Hasta que me olvides… voy a intentarlo

Euge Cabral
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En términos generales, estimo que todos los fans que lean esta columna van a sentir que se describió a la perfección esa manera tan peculiar que tenemos de vivir esta pasión.

Hemos tenido la oportunidad de conocer, allá por los comienzos de este Diario, la historia de los inicios de Ana en este camino como fan de Luis Miguel, pero hoy su relato es totalmente diferente, ya que sintió la necesidad de plasmar en este espacio algunas confesiones respecto a esta elección de vida.

Hoy… ¡prepárense! porque esto más que un diario será un confesionario. Supe contarles que toda mi vida hice las mil y una peripecias con tal de obtener el dinero para mis tickets, y en la actualidad no es diferente porque a pesar de que trabajo no me alcanza. Esto no es a consecuencia de que los precios de los tickets no estén a mi alcance, sino que no concibo ver a Luis Miguel en una sola oportunidad luego de esperarlo por dos largos e interminables años -en promedio.

Mi familia -por suerte numerosa- sabe que para mi cumpleaños y otros acontecimientos importantes no quiero nada que se compre por ahí, sino que pretendo su valor en dinero; últimamente en vez de verle el lado positivo -les ahorro la tarea de elegir algún lindo obsequio- no dejan de repetir la misma frase en tono de queja: “¿Otra vez lo mismo?”… y mi respuesta es siempre afirmativa, pues así me aseguro mi pase al paraíso, para mí no hay mejor regalo que ver en vivo a mi Rey. Pero si quiero hacer algún viajecito extra -dentro o fuera de mi país- tras sus pasos, a veces esto tampoco es suficiente y hay que pensar en un plan B: conseguir un trabajo extra y además privarse de otro de los placeres de este mundo… nada de shopping! Y sí, nada es sacrificado cuando Luis Miguel está de por medio, son esfuerzos que se realizan con todo el cariño del mundo porque sabemos que luego significarán momentos únicos, esos que llevaremos grabados en nuestra memoria y corazón por siempre… ciertamente son de esas cosas que sí podemos llevarnos al más allá.

Para nuestras familias y amigos -que no son fan-, esta opción de vida es algo que muchas veces los supera y es totalmente entendible, para ellos Luis Miguel es un cantante, nada más, mientras que para nosotros es parte de la familia. Entonces se torna un poco especial -por así decirlo- la

convivencia, pues para ellos significa tener a un integrante más (casi imaginario) en sus vidas, porque nosotros mismos nos encargamos de que así sea. No dejan de escuchar cuanto lo queremos, extrañamos y anhelamos conocerlo. Por eso valoro aún más a mis seres queridos, porque son capaces de aceptar lo importante que es Miky en mi vida, me acompañan y apoyan en cada aventura que quiero emprender en busca de alimentar ese contacto que necesito. Muchas veces hasta se preocupan por mí cuando me gana la angustia, esa que muchas veces siento cuando me pesan estos 31 años sin poder darle ese abrazo que mi alma necesita. Me alientan a seguir creyendo en que algún día ese sueño se hará realidad, porque saben que ya pasé el umbral de niña fan para convertirme en una persona que lo quiere de verdad. Han sido capaces de entender que necesito encontrarme con ese alguien que también es parte fundamental en mi vida, aquel que me ha acompañado a la distancia en cada una de esas etapas, para convertirse finalmente en mi familia.

Aquí va una nueva confesión: Una vez me encerré en mi habitación llorando a mares, y abrazada a mi almohada la apreté fuerte, muy fuerte, como si entre mis brazos estuviera realmente Miky… les juro que fue la única manera que encontré de ahogar en lágrimas esa tristeza e impotencia que muchas veces siento ante la imposibilidad de tenerlo frente a frente. Nunca me he animado a contar tan abiertamente lo que ocurre en mi interior, así que no tengo la más remota idea si les pasa similar.

De quien no tengo dudas de cómo piensa y siente es de Ana, no por nada es una de mis mejores amigas, y cuando se trata de Luis Miguel coincidimos en todo. Descúbranlo ustedes mismos:

He leído y constatado muchas veces -a lo largo de estos dos años de columnas con tantas historias de fans apasionadas y fervientes como yo- que hemos estado siguiendo a Luis Miguel por décadas, transitando casi media vida junto a él, y que muchos de los acontecimientos de nuestro existir están relacionados, o tienen algún matiz, que nos vincula y acerca a él.

Tal vez no suene demasiado alegre o alentador pero es la pura verdad. El tema de esta columna  es… la incertidumbre. Y esta reflexión tiene como origen mis propias cavilaciones.

Infinidad de veces me he visto ofuscada ante la insistencia de gente, opinando erradamente según mi modo de ver, y cuestionando de manera fuerte mi forma de vivir esta pasión. 

Es que si no entiendo mi devoción por Luis Miguel como una pasión, difícilmente pueda ofrecer un justificativo válido.  Buscando en el diccionario defino la palabra pasión: “Acción de padecer. Afecto desordenado. Afición vehemente a una persona o cosa.”  Y les puedo asegurar que la definición sólo erra por un detalle… mi pasión no es desordenada, es cronológica. Tiene la misma cronología que la carrera de Luis Miguel.

Tal vez la crítica tenga origen en la dificultad que tiene la gente para comprender, que no a todos

nos resulta emocionante lo que a casi todo el mundo sí. Tampoco son capaces de entender por qué nos alborota la vida alguien o algo, que para el general es completamente desconocido.

Cuando me sumerjo en estas reflexiones es cuando me acerco a entenderlos.

Es que llevo muchos años pensando prácticamente a diario en una persona, velando por su bienestar a pesar de la distancia -porque también se puede cuidar a alguien a la distancia, eso lo sabemos muy bien las fans-, viendo sus alegrías como si fueran mías, con esa misma sensación de gozo y satisfacción tan maravillosa. Su música me permite vivir casi todos mis estados emocionales: me acompaña, me ilumina y me ayuda a encontrar motivos. No hay día de mi vida en que no le dedique un pensamiento, un deseo, un capricho a  Luis Miguel, porque él está presente voluntaria e involuntariamente, es parte de mí. Mis amigos me  preguntan por Luis Miguel, mi familia sabe que cuando estoy horas hablando por teléfono es acerca de él, e infinidad de situaciones impulsadas por el mismo motivo.

Cada disco nuevo es una ilusión, imaginar a donde apuntará con sus canciones, qué nuevos sentimientos despertará en mí, a cual de mis más profundos sentires le pondrá letras y lo vivo con el ansia de un nacimiento… sí, nada más y nada menos. 

Una nueva gira encierra la tensión que tal vez no me genera ni el más difícil de los exámenes o el más complejo de los desafíos. El querer estar cerca -más cerca de lo cerca-, procurar el dinero, trabajar horas extras, tomar trabajos temporarios, programar mi propia gira y hacer todo lo posible por tener a mis compañeras de tour conmigo, las de siempre, las que adoro.

Dicho así tal vez suene liviano y hasta trillado, pero cuando tomo un poco de distancia y pongo en frente el cuaderno de mi vida, veo que realmente gran parte de ella gira en torno a la carrera de Luis Miguel y las cosas toman otra dimensión, todo lo que vive en el plano emocional  toma cuerpo y se hace visible.

Mis  vacaciones son programadas de acuerdo a los tours de Miky, y jamás las tomo prolongadas porque eso me quitaría la posibilidad de poder verlo por lo menos dos veces al año -en el mejor de los casos. Y ni hablar de vacacionar con amigos que no comprenden esta necesidad de verlo, eso se ha tornado casi motivo de enemistad, porque por más que intente disfrutar de unas vacaciones diferentes, sin estar corriendo detrás de aviones y tickets, nunca puedo conseguir que mi rostro muestre algo que no siento. Suena y se ve horrible, pero me duele saber que el dinero de los conciertos se está quemando en unas vacaciones en la montaña.

Luis Miguel es la mayor inversión de mi vida y también la mejor, porque desde hace muchos años estoy decidida a invertir en mi sonrisa. Me he replanteado muchas veces cambiar mi viejo auto por uno nuevo, pero en ese caso me quedaría sin disfrutar de la gira y por supuesto, gana Miky.  Las carteras, los zapatos… todo puede esperar. Antes de todo eso están los tickets para los conciertos

y los boletos de avión. Si debo resolver algún problema de salud, que no sea grave por supuesto, eso será coordinado para los meses de receso en las giras. De hecho acabo de salir de una cirugía y, tanto Luis Miguel como yo, nos encontramos descansando para volver a rodar.

Profesionalmente  todo lo que me he propuesto lo he alcanzado, pero pienso que si pusiera la misma energía, los mismos bríos y el mismo ánimo que me provoca seguir la carrera de Luis Miguel en cada una de mis acciones… habría llegado a la luna!

No es mi caso particular, pero muchas fans programan bodas, embarazos y muchos otros acontecimientos para cuando Miky no está de gira por nuestros países. ¡Qué bueno que muchos maridos no se dan cuenta de estos cálculos, puedo imaginar hasta las discusiones!

Como dije anteriormente no es mi caso, pero si hubiera decidido tener hijos les aseguro que ninguno habría nacido en 1996, 1997, 1999 y otros tantos años más de memorables tours!

Así como hubo casamientos, también divorcios y hasta hemos cambiando de amantes; pero nos separamos de los maridos… Miky es siempre el mismo. Luis Miguel es Luis Miguel y no hay manera de arrancarlo de nuestras vidas. Históricamente las fans hemos sido más fieles a él que a cualquier otro hombre.

Ahora voy a intentar situarme desde la perspectiva de nuestra familia, maridos, amigos, etc.

Ir a ver a Luis Miguel en vivo acompañada de un hombre, es cosa seria y motivo de muchas discusiones por demás conocidas entre las fans, porque nosotras tenemos una sola manera de mirar a Luis Miguel y es del modo que lo miramos sólo a él. Por ende es difícil para nuestro acompañante darse cuenta, en ese preciso momento, que jamás vamos a destinar a otra persona esa mirada de eterna devoción con la que miramos a Miky.  Imagino que se debe sentir mucha impotencia y desconcierto, al pensar en qué cosa podrían hacer para robarnos una de esas sonrisas y hacernos sentir tan plenas.  Ya deberíamos decirles que no se afanen en la búsqueda porque es inútil, y esta certeza parte de que sabemos que nadie mira como Luis Miguel y nadie canta como Luis miguel.

También debe ser triste y frustrante comprender que nuestras más lindas charlas giran en torno a Miky, nuestros mejores viajes tienen como motivo un nuevo tour, y que no existe manera de poder competir con eso.  Tal vez uno de los mecanismos más usados para defenderse de esa frustración sea responder con esta frase -muy repetida por cierto pero no por ello menos artera y certera-: “Él no sabe quién sos ni te conoce, y vos estás acá, haciendo malabares y sacrificios, dedicándole tu vida y él… ni te conoce”

¿Y saben qué? Lo más doloroso es que es cierto, completamente cierto, Luis Miguel no conoce ni el sonido de mi voz.

Después de todo lo hecho y vivido, nada he deseado y buscado más que tener a Luis Miguel frente a mí para poder decirle lo que significa en mi vida, cuanto bien me ha hecho y escuchar lo que tenga para decirme -si es que tiene algunas palabras para obsequiarme. Algo simple, sencillo, como dos personas que se cruzan en un bar, o amigos de la vida que compartieron tiempo juntos… tan lejos y tan cerca, tan predecibles el uno para el otro, pero fuera del ámbito del escenario dos completos desconocidos dedicados a saber que hay más allá de nuestras vidas de trabajo y de tour.

Han pasado 31 años y nada en mi vida ha perdurado tanto, ni un trabajo, ni una carrera, ni un proyecto, ni una amistad… absolutamente nada. Tampoco creí posible que transcurrieran tantos años, pero todo fue sobrevivido por esta pasión; tal vez sea por eso que la transito como algo tan importante e innegociable, y que conservo el mismo ferviente deseo de que Miky algún día conozca el sonido de mi voz. 

La incertidumbre me asalta en días como hoy en el que pienso: ¿Cuánto más, Cuánto tiempo más?

Reflexionado junto a Euge hemos llegado a la conclusión que este anhelo, estas ganas de tenerlo frente a nosotros,  se ha transformado en una necesidad física. Así como el abrazo de un familiar entrañablemente querido, como el amor de nuestros afectos más cercanos.

Este no saber me genera la sensación de estar flotando en el aire, sin poder hallar el suelo, o de saltar al vacío donde la profundidad es incierta, porque así como no sabía que después de 31 años aún estaría esperando por un “tus ojos mis ojos” junto a Luis Miguel, hoy tampoco sé cuánto tiempo resta y es muy duro intentar imaginar cuánto más será. Tal vez sea infinito, sin tiempo, sin espacio,  tal vez me vuelva cenizas y eso finalmente nunca ocurra.

Por eso, antes de que las cenizas se lleven mi capacidad de hablar, quiero decirle a Luis Miguel  que  sé que lo más maravilloso que tiene está dentro suyo, y que la mejor manera que tenemos para conocer su sentir es escucharlo cantar. Que todo lo que quiere darnos y demostrarnos sobre el escenario nos llega en un mensaje increíblemente claro. Que es una persona poderosa y con un don maravilloso -sólo con su voz tiene la capacidad de hacer mucho bien.

Sé que no le puedo pedirle más, nos ha regalado su vida que es mucho más de lo que puedo darle.

Mientras tanto esperaré, como tantas veces, envuelta en el embrujo de esa voz, de esos ojos y esa piel que siempre fueron el  abrazo que cobija esta pasión.

Ana Freijo

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