícil momento sus amigos me contaron que solía acompañarlos a llevar serenatas a sus novias, con decirles que hasta logró la reconciliación de uno de ellos con su ex pareja, amor que los llevó al matrimonio.

Él siempre me cantaba acompañándose de su guitarra, y otras veces lo hacíamos a dúo. Le fascinaban los boleros, razón por la cual heredé el gusto por ese género musical y por el tango, hasta el grado de considerarme una fanática. Cuando comencé a comprar los discos mi papá tuvo la oportunidad de escuchar por primera vez parte de la serie “Romances”, llevaba a la fecha solo el primero y el segundo, y quedó encantado con el trabajo realizado, tanto así que se convirtió en su fan. Debo confesar que aunque prefería los boleros también escuchaba conmigo los discos Pop.

Aunque en ese entonces vivíamos en Oaxaca al anunciarse el lanzamiento de “Romances”, el tercero de la serie, nos encontrábamos de vacaciones en Acapulco. De inmediato averiguamos la fecha en que saldría a la venta y esa mañana, mis padres y yo, nos levantamos muy temprano para ser los primeros en comprarlo. Cuando abrieron la tienda entramos corriendo los dos, compramos el disco, e inmediatamente nos fuimos a pasear por Acapulco escuchándolo, es por ello que al oír canciones de aquel trabajo discográfico vienen a mi mente imágenes de ese bello lugar. Dimos muchas vueltas por toda la ciudad para escucharlo una y otra vez, con decirles que mi mamá lo sigue recordando como “El CD de Acapulco”, un momento realmente mágico que jamás olvidaré.

Pasaron los años y seguí siendo una súper fan, la clásica que se sabe toda su vida, sus canciones, que ha ido a conciertos siempre en primeras filas, y que lo defiende a morir. Papá cuando lo escuchaba conmigo me decía, “Escucha la voz de ese hombre, vocalmente hace cosas muy difíciles de lograr”, siempre dándome explicaciones técnicas. Veíamos los conciertos que yo grababa en VHS y después, conforme pasaron los años, lo veíamos en Youtube y él siempre fascinado con la voz de ‘El Sol’, con sus movimientos, pues realmente era algo que le impresionaba muchísimo. Confieso que mi papá me recordaba mucho a Micky, tenía ciertos gestos y formas de hablar que me parecían similares, y fueron precisamente esas similitudes en la personalidad las que me llevaron a tener una gran fascinación hacia mi padre, al que sin dudas adoraba y me resultaba encantador.

A mediados del año 2013 le diagnosticaron cáncer con 59 años de edad, tiempo en el que había sido totalmente sano y fuerte. En ese entonces recién se jubilaba y se estaba mudando conmigo (junto a mi mamá) en Mérida, Yucatán, en lo que construían su casita en un terreno que compraron por acá. ¡No lo podíamos creer! fue una noticia terrible para la familia pero él estaba seguro de poder superarlo, así fue como comenzó su tratamiento pero con los meses empeoró. Como les conté anteriormente él era muy fuerte antes de iniciar el tratamiento, hacía mucho deporte, razón por la cual fue difícil y desesperante tener que  aceptar por lo que estaba atravesando. A los tres meses había bajado drásticamente de peso, con mucho esfuerzo podía hablar, y sus piernas ya no le respondían. Fruto de la depresión dejó de comer y siempre estaba triste. Dormía con él para estar pendiente por si necesitaba ponerse de pie, puesto que olvidaba que no podía caminar y se aventaba de la cama, así que debía mantenerme alerta para sostenerlo en el aire. Literalmente me interné con mi papá sus últimos 6 meses de vida, dedicando solo a él mis días al igual que mi mamá. Le ponía los videos de los conciertos de Micky en mi computadora, nos sentábamos a escucharlo y así transcurrían nuestras horas. En esas fechas se anunció que Luis Miguel vendría a Mérida el 20 de diciembre de 2013, noticia que me emocionó muchísimo y se la transmití a la familia. Para ese entonces mi sobrino mayor ya era fan de ‘El Rey’ y me pidió que fuéramos juntos, así que aproveché para preguntarle a mamá si le parecía conveniente que llevara a mi papá.  Ella me dijo que no lo creía oportuno porque en su estado no iba a soportarlo, que no le dijera nada porque solo iba a conseguir entusiasmarlo y al no poder concretarlo lo haría sentir peor, así que lo desestimé. Mi papi no dijo nada al respecto porque en su estado tampoco pensó que pudiese ir, pero se alegró mucho que fuera con mi sobrino Luis Ramón (Ramón, como mi papá).

Una amiga de Aguascalientes me pidió que por favor le comprara su boleto porque pensaba venir a ver a Luis Miguel junto a nosotros, así que compré tres boletos en el área VIP. Cerca del día del concierto ella tuvo un accidente, se lastimó la espalda y aquello la derivó en una cirugía con urgencia, por lo que me avisó que no podría venir. Cuando procedí a preguntarle acerca del destino de su boleto me dijo claramente “Ese boleto es para tu papá, quiero que lo uses para llevarlo a ése concierto, yo se lo regalo, pero no quiero que lo uses con nadie más, tiene que ser con él. Y si llegará a pasar algo extremo, que por alguna razón no pudiese ir, lleva a tu mami”. Al escucharla me emocioné mucho, me llenó de alegría y por primera vez imaginé que tal vez podría ir conmigo a su primer concierto. De inmediato se lo dije a mi mamá, quien no sabía cómo reaccionar ante la posibilidad de consentirlo con un regalo que lo llevaría a exponerse a una situación de la que podrían surgir dificultades, y eso la preocupaba en demasía. Entonces me dijo “ok, coméntaselo a tu padre y que sea él quien lo decida”.

Mi papá estaba en su sillón de siempre cuando me acerqué y le dije “Te tengo una sorpresa, pero antes tenemos que platicar con tu doctor”. Él solo me observó detenidamente, pues ya casi no hablaba, con una carita triste y cansada. Cuando proseguí diciéndole “Te regalaron un boleto para ver a Luis Miguel”, abrió grande los ojos y su mirada fue una mezcla de emoción e incredulidad. Al preguntarle si deseaba asistir respondió afirmando con su cabeza, pero le aclaré que primero debíamos hablar con el doctor para que lo autorizara. La primera vez que se le consultó al especialista lo hice yo puesto que mi papá no hablaba, y su respuesta fue un contundente no. Se justificó diciendo que estaba demasiado débil, que había bajado mucho de peso, que el ruido y el ajetreo le podrían hacer daño, y que definitivamente no debíamos arriesgarlo a una situación de esa naturaleza. Fue muy frustrante para nosotros, salimos muy tristes de esa consulta y procedí a comunicarle de inmediato a mi amiga. Al saberlo ella expresó: “Yo quiero que vaya tu papá, pero si va a arriesgar su salud entonces úsalo con tu mamá”.

Mi papá tenía citas cada dos semanas para revisar cómo iban los resultados de las quimioterapias y, para ese tiempo, también le practicaban radioterapias porque el cáncer se había expandido a su cabeza (por eso no podía caminar). Para la siguiente visita, cuando estábamos despidiéndonos del doctor, mi papá habló con mucha dificultad y en ese susurro preguntó, “Doctor, ¿Puedo ir al concierto?”. El especialista comenzó a reír y le dijo, “¿De verdad tiene tantas ganas de ir? ¿Tanto le gusta?” y mi papá respondió que sí, que le gustaba mucho. Entonces el médico le hizo una propuesta, “Ok, hagamos un trato. Usted no quiere comer ni hacer sus ejercicios, tiene dos semanas para su próxima consulta, si para ese entonces acude a la cita en mejor estado podrá ir. Pero le aclaro que debo verlo más fuerte, y para lograrlo debe subir de peso, tener otro semblante y hacer sus ejercicios”.

Salimos de aquella cita muy alegres, con decirles que al llegar a casa me pidió de cenar lo que ordenaba su nutricionista, eso sí, expresó claramente que deseaba doble ración (está de más decir que nunca la quería comer). Después le pidió a mi mamá que lo ayudará con sus ejercicios de las piernas, y desde esa noche se esforzó muchísimo comiendo todo lo que yo le preparaba, siempre pidiendo doble porción en el desayuno, comida y cena. Estaba decidido a cumplir su sueño y se tenía mucha Fe porque siempre nos decía: “Sí, voy a poder ir”.

Cuando llegó el día de la nueva cita con el médico éste quedó impresionado puesto que mi papá entró caminando al consultorio, cabe destacar que siempre lo llevábamos en silla de ruedas desde que perdió fuerza en sus piernas, y la balanza confirmó que había subido de peso. Por supuesto que el doctor cumplió con su palabra y le informó que se había ganado la oportunidad de asistir al concierto. Antes de retirarnos nos dio una serie de recomendaciones, y pidió expresamente que no asistiera si se sentía mal ese día, o que de inmediato procediéramos a retirarlo del recinto si se descomponía durante el evento. Mi papá continuó con sus cuidados los días previos al concierto, pero lamentablemente un día antes recayó. La mañana del ansiado día amaneció mal, estaba en cama muy débil y comenzamos a contemplar la posibilidad de que no podría asistir. Hablé con él e insistió muchísimo en que podría lograrlo, que no nos preocupáramos que en la noche estaría listo. Lo veíamos tan mal que mi hermano pensó que más tarde sería mi papá quien pediría no asistir.

Tuve que ausentarme de la casa por un rato y antes de salir le dije que vendría por él temprano, pero que no se preocupara si no se sentía bien. Él mantuvo su firmeza y me dijo: “Yo estaré listo”. Luego le pidió a mi mamá que le preparara su saco de vestir, y a mi hermano que le prestara un sombrero. Cuando llegué a buscarlo mi papá estaba esperándonos en su sillón, tan elegante como guapo, y mi sobrino al verlo no pudo evitar las lágrimas, algo inevitable porque a mí también se me partió el corazón.

Mi hermana nos llevó al concierto, fuimos todo el camino escuchando a Micky y coreando sus canciones, pero al llegar se dio cuenta que se sentía débil y que necesitaría de la asistencia de una silla de ruedas. Algo que no pensamos que fuese una complicación lo terminó siendo, ya que no habíamos llevado una porque supuestamente allí nos la proporcionarían, pero resultó que al solicitarla no la tenían. Le pregunté a mi papá si deseaba irse y respondió que no, que caminaría. No tuvimos más remedio que cruzar todo el estadio a paso muy lento, uno a cada lado para que pudiese sostenerse. Cuando llegamos al sector preguntamos por nuestros lugares y al acomodarnos no pudo creer lo que sus ojos le devolvían. Se quedó observándome con cara de querer preguntarme “¿Es aquí?”, y ante su asombro le dije que sí, que lo íbamos a tener súper cerca. Continuó un tiempo con la expresión de no poder creerlo, extasiado no dejaba de mirar hacia todos lados. Cuando logramos sentarlo coloqué su saco como soporte porque al estar tan flaquito le dolía sentarse en lugares sin algún tipo de relleno. Y aunque cueste creerlo se ponía de pie a cada rato para no perder detalle de lo que acontecía, miraba atentamente la gente que llegaba, y me mostraba cómo se iba llenando el estadio. Estaba entre la desesperación y la emoción, y su ansiedad lo obligaba a preguntarme a cada rato si ya iba a comenzar. Cuando las luces se apagaron él se levantó, lo abracé muy fuerte y mi sobrino se volteó a verlo muy emocionado, aunque aguardábamos por Micky no queríamos perdernos su reacción, pues necesitábamos verlo contento. Les cuento que mi papá y mi sobrino se quedaron en shock cuando Luismi irrumpió en el escenario, y no fue para menos.

Todo el concierto estuve pendiente de mi papi preguntándole si se sentía bien, si necesitaba retirarse, y su respuesta siempre fue la misma, me decía que no, que estaba perfecto. Solo se sentaba cuando se sentía muy cansado, y yo lo hacía con él para ayudarlo a sostener su espalda porque no podía recargarse en la silla. Estaba muy contento, con decirles que cuando salió el mariachi se levantó otra vez y, para nuestra sorpresa, se sostuvo de la silla que estaba delante y se puso a bailar. ¡Lo disfrutó muchísimo!

Les juro que me hubiese gustado acercarlo a Luismi para que lo saludara, pero al estar tan juntos unos con otros iba a tornarse muy difícil pasar entre la gente, así que solo lo dejé gozar. Pudimos quedarnos todo el concierto porque aguantó de principio a fin, y créanme que se sintió inmensamente feliz. Al salir vimos a mi hermana, quien había esperado afuera por si necesitábamos retirarlo con urgencia del lugar, que no paraba de llorar por la emoción de que mi papá lo hubiese logrado. Le preguntó, ¿Te gustó? Y él le respondió: “Sí, ¡Está muy galán!” Ante su respuesta todos nos reímos y mi hermana volvió a indagar, “¿Pero te gustó el concierto?”, y él declaró que le había gustado muchísimo y que por ende quería repetir.

Días después se anunció que Ricky Martin llegaría a Mérida, y mi mamá le preguntó si quería asistir a ese concierto porque si así lo deseaba le regalaba el boleto. La respuesta de mi padre fue: “Te cambio mil conciertos de Ricky Martin por uno más de Luis Miguel”, expresión que compartí ciento por ciento.

Mi papá falleció el 4 de febrero de 2014, y jamás dejaré de agradecerle a aquella amiga la posibilidad de vivir una de las experiencias más hermosas de mi vida, cuando nos dimos el gusto de ir juntos a ver a nuestro artista favorito sin siquiera maginar que ese sería su último paseo. Y es precisamente la canción “Nosotros” la que refleja nuestra historia, por eso se la dediqué cuando falleció y la escucho en cada aniversario.

Ojalá algún día Luis Miguel pueda saber del gran esfuerzo que tuvo que afrontar mi papá con tal de disfrutarlo en un concierto, motivado por el inmenso cariño y admiración que sentía por este gran artista.

Me llena de orgullo poder presumirles al incansable luchador que tuve como padre.

Con todo mi amor y en tu memoria papi

Mimí

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