Luis Miguel, ¡Me gustas tal como eres!

Euge Cabral
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Los fans de Luis Miguel desbordamos de alegría porque su regreso a los escenarios ya tiene fecha. Quiero contarles que ‘El Sol de México’ brillará con todo su esplendor el próximo septiembre en Estados Unidos. Se presentará el día 11 de septiembre en el Usana Amphitheatre, en Salt Lake City, Utah, el 12 de septiembre en el Mandalay Events Center en Las Vegas, Nevada, el 13 en el Honda Center en Anaheim, California, el 15 en el Don Haskins Center en El Paso, Texas, el 16 en el Comerica Theatre en Phoenix, Arizona, el 18 en el Fantasy Springs Resort Casino en Indio, California, el 19 en el Grand Sierra Casino en Reno, Nevada y el 20 en el SAP Center en San José, California. ¡Wow! Qué afortunados los que tengan la oportunidad de tenerlo en su ciudad, no dejen de darse el privilegio de escuchar la voz más prodigiosa del mundo.

Supe contarles hace algún tiempo, que en el año 2004 me topé con un foro de discusión denominado “La casa de Luis Miguel”, en el que se daban cita fans de diferentes nacionalidades, para hablar del artista latino más grande de todos los tiempos. Fue un hallazgo que me abrió las puertas a un mágico y nuevo mundo, porque no solo pude compartir esta pasión con personas que sentían y vibraban en la misma sintonía que yo, sino que en ellas descubrí grandes amistades que hasta el día de hoy me acompañan. En ese entonces, los medios de comunicación de mi país solo difundían noticias de Luis Miguel a cuentagotas,  fundamentalmente cuando nos visitaba, y poder contar, a través de este sitio, con información fidedigna y actual respecto a su carrera fue sorprendente. Pude disfrutar de material –fotos, audios, videos etc.- que nunca antes había visto, y lo mejor… hacer mías las anécdotas de quienes habían tenido el privilegio de cumplir su sueño: compartir un instante con él y plasmarlo en una imagen para toda la vida.

Allí conocí a fans de hueso colorado, las pioneras en esto de emprender viajes fuera de las fronteras de la tierra que las vio nacer, con tal de vivir una nueva experiencia junto a Luis Miguel. Fueron ellas las que despertaron en mí el deseo de verlo en diferentes escenarios, especialmente en México y en Las Vegas. En esa época sentía lejana la posibilidad de concretar aquel sueño, pero mientras tanto podía palpar muy de cerca, a través de los relatos de las Mikyaventureras, lo que alguna vez viviría junto a Luis Miguel y mis amigas, cuando Dios me diera la posibilidad de volar –literal- tras ese gran anhelo.

En dicho foro conocí a María José, una guapa española de Murcia, con la que sigo teniendo contacto en la actualidad. En aquel tiempo esperábamos deseosas sus relatos, con los cuales nos deleitábamos a más no poder, pero nos tuvo en vilo con uno muy especial: su tercer viaje a México tras Luis Miguel. Leerlo me transportó hasta allí con el pensamiento, porque logró con cada palabra abstraerme por completo de la realidad. Dicen que recordar es volver a vivir, por eso los invito a rememorar este inolvidable relato:

Ay Dios mío, ¿por dónde empiezo? Por el principio, será lo mejor.   

Euge ya me presentó, así que no me detendré en ello, y pasaré directo a compartirles –a pedido de muchas fans- el relato de mi viaje a México con todo detalle, así que ya de una vez aviso que, como es normal en mí, voy a extenderme largo y tendido.

Salí para México y aquello fue un relajo desde el primer momento. Al aeropuerto fueron a buscarme mis dos hadas madrinas, Eva y Martha, pero también estaban Olivia, Susana y Daniela del club ‘Vivo’.  ¡Qué lujo de comitiva, señoras!, nadie puede soñar una bienvenida mejor.

De allí fuimos a casa de Martha y entre risas (qué bárbaras, no se imaginan el sentido del humor que tienen esa ‘bola de locas’) pasamos la tarde. Allí me dieron a probar la bebida el ‘Charro negro’ (tequila con la famosa bebida de cola). Ya se imaginarán, con jet lag y la cabeza dándome vueltas, todavía perdida en las turbulencias del avión… fue una buena forma de ponerme acorde con su divertido estado de ánimo.

Como dice Martha, llegué como cucaracha fumigada, pero nada de descansar que el tiempo es corto, y es que a las diez teníamos una cita ineludible de la cual se negaron a darme más información.

Así, luchando por mantener los ojos abiertos, me subí a la camioneta sin saber a dónde iba. Creí que alucinaba cuando nos detuvimos frente a un local de nombre “Papa Beto” donde, a través de los cristales, me pareció ver a Lalo –el bajista de Luis Miguel- sobre una tarima, acompañado de otros músicos. Parpadeé para alejar la alucinación, pero al abrir los ojos no sólo lo vi nuevamente, sino que observé que además estaba el resto de los muchachos de Luis. Con la boca abierta (para risa de mis compañeras por mi expresión), bajé de la camioneta y entonces entendí, se trataba de un concierto de los integrantes de su banda.

 En un principio pensé que era No-Pals (para los que no saben esta es una banda formada por algunos de los músicos de Luis Miguel), pero allá estaban absolutamente todos sus músicos junto a un ensamble de trombones dirigidos por Alejandro Carballo. Disfrutar aquello fue una delicia y una gran sorpresa para mí porque no me lo esperaba.

Ya descansada tocó el turno de asistir al primer concierto. Martha, Eva, Oli, Choni y yo, llegamos a donde estaba el resto de las chicas del club Vivo: Susi, Dani, Dulce, Lizth y su esposo, Isabel, Patty y Jacky -Dios mío, sé que dejo gente afuera pero no puedo recordar todos los nombres. 

Tras un ratito de plática se hizo la hora del comienzo y entramos al recinto. Sentí que Silvia me tomaba de la mano y entraba conmigo (ella fue una gran fan y amiga, que nos dejó hace algunos años a causa de una enfermedad terminal), y me invadieron tantos recuerdos mientras descendía esas largas escaleras. Cuando por fin llegó el momento, aunque estaba allí, aún me costaba creérmelo. Tres años habían pasado desde que visitara el Auditorio por última vez y todo era tal como recordaba.

Estaba que me desvanecía a causa de mis nervios, teníamos primera fila orillada y apenas si me sostenían las piernas por la emoción… es que había leído tantas cosas maravillosas y estaba tomando conciencia de que por fin iba a presenciarlas.

Martha había llevado una rosa para que yo pudiera dársela, pero con lo vergonzosa que soy surgió el conflicto, puesto que deseaba acercarme y la pena de hacer el ridículo detenía mis impulsos. El querer y no poder me llevaron al desastre, hasta que Martha me dijo “Tranquila, le vas a dar tu rosa, hazme caso y obedéceme y avanzas cuando yo te diga”. Me cuadré como militar y le dije “A sus órdenes mi Generala”. Automáticamente mis nervios cedieron y me dispuse a disfrutar de lo que llegara.

Hago una pausa para contarles que desde la gira “MELP” la llamamos Generala y no es de gratis, sino porque así es, lo máximo. Bueno, no más decirles que en el Auditorio Nacional más que la Generala es la Reina, aunque la he rebautizado como Moisés, pues así como frente a él se abrieron las aguas del Mar Rojo, frente a Martha se abren todos los caminos en el coloso de Reforma.

Era el día 28 de febrero y llegaba Lucy de Perú, por fin iba a conocerla. Con Martha fui a buscarla al aeropuerto y hay que ver cómo se quieren esas dos. Pasamos el día de turistas hasta que llegó la hora de alistarse para el concierto, estábamos dispuestas a vivir otra noche mágica, otra noche especial…

Lucy tenía entrada en la doble A (es la primerísima fila), y Martha y yo también estábamos allí pero orilladas en el ladito.

En cuanto Luis salió, Lucy le enseñó la bandera de Perú y el nene –así le llamo cariñosamente- la reconoció enseguida. Martha y yo hicimos como el día anterior, y enseguida nos fuimos al centro junto a Lucy, la que por cierto fue la afortunada de conseguir rosa de manos de Miky en esta ocasión.

Esa noche pude ver otra de esas cosas que te hacen decir “lo creo porque lo veo”. Verán, en “Sabes una cosa” Luis intercambió una mirada de complicidad con Martha, que estaba junto a Lucy, e inmediatamente le sonrió y se quedó mirando en su dirección, para dedicarle una estrofa completa de esa canción. Mientras esto acontecía me pregunté “¿Me la está cantando a mí?”, hasta que comprendí que sólo fue una ilusión óptica y mis ganas, puesto que estaba justito detrás de Martha y era a ella a quien le cantaba. Lo cierto es que esa noche a mí ni me peló -como dicen en México. Déjenme contarles que mientras estábamos del lado derecho traté de darle la mano, aún a riesgo de  vida porque enseguida vino la bola de gente y me aplastó, y ni caso me hizo. Aunque sí me miró varias veces pero me ignoró, según yo lo hizo deliberadamente –ja ja. El caso es que me vi tan ridícula que ya no volví a intentarlo, aunque sí noté que cuando fueron todas a extenderle la mano y yo me quedé solita, un paso atrás, me miró y se le salió una carcajada. Ahí debió pensar “Ya te cansaste de intentarlo”, pero no quiero que crean que soy engreída por decir esto, pues supongo que la carcajada no sería por mí realmente pero ¿qué quieren que les diga?, la imaginación es libre y una barre para su tejado.

En el speech Luis Miguel mencionó la cuenta regresiva, ya que quedaban siete conciertos nada más, y volvió a agradecer a todo el mundo. Pidió aplausos para sus músicos y coristas, y en un momento se acercó al balcón para saludar al público y ocasionó tal descontrol, que pensé se vendrían todos para abajo. 

Esa gira en México -Cómplices en el año 2009- resultó muy distinta a las dos anteriores a las que asistí. En “33” y “MELP” se guardaban mucho las formas entre los guardias y el público del Auditorio; apenas si dejaban pasar unas cuantas a saludar y enseguida las regresaban a sus asientos. Pero ese año ¡Wow!, dejaron pasar a un montón de niñas porque Luis las animaba con gestos a acercarse, mientras que los guardias les permitían estar mucho tiempo allí en las canciones más movidas. Fue placentero, créanme que hasta ese momento jamás había visto a Luis Miguel disfrutar tanto, y estar tan cercano a su público. Fue un intercambio maravilloso.  

Ya luego entramos en el mes de marzo y llegó mi concierto número tres en el Auditorio Nacional, y ¿pueden creer que aún no me había atrevido a sacar mi bandera? Cuando tomé conciencia que las oportunidades iban reduciéndose en el tiempo me dije: “De esta noche no pasa para que el nene sepa que también tiene seguidores de España aquí” -Ya verán que del dicho al hecho, va mucho trecho.

En ese concierto estaba solita del lado derecho, y Martha con Lucy del lado central. Así que me pasé medio concierto sin mi Hada Madrina, pero no crean que estuve desamparada, porque ahí estuvo mi hado madrino: el gran Roberto –personal de seguridad. El hombre fue un amor, y al verme desamparada se dedicó a cuidarme todo el rato. Él se dio cuenta de inmediato que soy muy vergonzosa y estuvo al pendiente de mí y, como ya sabía el concierto de memoria, en el momento preciso se acercó y me dijo: “Pásele a saludar ahora”. Así fue como me atreví a pasar al frente del escenario, antes de que viniera el tropel de personas, para que Luis me diera la mano y esta vez lo logré. Un detalle imposible de obviar es el aroma embriagador que deja en las manos, ¡por Dios!

Más tarde, con las luces apagadas y antes de “Te necesito“, volvió Roberto a decirme: “Ya puede pasar para que le dé su rosa”, y a por ella fui, unos segundos antes de que vinieran todas las fans. En ese momento fue cuando llevé mi bandera de España dobladita para dársela, pero claro, era muy grade y uno de los guardias (el pobre casi me pide perdón por ello), me dijo: “Señorita eso no puede sacarlo”, y yo que le respondí “Sólo quiero dársela”… pero me retrucó con un “Es que no nos dejan”. Así que le pedí que me la guardara y con todo gusto lo hizo, dejándola tras una de las bocinas. Platicando esto con el señor de seguridad se voló el tiempo, y Miky no sólo iba por la mitad de “Te necesito” sino que además llevada seis rosas entregadas. Cuando comenzó a cantar por la izquierda y llegó hasta donde yo estaba, ya me encontraba rodeada de gente y aplastada, situación que se agravó cuando vi que sólo le quedaban dos rosas, las que por cierto no entregó porque más bien se las arrebataron de su mano, e incluso llegaron a rasguñarlo, pobrecito. El caso es que fue mi tercer concierto, mi segundo día aplastada, y cero rosas ¿qué les parece? Pero aún me quedaban algunos conciertos por disfrutar.  

En el speech Luis mencionó, muy emocionado y sin poder creerlo, que era el concierto número veinte, lo cual insistió era posible gracias a todo su público (¡Ah!, si supiera el esfuerzo que hacemos por acompañarle, ¿verdad?). Nos contó que iba a cantar un poco de todo, boleros, mariachi, baladas, up tempos…  ¡Ay Dios mío!, es que se veía tan lindo que se me nublan los recuerdos y ya no sé qué fue cada noche.

Sí puedo decir que en esa gira su speech no estaba preparado, sino que cada noche hizo un saludo distinto (algo que se extraña en la actualidad), añadió bailes diferentes, cambió posiciones, no discutió con el ingeniero de sonido, bailó más que nunca, jugó con sus fans, algunas veces se tiró al suelo, otras no… en fin, se divirtió de verdad y fue muy contagioso.

Acabo de recordar una anécdota: en la mitad del concierto nos estaba anticipando que iba a cantar canciones del disco “Cómplices”, y sin que hubiera terminado de hablar fue sorprendido por los primeros acordes de “Bravo amor bravo“. ¡Hubieran visto su cara! Quiso disimular pero no pudo, y mientras finalizaba de contarnos miró a su músico como diciéndole “¿Qué te pasa?, ¿por qué no me dejas terminar?” –ja ja. Luego, durante la canción, lo miraba y se reía moviendo la cabeza de un lado para otro… fue muy lindo, de veras que sí.

Siguiendo con la narración de esa noche, Roberto llegó a mitad del concierto y me dijo: “Tome sus cosas y acompáñeme con la señora Martha”, y yo me dije “¡¿Qué?!” Pues así fue, ya les digo que fue mi ‘duende padrino’ (lo de hado madrino ya no me gustó) y no quería que estuviera sola, así que me llevó hasta el centro donde estaban Martha, Lucy y Oli, felices de la vida. Así que me uní a ellas, y no pude ser más feliz.

Juntas hicimos una coreografía con las canciones del mariachi, y nos divertirnos como sólo es posible hacerlo en un concierto de Luis Miguel: ¡A todo dar!

Me olvidaba de otra cosa, Martha hizo una de sus travesuras, confeccionó un cartelito para Luis Miguel y, aunque me perdí su cara porque estaba del otro lado cuando se lo mostró, les apuesto lo que sea que se emocionó. Martha es muy original a la hora de sorprender a Miky, y esa vez se las ingenió para llevarle un cartel con una frase en coreano.

Les sigo contando en la próxima columna.

Recordando desde España…  Mª José

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