Una pasión que escapa a la razón

Euge Cabral
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Acaba de finalizar el Mundial de Fútbol 2014, evento que nos mantuvo expectantes y eufóricos por el lapso de 30 días, en el que cada equipo dejó todo en el campo de juego con tal de conseguir la victoria, ese triunfo por el que toda una nación aguardaba ilusionada.

En estos días, en que los sentimientos de los apasionados por este deporte estuvieron a flor de piel, fui testigo de un fanatismo que como tal, escapa a toda lógica. Esta pasión inevitablemente me llevó a compararla con la que nosotros, los fans, sentimos por este gran artista.

En su gran mayoría, los integrantes del sexo masculino esperan deseosos que transcurra ese tiempo -cuatro años para ser más precisa- que los conducirá a vivir las emociones más intensas, algo que conocemos a la perfección cuando nos encontramos esperando la visita de Luis Miguel.

Los amantes del fútbol comparten momentos únicos e inolvidables con sus pares, invierten grandes sumas de dinero en tickets, viajes, estadías y recorren miles de kilómetros tras aquella pasión que moviliza sus vidas. No importan las horas de espera, las inclemencias meteorológicas, y si hay que deshacerse de un bien material para conseguir el respaldo económico necesario para presenciar un partido, en el que verán materializados ante sus ojos los sueños, y sentirán que se puede estar en el paraíso durante 90 minutos. Los fans también tenemos el privilegio de vivir este amor y esta admiración de la misma manera, por eso será que nos resulta tan fácil entender y apoyar esta peculiar manera de sentir este deporte.

Puedo dar fe de que compartir una pasión en masa no tiene precio, porque llegas a unirte en una sonrisa, en un abrazo mientras saltas al ritmo de alguna canción (cántico de cancha), y hasta en lágrimas de emoción con personas que no conoces en lo absoluto, pero que te das cuenta que con sólo mirarlas se establece una conexión indescriptible.

En ocasiones como ésta, y luego de este análisis minucioso, me pregunto por qué más de una vez los fans nos sentimos incomprendidos por ciertas personas -especialmente por los hombres- cuando claramente viven el fútbol tan irracionalmente como nosotros este amor. Por supuesto que eso nos tiene sin cuidado porque sin lugar a dudas, tanto ellos como nosotros, tenemos que sentirnos dichosos de poder experimentar un sentimiento tan fuerte que nos motiva a dejar la racionalidad de lado, dándonos la libertad de ser nosotros mismos. No todos tienen el privilegio de sentirse fans de algo o alguien, algo que casualmente lo hablaba días atrás con un amigo, y les juro que no saben de lo que se están perdiendo.

En otro orden de cosas y hablando justamente de pasiones, quiero demostrarles que este sentimiento tan profundo se contagia precisamente por la especial manera en que se vive; los dejo con una gran fan que tiene algo de eso para contarles:

Mi nombre es María Ximena Pulido Medina, soy colombiana y vivo en Bogotá. Hace algún tiempo sigo esta columna y no me había animado a escribir antes, pues creía que aunque mi gusto por Luis Miguel y su música es muy grande, mi historia no tenía la magia que se puede leer en la mayoría de los relatos, en los que afortunados fans han conseguido estrechar su mano, cruzar miradas e incluso abrazarlo. Todas esas maravillosas experiencias siempre me emocionan, me llevan hasta el instante en que ocurrieron y me hacen sentir como si literalmente me hubieran sucedido.

Estaba decidida a esperar para escribir en esta columna, cuando mi hija menor, Valentina, me sorprendió con un dibujo que hizo en el colegio. Resulta que durante una de sus clases la profesora pidió a los alumnos escribir y dibujar la rutina de alguien famoso, así que sin dudarlo y de inmediato, mi hija plasmó lo que ella considera la rutina de nuestro ídolo. Luego cada niño debía presentar su trabajo ante la clase, sin embargo mi hija no alcanzó a hacer su presentación pero sí llevó a casa su dibujo. Al verlo la alegría invadió mi corazón y recordé que han sido justamente mis hijos quienes, desde que tienen conciencia de mi gusto por Luis Miguel, me han apoyado y han sido cómplices como nadie en esta aventura.

Mi hijo mayor, Nicolás, constantemente me dice que cuando tenga dinero me va a llevar a todos los conciertos por el mundo y me va a ubicar en primera fila.

También fueron mis hijos los que se alegraron conmigo al saber que Luis Miguel venía a Colombia a finales del año pasado, y los que lloraron porque no estaba permitido el ingreso de niños al recinto. Pero como todo unos fans, remontaron su dolor y se unieron a mi alegría, pues iba a asistir a un concierto por el que llevaba años esperando.

Recuerdo que me despertaron a la mañana siguiente al show pidiéndome que les contara todos los detalles, y se emocionaron al saber que Luis Miguel me saludó justo cuando pude pararme sobre mi asiento, pues mi ubicación no era al pie del escenario.

Son ellos quienes están pendientes de poner su música cuando estoy ocupada, y los que todo el tiempo me repiten que no se resignan a esperar a ser mayores  de edad para verlo, sino que quieren asistir a uno de sus conciertos en Las Vegas para tener la dicha de abrazarlo. Le pido a Dios poder cumplirles ese sueño, que obviamente también es mi gran ilusión.

Mi esposo también me apoya en este gusto por Luis Miguel, y asistió conmigo al concierto a pesar de que sus amigos le habían aconsejado que no fuera y que me enviara con una amiga, pero él no dudó en responderles que no podía perderse la oportunidad de presenciar el concierto del más grande cantante de música hispana que ha venido a nuestro país. Es maravilloso ser testigo de cómo el gusto por este gran artista no entiende de barreras, de géneros, ni de edad.

Agradezco a Dios la hermosa familia que tengo y lo mucho que me quieren y apoyan.

Les dejo el dibujo de mi hija y espero lo disfruten tanto como yo. Muchas gracias a Euge por compartir nuestra historia y a Sexenio por este lindo espacio para los fans.

María Ximena Pulido Medina

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