Luis Miguel, te llevo en el corazón

Euge Cabral
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Hace algunos días estuve paseando por Buenos Aires, lugar al que me une entrañables afectos, y aproveché la ocasión para encontrarme con fans de Luis Miguel. Esa bonita costumbre de reunirnos, cada vez que visito aquella bella ciudad cosmopolita, se ha vuelto una tradición porque es un momento en el que podemos sentir a Luis Miguel un poquito más cerca, a pesar de no tenerlo físicamente entre nosotros, ya que lo tenemos presente en cada conversación que surge. Es algo imposible de explicar esto de sentirnos ligados a personas que no frecuentamos, pero cuando pensamos en que compartimos el amor incondicional a un artista que decidió formar partes de nuestras vidas entregándolo todo, en el sentido más amplio de la palabra, el misterio se resuelve. Es doblemente emocionante vivir esta experiencia cuando en esos encuentros tenemos la oportunidad de llevar a un plano más concreto la relación de amistad engendrada y sostenida a través de los medios tecnológicos, que si bien nos acercan a las personas de una forma no tradicional –aunque en la actualidad ha pasado a serlo-, no se compara a la interacción de las miradas, ni mucho menos a lo que genera un fuerte abrazo.

Si se preguntan cuál fue el tema central de la charla se los puedo resumir en dos palabras: Luis Miguel. Coincidimos en que se lo extraña, en las ganas de verlo en acción otra vez en nuestra tierra, y por supuesto, la protagonista de la plática fue la gran incógnita que gira alrededor de una nueva producción. Las horas volaron entre anécdotas, risas, fotos, y abrazos. Nunca deja de conmoverme escuchar hablar a los fans con tal admiración y cariño hacia Luis Miguel, sentimientos que pueden verse reflejados en el brillo de sus ojos. Cuando cayó la tarde tuve que emprender el regreso, pues un largo viaje a Córdoba me esperaba. Así que nos despedimos con la promesa de volver a encontrarnos pronto.

Quiero agradecer a los fans que nunca faltan a la cita, Alejandra, Miguel, Adriana y Patricia, y a quienes me honraron con su presencia por primera vez, Carolina, Andrea, Mariela, Claudia, Luz, Sandra, Viki, y Viviana. Gracias también a Rita porque, a pesar de no coincidir en el horario por otros compromisos, se preocupó por pasar a dejarnos una de sus especialidades con la que endulzamos la tarde. No quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer también a mi querida Ruby por su hospitalidad, amistad y cariño.

En otro orden de cosas, quisiera contarles que hace unos días tuve otro encuentro, pero esta vez la cita fue cibernética. Tiempo atrás descubrí que Miky también tiene fans en Australia, algo que por supuesto acaparó mi atención pero no me sorprendió, porque su voz ha dado la vuelta al mundo, conquistando corazones de diferentes nacionalidades. Inmediatamente me di a la tarea de contactar a quien deseo presentarles, para invitarla a compartir su historia con todos nosotros. Déjenme anticiparles que es muy interesante, y que en cada palabra de su relato verán manifestadas la tenacidad y la fortaleza, cuando el motor que nos impulsa a cumplir nuestros sueños es el amor de una fan incondicional:  

Mi nombre es María de Lourdes (Malu), soy de un hermoso pueblo del estado de Veracruz, y la menor de cuatro hermanos. Me historia con Luis Miguel comenzó gracias a mi Madrina Francisca, ya que un día decidió obsequiarme un disco que tenía, el cual me atrapó en el preciso momento en que lo tomé en mis manos. Aquel disco resultó ser “Directo al corazón”, y aunque era una niña, de apenas 8 años que no sabía hasta ese entonces quien era este gran artista, pude ser capaz de darme cuenta lo guapo que se veía, con su melena y esos ojos que hipnotizaban. Cuando llegué a casa lo escuché de inmediato y me encantó, tanto así que lo repetía varias veces al día -gracias a Dios que no se rayó. Tiempo después tuve la oportunidad de verlo en la película “Ya nunca más”, y no se imaginan cuánto lloré, porque viví la amputación de su pierna como algo real, puesto que aún conservaba la inocencia de niña. Ahí mismo decidí que algún día tenía que verlo en persona.

En mi pueblo, en aquel tiempo, los sábados se instalaba un mercado donde se podía comprar ropa, zapatos, verduras y hasta cassettes. Así fue cómo adquirí el primero de mi colección, aunque desconocía si era su nueva producción o la anterior, ya que no contaba con información de ‘El Sol’. Lo importante para mí era tener ese cassette, y ese primero fue “Luis Miguel 87. Soy como quiero ser”. Después de aquel encontré “Un hombre busca a una mujer”, también sin saber si era el reciente.

Así voló el tiempo hasta que por fin se anunció en el Canal de las Estrellas su película con Lucerito,

 “Fiebre de amor”, cuya canción que inspiró el nombre me fascinó. Lamentablemente no pude conseguir el cassette con las canciones del film, pero sí más tarde “20 años”, uno de mis favoritos.

Apenas ingresé a la secundaria a una amiga le regalaron “Romances”, se lo trajeron de la ciudad, así que se lo pedí prestado y lo grabé.  Posteriormente entré a la preparatoria, y una maestra de química me prestó el CD “Aries”, disco que no había podido comprar por mis dificultades económicas.

En mi último año en la prepa llegó un profesor nuevo, venia de Álamo, Veracruz, llamado Julio César. Era muy buena persona y con él, mi amiga Cecilia y yo, entablábamos una rica plática después de clases. Para nuestra sorpresa en una de esas conversaciones surgió Luis Miguel, y es que sin querer queriendo este profesor resultó ser su fan, y por supuesto que contaba  con la colección de discos completa. Me quedé sorprendida, no podía creerlo, ya que jamás había conocido a alguien que tuviera todos los discos de ‘El Rey’. Nos hicimos amigos fuera de la escuela, pues teníamos mucho en común, salíamos los tres juntos a comer, a las discos, y nunca olvidaré que en una de ellas bailamos “Cómo es posible que a mi lado”. Un día, Julio César, llegó con un cassette grabado por él mismo con puras canciones de Miky de su preferencia, el que me regaló como despedida, ya que no terminaría el ciclo escolar con nosotras porque había pedido su cambio a Veracruz. Ese distanciamiento físico no impidió que siguiéramos en contacto a través de cartas, e incluso vino a mi graduación porque fue el padrino de mi amiga Cecilia.

El tiempo transcurrió, y sentí la necesidad de salir del pueblo para proseguir con mis estudios. Viví en diferentes partes de México, en Huachinango, Puebla, D.F., y en Tampico, donde estudié en la universidad la Licenciatura en Educación Física. Todos esos años, incluso los veranos, me dediqué a trabajar para afrontar los gastos de mi escuela, por lo que no podía darme muchos privilegios. 

Cuando escuché que Luis Miguel iba siempre a Monterrey decidí irme a buscar trabajo en esa ciudad, aprovechando que tenía un familiar allá, pero a pesar de eso no fue fácil. Atravesé cosas difíciles, puesto que a pesar de que ya había finalizado mis estudios en la universidad, me vi imposibilitada de ejercer mi profesión, así que no tuve más opción que tomar un puesto de trabajo en una fábrica de carnes frías. Ahí conocí a Héctor, mi actual mejor amigo, aunque diría que es casi mi hermano, quien conocía acerca de mi pasión por Miky. Trabajaba día y noche para ahorrar con tal de poder asistir a uno de sus conciertos, siempre aprovechaba las horas extras aunque me viera afectada con un dolor de espalda terrible, hasta que sufrí la peor decepción del mundo, alguien que vivía en mi departamento me robó el dinero que con tanto esfuerzo había conseguido. A causa de esto decidí cambiarme con una familia que tenía un cuarto desocupado, y también renové mi trabajo, ya que empecé a trabajar en una oficina.

En el año 2005 falleció mi amigo Julio César en un accidente automovilístico, y su muerte me afectó muchísimo; me la pasaba escuchando el cassette de Luis Miguel que me había regalado, y eso me aliviaba un poquito del fuerte golpe recibido.

2006 trajo consigo el anunció de la gira “México en la piel”, así que fue hora de retomar mis ahorros, aunque contaba con poco tiempo para lograr un lugar VIP, por lo que me tuve que conformar con un boleto de las últimas filas -lamentablemente no me alcanzó para más. Mi amigo Héctor fue a comprar el boleto, y cuando regresó intentó asustarme diciéndome que lo había perdido. Por un momento le creí, pero al ratito me entregó el ticket. ¡Por fin lo tenía! Iba a asistir a mi primer concierto y aún no me lo creía. Cuando llegó el día, 5 de marzo de 2006, era tan grande mi emoción que me fui dos horas antes a la Arena Monterrey, y eso que vivía a 5 minutos de allí. Fui la primera en llegar, pero en un abrir y cerrar de ojos la Arena estaba completamente llena, con público de todas las edades. Cuando salió Luis Miguel se me enchinó la piel y brotaron mis lágrimas, pues no podía creer que estuviera ahí escuchándolo en vivo. ¡Wow! fue una experiencia que solo las LuisMigueleras entendemos, y aunque estaba en las últimas filas lo disfruté muchísimo… canté, lloré y grité hasta quedarme sin voz. En ese concierto me prometí verlo bien cerquita algún día.

Imagino que se estarán preguntando cómo fue que llegué a Australia, pues para develar ese misterio tendrán que esperar al próximo capítulo.

Continuará….

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