Luis Miguel, voy a amarte hasta el fin

Euge Cabral
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Nunca dejaré de agradecerle a Dios el ser contemporánea a Luis Miguel, pero por sobre todas las cosas el haberlo disfrutado desde el momento en que inició su imponente carrera. Haber sido testigo de cada record, de sus éxitos, de los múltiples reconocimientos a nivel mundial, de sus premios, y de cómo supo conquistar con su voz -y en su idioma- lugares impensados para un artista de habla hispana, definitivamente ha sido un privilegio.

En este espacio hemos ido descubriendo la historia de fans de diferentes partes del mundo, y nos hemos asombrado ante la diversidad, pues tanto hombres como mujeres lo quieren y admiran de igual forma, y no solo hay una brecha muy amplia en cuanto a las edades de sus seguidores, sino que en muchos casos el español no es su lengua nativa. Todos somos diferentes en cuanto a nuestras raíces, lo cultural, la ideología, valores, creencias y personalidad, pero esta pasión por Luis Miguel nos une, nos encuentra, y nos demuestra que a pesar de las diferencias podemos coincidir en muchos aspectos, ya que las reseñas publicadas en esta columna nos han demostrado que pensamos, sentimos, y actuamos similar cuando se trata de nuestro Rey.

En el relato que tengo para compartirles hoy podrán comprobar que lo que sentimos por Luis Miguel no tiene que ver con la cantidad de años que llevamos como fans, ni con el número de conciertos asistidos, sino con la intensidad del amor. Es increíble saber que Viviana nació cuando ‘El Sol de México’ ya había comenzado su carrera, circunstancia que la llevó a descubrirlo muchos años después, pero qué bueno que aquello no fue un impedimento para que se diera la oportunidad de conocer su voz y sus canciones a temprana edad. El otro día mi amiga Ana me hacía tomar conciencia de este fenómeno extraordinario que se da en muchos niños y jóvenes, los que a pesar de la diferencia de edad adoptan las canciones de ‘El Rey’, de cuando era un niño, con una naturalidad notable. Por ejemplo, cuando aquellos que están entre los 20 y los 30 años disfrutan las canciones del disco “Un Sol” y las cantan como si Luis Miguel las hubiera estrenado ayer, o los niños que dan sus primeros pasos como fans, motivados por sus padres, y escuchan estas canciones con las que Miky inició su carrera adoptándolas de inmediato, sin si quiera pensar que no están de moda, y que sus amiguitos jamás comprenderán la profundidad de esas letras, ni quien es el artista que las está interpretando.

La historia de Viviana, sin dudas, refleja este fenómeno. ¿Cómo fue que Luis Miguel llegó a su vida y se convirtió en su protagonista principal?, se los cuenta ella misma a continuación:

 Soy Viviana Sapiente, Argentina, tengo 32 años, estudio turismo y admiro a Luis Miguel desde los 10 años. Tengo muchos recuerdos de mi niñez en los que ahí está su imagen, como cuando veía la novela “No sé tú” y escuchaba de su voz la popular canción, o al verlo en el programa del famoso conductor argentino, Marcelo Tinelli, en el año 1992. Aunque era la época del auge de los boleros, pues él había logrado con este género lo que nadie antes, debo confesar que a los 8 años no me llamó la atención.

En 1993 cuando escuché “Hasta que me olvides” quedé impactada, y no me olvido jamás de aquella escena que mi mente recrea una y otra vez, en la que puedo verlo lanzando pelotas de fútbol con la camiseta de Argentina mientras canta “Cuando calienta el sol” en aquel Vélez abarrotado de personas.

En el año 1995, cuando anunciaron en televisión que iban a pasar “El concierto”, resultó que tuve otro compromiso que me imposibilitó verlo, pero acudí a mi gran cómplice e incondicional, mi querida abuela,  y le pedí que por favor me lo grabara en VHS. Así fue como luego pude disfrutarlo y palpar a la distancia lo que significaba disfrutar de una experiencia en vivo.

1996 llegó con la presentación del disco “Nada es igual” en el estadio River Plate, lugar en el que se dio mi primer encuentro cuando tenía apenas 12 años. Quedé obnubilada ante su presencia en el escenario, su voz, y la inmensidad de un estadio rendido a sus pies. Lo viví con la emoción a flor de piel desde principio a fin. Literalmente, luego de ese acontecimiento, nada fue igual, pues mi amor por él creció cada día más.

En lo personal, respecto a muchos aspectos, me siento identificada y reflejada en él, será por eso que me movilizó tanto su historia y me duele en el alma cuando hablan sin fundamento, desconociendo las circunstancias por las que tuvo que atravesar.

A veces fantaseo con que el destino me dará la oportunidad de tenerlo frente a frente, y me veo sentada a su lado conversando sobre la vida; les juro que me encantaría escuchar de sus labios su historia, ya que nadie más que él la vivió. Aprovecharía para decirle que es mi cable a tierra, y que no hay un solo día que no despierte y me duerma escuchando su música.

Luis Miguel me transmite tranquilidad porque su voz me brinda paz y me llena el alma. En el momento más difícil de mi vida, cuando mi abuela partió y nada tenía sentido en mi vida, él me alegró el corazón; ¿Cómo? Cuando conocí la noticia que vendría a mi país en el mes de octubre, evento que me tuvo contando los días como si fuera una quinceañera.

Cuando por fin llegó el momento se me ocurrió ir al hotel donde se hospeda últimamente cada vez que nos visita, pues una nunca sabe cuándo el destino puede sorprendernos. Aunque sólo pude ver el elegante automóvil con vidrios polarizados que lo transportaba, el saber que él iba ahí dentro me emocionó y ya nada más importó.

Son muchos años de seguirlo pasando por el estadio River Plate, el emblemático Vélez Sarsfield, Quilmes, la cena de gala en Costa Salguero y por supuesto GEBA.

No sé si a la platea femenina le pase como a mí al escuchar sus canciones, puesto que sueño despierta como Lucerito en la película “Fiebre de amor”, y siento que me canta cada una de ellas.

¡Gracias mi Sol, mi Rey, por ser parte de mi ser!  Te juro que si no existieras mi vida no sería igual.  

Gracias Luis Miguel por haberme enamorado con un “Hasta que me olvides, y por dejarme soñar “Hasta que vuelvas”. Te doy mi “Palabra de honor” de que voy a amarte “Hasta el fin”.

Miky, ¡Te amo con locura!

Viviana

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