Toda una vida estaría contigo

Euge Cabral
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La historia que tengo para presentarles hoy me hizo viajar una vez más a través del tiempo, y mientras avanzaba en el relato mi mente recreaba múltiples momentos de mi vida como fan.

Recuerdo mi primera época escolar coleccionando pins con fotos de Luis Miguel -supe mostrarles en mi Facebook una fotografía con dos de mis preferidos-, los que exhibía en mi pecho cual medalla de honor, convirtiéndose luego en mis fieles compañeros a la hora de dar un paseo con mis padres o asistir a las fiestas de cumpleaños de mis amigos de la escuela. Es increíble como puedo recordar cada detalle, cierro mis ojos y me veo en una de esas celebraciones cantando con mis amigas las canciones de “Directo al corazón”. Obviamente todas queríamos tener la oportunidad de cantar siendo las protagonistas, así que lo solucionamos equitativamente, cada una tendría su turno de interpretar una canción mientras las demás bailaban detrás -con una coreografía que realizaban a la perfección- formando una suerte de coro.

Mi turno de actuar coincidió con “La juventud” y me sentí toda una Star porque nos salió igualito a la escena de “Ya nunca más” -sólo nos faltó la maestra que en aquella ocasión ejecutaba el piano, pero para eso estaba nuestro aparato reproductor de sonido.

Las vivencias de Anabel me hicieron recordar las mías por lo similares, y así fue como la memoria trajo a mi presente las carpetas -ya en la secundaria- cuyas tapas creaba yo misma formando un collage con fotos de Miky, las que conseguía de diversas maneras: de revistas que compraba, de aquellas que ojeaba en la peluquería o en casa de amigos de papá -me volví una experta implorando por aquellas benditas páginas-, y también de parte de mis amigos y familiares que sentían el deber de traerme las imágenes que pudieran encontrar de Luis Miguel, pues sabían que con ese gesto me hacían inmensamente feliz.  

¡Y qué decir de mi habitación, era un tributo a Luis Miguel! Pero para  esto conté con una cómplice, ya que no sólo compartí ese espacio con mi hermana Carolina sino también esta pasión por el Rey. Nuestro cuarto estaba literalmente empapelado de punta a punta con posters, cuadros y fotos de Miky, y les juro que no había nada más lindo que cerrar los ojos admirándolo, y que su

imagen fuese lo primero que viéramos al llegar la mañana… para nosotras siempre amanecía con Sol.

Recordar es volver a vivir, por eso me siento muy afortunada de que Luis Miguel me haya acompañado en cada etapa de mi vida y siendo uno de los grandes protagonistas.

Los dejo en muy buena compañía, en manos de una gran fan: 

Mi nombre es Anabel Coronel, tengo 37 años, y soy de la ciudad de Santa Fe, Argentina. Trataré de plasmar lo mejor posible algo de mi experiencia como fan de Luis Miguel, a quien siento como parte de mi familia -creo que ese es un sentimiento que él genera, y más aún cuando es tu referente desde muy pequeña.

Mis primeros recuerdos se remontan a mis 8 años, según mis cálculos, pensando en el primer cassette -“Luis Miguel, un sol”- que mi mamá me  compró, el que por supuesto aún conservo como al resto de su discografía. Como a todas, me atrapó su dulzura, ternura al cantar, su mirada de niño bello… etc.

En mi próximo recuerdo me observo cantando las canciones de Luismi en casa de mi amiga Claudia -fue él quien propició el comienzo de nuestra amistad; pasábamos las tardes escuchándolo, cantando y soñando con él, bailábamos alrededor de una mesa para continuar luego por toda la casa… eso nos daba mucha felicidad y alegría!

Más tarde su película “Fiebre de Amor” fue una emoción increíble, momento que me tocó disfrutar con mi amiga Beatriz que me acompañó al cine, y en el que también descubrí a Lucerito, a quien admiro hasta el día de hoy. Por cierto, también ahí comenzó mi historia de amor con Acapulco, mi bonito Acapulco!

Aunque fue anterior, un buen tiempo después vi por televisión “Ya nunca más”, la otra película de El Sol, y no saben cómo lloré! Cada vez que la veo me produce la misma emoción, sé que a él no le gusta mucho actuar pero… ¡Qué bien lo hizo!, qué bien transmitió los sentimientos de soledad, tristeza y luego de fortaleza y esperanza.

Más tarde vendrían todos los demás cassettes, luego CD’s y así se fue agrandando mi colección.

Cada contacto de Luis Miguel con Argentina me ponía más que feliz; el video de “Entrégate” en el sur de nuestro país y cuando cantó tangos…  ¡Qué alegría!, lo sentí tan cerca.  

En mi adolescencia descubrí el Canal de las Estrellas y fue la manera que encontré de estar cerca de él. No me perdía todo aquello que estuviera relacionado con Luis Miguel… el programa Siempre en Domingo con el recordado Raúl Velasco y Galardón a los Grandes, el que se transmitía los Sábados a la noche bien tarde, pero nada me detenía a la hora de ver a mi príncipe azul. Mucho de esto quedó registrado en VHS para verlo una y otra vez.

Al mismo tiempo empezó a crecer mi amor por México -por obvias razones-, con decirles que actualmente miro mucho ese canal y hasta logré que mi esposo me acompañe; incluso diría que prácticamente es el único que se ve en casa -aunque no pasen mucho de Miky- porque le tengo tanto cariño y amor a las tierras mexicanas que todo lo que pueda tener de ellos lo devoro.

En mis primeros tiempos como fan me dediqué a armar un cuaderno con fotos de  Luis Miguel, las que obtenía de una famosa revista para adolescentes y en la que además encontraba mucha información de El Sol. También mis carpetas de la escuela estaban repletas de sus fotos y corazones, como así también de todo lo concerniente a México, sus noticias, mapas, etc.

Más tarde estudié turismo y el lugar que elegí para investigar no pudo ser otro más que México. Gracias a Dios pude conocer ese bello país y regresar con mi botella de “Único, Luis Miguel”. Espero volver cada vez que me sea posible ya que, como trabajo en una compañía aérea, se me hace un poco más accesible.

Conforme al correr de los años los posters, cuadros y todo lo que tuviera la imagen de Luis Miguel coparon mi habitación -por suerte mi hermano lo respetaba porque compartíamos ese sitio.

Fui creciendo, soñando, imaginando y conociendo el amor a través de sus canciones.

 A mis 18 años llegó la posibilidad de concurrir a mi primer concierto de Luis Miguel en Rosario -ciudad Argentina cercana a la mía- y tuve que asistir sola. Como nadie pudo acompañarme fui con una agencia de viajes que lo organizó, y es ahí donde conocí a otra de mis amigas, Graciela. Cuantas vivencias de esa noche y ¡qué emoción! Compartimos su música, el amor que sentimos por él, carteles, fotos, vinchas, cánticos, alaridos y gritos. Estuve en el campo de pie, muy cerca, aplastada a la baranda, y luego con muchos moretones y magullones pero feliz… fue la mejor experiencia que pude vivir, llena de emoción y sentimiento.  ¡Qué dicha es cantar con Luis Miguel y verlo respirar el mismo aire!

Ese fue el primero de muchos recitales a los que gracias a Dios pude asistir, también luego lo hice en mi ciudad, Santa Fe, y en Capital Federal. Cada cita me desbordó de entusiasmo y mucha emoción por los preparativos.

Ahora hace tiempo que no he podido asistir a un show, y este Octubre pasado -mes en el que visitó mi país- tampoco, ya que estoy pasando por un tratamiento un poco prolongado por un cáncer de mama. Esta poderosa razón no me ha llevado a olvidarlo, al contrario, siempre su voz me acompaña y sigo amando lo que él ama. Mi sueño, una vez que supere esto, es estar nuevamente allí, frente a quien tanto me enseña y me hace feliz con su música; sería grandioso que este reencuentro fuera en mi amado México pero estoy dispuesta a aceptar lo que el destino decida.

Mi más grande anhelo sería conocerlo -creo que es el sueño de todas- y no me importaría que se hiciera realidad cuando la vejez nos visitara… no tengo dudas que será algún día, en algún lugar y en el momento que deba ser.

Anabel Coronel

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