Mi motivo mejor eres tú

Maria Eugenia Cabral
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4 de octubre de 2011

Habíamos quedado en que por fin, luego de casi 48 hs. de viaje, teníamos frente a frente al ser que nos transporta instantáneamente al paraíso con el sólo susurro de su voz: Luis Miguel.

Cada vez que tengo la oportunidad de disfrutarlo en show, me siento la mujer más dichosa del planeta. Solo él logra abstraerme del mundo que me rodea esos 90 minutos de concierto. En esta ocasión especial, puesto que me encontraba a casi 10.000 kms. de mi tierra, mis sensaciones se exacerbaron. A causa de ello, todo lo vivido fue mucho más intenso, ¿Quién iba a decir 2 meses atrás que Dios me tenía preparado semejante regalo? Desde esa noche nunca dejé de agradecerle la posibilidad de concretar este anhelado viaje y con la mejor compañía. Tanta felicidad no cabía dentro mío, y esto sólo era el comienzo de este inolvidable sueño hecho realidad.

Durante todo el show, observé a Miky hasta el mínimo detalle: siempre tan lindo, elegante, simpático y cantando como los dioses. Fue una estupenda sorpresa escuchar los boleros viejitos que no había traído en esta gira para la Argentina. 

En sus palabras de bienvenida, dulcemente agradeció a su público la compañía y nos sorprendió con una mención especial hacia algo que acaparó su mirada gran parte de la velada: se refirió a la luna que lo tenía totalmente embelesado, invitándonos a que la buscáramos en el cielo para contemplar su hermosura. Un detalle muy lindo e inusual, que grabé en mi corazón y en mi memoria para siempre esa noche, fue su carita tierna cual niño apreciando esa imponente luna, a la que le cantó exclusivamente por varios minutos. No dejaba de hacernos señas con sus manos para que detuviéramos nuestra mirada en ella (estaba obnubilado) mientras repetía a viva voz: ¿ya la vieron? ¿La vieron?

No logré, hasta pasada la mitad del concierto, que Miky supiera que ahí  estaba. Pero más tarde el destino se puso de mi lado y fue en ese momento cuando por fin Luis Miguel logró divisarme, haciéndome un gesto con sus ojos como diciendo: ah! ¡Ahí estás! 

A pesar de que no era momento de tomar manos, se reclinó hacia mí, y estiró su mano tratando de tomar la mía. Las fans que tenía a mi lado (un poco más altas que yo) decidieron hacerse cargo de ese precioso detalle y Miky, tan lindo, esquivó sus manos para alcanzar la mía. Este bello gesto vino acompañado de una dulce mirada directa a mis ojos (con guiñada incluida) y con una inmensa y conmovedora sonrisa. En ese mágico momento, cuando nuestras manos permanecían unidas y mi mirada se perdía en la suya, hubiese querido inventar la fórmula para detener el tiempo, pero como aún trabajo en ello, decidí expresarle (con un fuerte grito) mi sentir con sólo dos palabras: “Te quiero”. 

Les juro que después de ese momento inolvidable, automáticamente pensé en que ya el viaje había sido un éxito (todo había valido la pena y más).

Luego del medley, de sus éxitos de pop, Miky se despidió para dar paso a una gran fiesta de danzas típicas de México. El gran ballet estaba formado por un charro que hacía destrezas con un lazo, y cuatro parejas que bailaban al son de popurrís de canciones mexicanas. A continuación, las bailarinas dieron lugar a sus compañeros para que nos deleitaran con su majestuosa “Danza de los Machetes”. Mis lágrimas estaban a flor de piel, el estadio vibraba y ya la algarabía por la Independencia de México se instalaba en el ambiente.

Al término de las bailes típicos, los primeros acordes de “Cielito lindo” no se hicieron esperar, provocando una revolución total a mis sentidos. Luis Miguel reapareció en escena, esta vez al comienzo de la escalera que conforma el escenario, escoltado a su izquierda y derecha por los mariachis. A estas alturas, cuando mis oídos escucharon “ayyy ayyy ayyyy ayyyyy, canta y no llores, porque cantando se alegra cielito lindo los corazones”, a pesar de la letra de la canción, no pude contener mis lágrimas fruto de la profunda emoción del momento. Cuantas veces había escuchado esta preciosa canción, una de mis favoritas, en distintas voces y ahí la estaba entonando Luis Miguel con tanto sentimiento. Cerré mis ojos y me transporté a mi México querido. Esa noche fui una mexicana más en la audiencia.

No puedo expresar con palabras lo que disfruté de la selección inmejorable de rancheras. 

Cuando le tocó el turno a “Motivos”, nuevamente la interpretación sublime de Luis Miguel me hizo temblar y me sentí vulnerable ¿cómo puede ser que se apodere así de mi alma y de mis sentimientos?. Cantó tan dulce y sentida la canción, que logró que la viviera de una manera personal e intimista. Mientras escuchaba de su voz la siguiente frase: “Y me quedo mirándote a ti, encontrándote tantos motivos. Yo concluyo, que mi motivo mejor eres tú”, no dejaba de confirmar que él es mi motivo y el responsable de las locuras más bellas que he realizado en nombre de un sentimiento. 

Durante todo el show estuve en un costadito abrazada a la valla con mi bandera Argentina, lejos de mis amigas que estaban más al centro, ya que no teníamos las mismas ubicaciones. Lamenté no poder estar al lado de ellas, sobre todo de Marthita y Lucy (ya que sólo esa noche estaríamos juntas), pero estaba segura de que lo estaban disfrutando tanto como yo.

 En el centro del escenario había una gran cantidad de gente, una pegadita a la otra, lo que me im-

posibilitaba divisar desde mi lugar a mis entrañables compañeras de aventura. En un momento observo a Miky acercarse a sus fans y tomar en su mano a un muñequito mexicano con su sombrero y botella de tequila (era el regalo que Martha le había llevado) y créanme que a mi razón le costó asimilar lo que mis ojos captaron. Mi valiente amiga estaba ahí, en medio del tumulto de gente que ejercía presión por llegar a Luis Miguel, cuando días atrás había estado delicada de salud y por ende, al estar convaleciente todavía, debía cuidarse y mucho. ¿Díganme si esto no es amor del bueno? Claro que sí, una verdadera manifestación y prueba del cariño que siente hacia Luis Miguel. Aunque confieso que me preocupé por ella, concuerdo en que él es la mejor medicina que nos puede recetar el doctor, tanto para el cuerpo como para nuestra alma.

Finalizado el concierto (déjenme contarles que duró 125 gloriosos minutos aproximadamente) nos reunimos en la puerta de ingreso al lugar y en todas prevalecía una gran sonrisa acompañada de una felicidad plena por todo lo acontecido. Deberían nombrar a Miky el dueño absoluto e indiscutido de la felicidad ¿no creen?, Ya que él es sinónimo de ella para nosotras. Creo que no nos alcanzaría la vida para agradecerle lo que nos hace sentir.

A pesar del cansancio que delataban nuestros rostros, las celebraciones debían continuar, ya que con algunas amigas (Martha, Lucy y Regina) no habría otra oportunidad de compartir tiempo, al menos en este tour. Nos fuimos a cenar y fue una comida internacional: ahí estaba presente Chile con Paola, México con Marthita, Perú con Lucy, El Salvador con Regina, EEUU con Eloise, su hija y una amiga y por supuesto Argentina.

La charla estuvo sensacional y se extendió hasta las 4 de la madrugada, siendo Luis Miguel el gran protagonista de la noche, pero como dice la canción: nos hizo falta tiempo. Nos hubiéramos quedado hasta el amanecer, ganas no faltaron, pero nuestras amigas debían tomar a primera hora su avión de regreso, y nosotras debíamos recuperar horas de sueño para continuar con nuestro soñado viaje.  

Al día siguiente la ciudad de Los Ángeles nos aguardaba, de manos de una anfitriona de lujo: nuestra querida amiga Katty (que ya tenía preparado un mini tour por los lugares más importantes).

Continuará….

Euge Cabral

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