Luis Miguel: el puente entre nuestras historias (Parte III)

Euge Cabral
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Hola queridos lectores, llegó el momento de finalizar mi relato por España, pero antes de proseguir quisiera desearles de antemano un Feliz día del amor y la amistad. Gracias a cada uno de ustedes no solo por el apoyo a este espacio que pronto cumplirá 15 años, sino también por su cariño y amistad, grandes tesoros para mí. Mañana celebremos en grande el amor, a nuestros seres queridos, a Luis Miguel, por supuesto, y a nuestros verdaderos amigos.

En el capítulo anterior, había quedado en que estaba a punto de abordar un avión con destino a Granada, mi última parada de este precioso viaje. Me habían dicho que el aeropuerto de esta ciudad era pequeño, algo que pude constatar apenas llegué, sobre todo por la única cinta transportadora de equipaje. Mientras el resto de los pasajeros esperaba sus pertenencias, decidí ir al lavabo, forma extraña si las hay de referirse al baño. Cuando salí me encontré con un grupo de gente un tanto alterada, mientras una agente intentaba explicarles en inglés la situación. Ya saben que estoy estudiando este idioma, así que lamentablemente entendí la situación. Igualmente, no quise admitirlo y le pedí que me lo confirmara, y en un español más que claro dijo: “Las maletas no viajaron con ustedes, se quedaron en Barcelona, ya que surgió un problema y no pudieron abrir la bodega del avión”. ¡Qué, queeeeeeeeee!, ¡My God! Esto no me puede estar pasando. En menos de hora y media debía reunirme con las fans, dar una bonita impresión, y yo venía en modo viajera, con jeans, zapatillas, un suéter casual, y una campera con una leyenda que decía, “Luis Miguel, México en la Piel, tour 2006”, regalo de Eva, mi amiga española.

Salí de la zona de retiro de equipaje solo con mi mochila, la que por suerte tenía lo mínimo e indispensable. Cuando vi a Evelyn con cara de felicidad y sorpresa, ella me dijo “Ya lo sé, no viajaron las maletas”. Rápidamente ella me ayudó a hacer el reclamo on line, para no perder tiempo en una extensa fila, ya que estábamos contra el reloj. Cuando nos tocó describir la maleta fue divertido: “En la maleta podrán ver la imagen de Luis Miguel”. Seguidamente consultamos a la seguridad aeroportuaria si podíamos regresar alrededor de las 10 de la noche, hora en la que aterrizaba el siguiente vuelo. Su respuesta nos desanimó bastante, pues había escasas probabilidades de que aquel vuelo trajera las maletas, así que decidimos esperar al día siguiente para comunicarnos.

Evelyn no me dejó ni preocuparme, de inmediato me dijo: “¡Hala!” que te presto ropa y todo lo que necesites cariño”. De camino a su automóvil agregó: “Ay, ¿cuánto calzas?”, y ahí caí en la cuenta de que, por más vestuario bonito, nada se vería bien si iba con mis zapatillas. Cuando le dije “38” replicó, “Estás de suerte, calzo 37 pero me compré unas botas 38 porque eran demasiado bellas y no tenían mi número”.

Llegamos a su casa, me mostró mi habitación, me presentó a su hijo y velozmente nos adentramos en su vestidor en busca de un outfit. Le dije que me iba a poner un pantalón negro de vestir, y un suéter con brillitos. Sacó varios pantalones en ese tono, suéters de diferentes colores con brilli brilli, como ellos le dicen, y el conjunto me quedó pintado. Luego de pedir prestado maquillaje, perfume, y un abrigo de piel, comenzó la aventura a bordo de la motocicleta de Evelyn. Me explicó que la cita era en el centro de la ciudad, que iba a ser más fácil estacionar este vehículo, así que partimos hacia allá on time.

Con mi amiga todo terreno, Evelyn

No estoy acostumbrada a andar en moto porque en Argentina es bastante peligroso, ya que aquí se maneja respetando poco y nada las normas de tránsito, pero confieso que, aunque así no lo fuera, me da miedo de todas maneras. Pero no voy a negar que disfruto a bordo de una, sobre todo en este tipo de motos pequeñas, de uso doméstico, digamos, así que me puse el casco y me dejé llevar por mi amiga todo terreno. Cuando llegamos al lugar ya estaba esperando una de las chicas, y luego se fueron sumando las restantes. Entre riquísimas tapas, bebida, buena conversación y risas se nos pasó volando el tiempo. Compartimos anécdotas de fans, el mismo amor y respeto por Luis Miguel, y eso nos acercó muchísimo. Quisiera hacer un paréntesis para contarles que en la cena comencé a sentir un poco de comezón en algunas partes del cuerpo, sobre todo en la cintura donde me daba el pantalón, o en las piernas donde me ajustaba el elástico de las medias. Pero no le di demasiada importancia, me centré en disfrutar de aquella noche y la hermosa compañía. Cuando llegó el momento de la despedida, nos dijimos adiós con la promesa de volver a vernos pronto, ya que en mi próximo viaje quiero conocer Sevilla, Córdoba, y Cádiz, localidades muy cercanas.

Regresamos super felices y divertidas a la casa, y, antes de sentarnos a charlar para conocernos más, acompañadas de un buen vino y una degustación de quesos, subí a cambiarme de calzado. Aproveché para descubrir mi panza, y ver si tenía algún tipo de reacción en la piel, que me causara aquella sensación de picor. Para mi sorpresa me encontré con algunas ronchas, las que también habían aparecido en ciertas partes de mi pierna. Bajé y de inmediato le mostré a Evelyn, y juntas decidimos controlarlas. La charla se tornó más que amena, en la que me contó que adoptó a su hijo Nikita en un orfanato de Rusia, cuando supo que no iba a poder ser madre. Esta decisión la tomó junto a su pareja, sin pensar que le tocaría enfrentar esta situación sola. Resultó ser otra gran mujer, perseverante, decidida, valiente y resiliente, ya que, poco antes de la adopción, la relación con su pareja terminó, y ella siguió adelante con su deseo intacto. Así fue como viajó a Rusia a buscar a Nikita y lo crio sola, afrontando extensas jornadas laborales con tal de que no le faltara nada, y tuviese el futuro brillante que tiene hoy, con apenas 22 años. Nikita estudió programación, y ¿qué creen? Creó y regaló a su mamá un calendario de adviento, el que cada día le muestra una foto y reproduce una canción diferente de Luis Miguel. Nikita es el orgullo de su mamá, y ella para él, el amor más puro e incondicional. Tuve el honor de convivir con ellos en Granada, y me robaron el corazón. Evelyn no solo tiene su trabajo como visitadora médica, sino que también es piloto, profesora de Sky de elite, habla varios idiomas, fue coprotagonista en una película de un grupo famoso de España y, como si esto fuese poco, toca el piano con partitura en mano. Creo que jamás conocí a una mujer tan inteligente y polifacética. Admirable, ¿no?

Retornando a mi problema de salud, en medio de aquella charla interesante, acompañada de un exquisito vino y riquísimos quesos, lo que parecía una simple reacción alérgica desenlazó en una urticaria gigante. Lamentablemente mi hijo sufrió varios episodios en su niñez, así que sabía muy bien los pasos a seguir: asistir a una guardia lo más rápido posible, inyección, antialérgicos y dieta. Minutos antes de las 11 de la noche comenzó la peregrinación con el servicio de asistencia internacional. Me tuvieron al teléfono aproximadamente media hora, para corroborar primero la información, lo más importante para ellos, y luego preguntarme qué me estaba pasando. Después de otro largo interrogatorio, que incluía la dirección donde me hospedaba, me dijeron que esperara paciente durante un lapso de 40 a 90 minutos. En ese tiempo se comunicarían conmigo, para brindarme los datos de la clínica a la que debía acudir. Mi amiga le informó acerca de la clínica más cercana a su domicilio, para ganar tiempo, pero por más que la operadora confirmó el convenio con dicho nosocomio, debíamos aguardar el llamado. ¡Bendita burocracia! Había que esperar que llamen y confirmen la derivación, mientras esperábamos que a mi glotis no se le ocurriese cerrarse. Después de 40 minutos llamaron y fuimos hacia allá. Inyección, receta de medicación, y luego regresar cuanto antes a dormir porque al otro día teníamos cita bien temprano para visitar La Alhambra. Me acosté pidiéndole a Dios amanecer bien y así fue, desapareció por completo la urticaria.

Después de desayunar salimos nuevamente en la moto, con frío y cielo cubierto, con amenaza de lluvia en el horizonte, pero nada iba a detenernos. Llegamos al ingreso de La Alhambra, también Patrimonio de la Humanidad, y con mucha emoción comencé a descubrir lo que había del otro lado de esa gran puerta. Qué puedo decirles de este complejo histórico que incluye palacios, fortalezas y jardines de origen árabe que no hayan leído. ¡Sencillamente majestuoso! Para brindarles características exactas y específicas, le pedí ayuda a la IA: “La Alhambra es un magnífico ejemplo de arte islámico nazarí, caracterizada por su intrincada ornamentación interior, el uso de yeserías talladas, azulejos vibrantes, celosías, y arcos decorativos que contrastan con muros exteriores austeros, destacando elementos como los patios con estanques (el del Patio de los Leones), mocárabes en bóvedas, y una integración magistral del agua y la vegetación para crear oasis de tranquilidad, mezclando también influencias renacentistas posteriores.” ¡No pudo describirla mejor!

En medio de la visita recibí una llamada, era del aeropuerto, para decirme que tenían mi maleta. ¡Gloria a Dios! Me volvió el alma al cuerpo. Así que retomé mi sentido del humor y les dije: “¡Wow! ¿tienen a Luis Miguel con ustedes?”, y la persona con mucha seriedad respondió: “Sí, acá tengo conmigo una maleta que tiene una funda con la imagen de Luis Miguel”. Quedamos en que la buscaría minutos antes de ir a la estación de tren, total, ya no necesitaba nada del equipaje. Luego de este recorrido, con bastante lluvia por tramos, bajamos unos metros para visitar el “Alhambra Palace”, un hotel histórico con arquitectura Neo-Nazarí, famoso por sus vistas panorámicas y su terraza. Hacia allá fuimos a tomar un cafecito en la mejor terraza a la que haya asistido. Para ese entonces la lluvia se había detenido para dar paso al sol, el que iluminó la ciudad y nos devolvió una vista panorámica envidiable. Estábamos solas en aquel lugar, ¿Qué más podíamos pedir?, me sentía inmensamente dichosa.

Luego seguimos bajando para dirigirnos al centro de la ciudad, y conocer algunos puntos de interés cruciales.

Me enamoró cada rincón, y eso que aún me faltaba conocer el barrio más antiguo y emblemático de Granada, el Albaicín. Éste también fue declarado Patrimonio de la Humanidad, y no es para menos, puesto que no solo es bellísimo en su arquitectura, sino que aquí conviven la cultura árabe y la hispana. Amé sus callecitas estrechas y empinadas, casas blancas que conservan la magia árabe, aljibes y restos de antiguas murallas, como la Puerta de Monaita. El premio extra a la caminata empinada es encontrarte con el mirador “San Nicolás de Bari”, donde se puede apreciar la belleza de la Sierra Nevada, y una espectacular vista de La Alhambra y los Jardines del Generalife. Tuvimos suerte porque después de que almorzamos allí, salió el sol con todo su esplendor, justo antes de iniciar el descenso. Aprovechamos para sacar más fotos, y de paso disfrutar de un trío de cataores flamencos, los que me enchinaron la piel con tan sentida interpretación.

Mirador San Nicolás de Bari

Habíamos hecho todo en tiempo récord, pero antes de ir a la estación de tren para mi viaje a Madrid, debíamos pasar por una tienda de maletas en busca del bendito certificado y la adquisición de la nueva. Por suerte pudimos hacer este trámite que me tenía inquieta, y salimos de aquella tienda con una maleta XL que pudimos llevar en la pequeña moto, gracias a mi amiga todo terreno. Llegamos a su casa, me despedí de su hijo, tomé mi mochila y nos fuimos, esta vez en su automóvil, a buscar la maleta recuperada. Cuando llegamos me atendió una chica medianamente joven, a quien le dije “Vengo a rescatar a Luis Miguel que me lo tienen secuestrado”. Ella sonrió y me dijo, “Me imaginaba por la leyenda en tu abrigo (llevaba puesto el del tour 2006), sé quién es, y fue el tema de conversación de esta mañana”. Feliz agregué, “Qué bonito que lo conozcas”, y ella replicó, “claro, incluso hablaba al respecto con compañeros mucho más jóvenes, y también lo conocían”. Bueno ya saben, nuevamente inflé mi pecho altanera y orgullosa.

En el estacionamiento, a cielo abierto, procedí a traspasar el equipaje de una maleta a la otra. Ya podía respirar tranquila, y disfrutar los últimos minutos en Granada junto a mi amiga. En la estación de tren nos sentarnos a merendar, y luego nos fundimos en un fuerte abrazo, en el que intenté transmitir mi cariño, lo bien que la había pasado, y mi profundo agradecimiento.

Abordé aquel tren con la idea de dormir las próximas 4 horas hasta Madrid, pero con el correr del tiempo empecé a sentirme nauseosa y con malestar estomacal. Bajé en Atocha sintiéndome extraña, saqué el ticket del siguiente tren que me llevaría a lo de mi amiga en San Sebastián de los Reyes, y lo abordé en pocos minutos. Tenía unos 25 minutos más de viaje, en los que me sentí al borde de la descompostura total. Llegué, pedí el Uber con el último aliento, y durante el trayecto intenté distraer la mente pensando en lo bonito que la había pasado. Cuando Eva me abrió la puerta de su casa ya me sentía fatal, con decirles que, por el frío y la descompostura, una de mis piernas temblaba sin parar. Me tomé un té caliente, después de desfilar varias veces con dirección a la habitación más pequeña de la casa (saquen sus propias conclusiones). No fue fácil transitar aquella noche, ya que en la madrugada me asusté muchísimo cuando me bajó la presión y me sentí al borde del desmayo. Pero por la mañana tomé una medicación que le recetaron a mi amiga, y con eso mejoré un montón. Me preocupaba tener un viaje tan largo en avión en las próximas horas, pero me hidraté bien, comí algo liviano, y partí hacia el aeropuerto. En la sala de embarque comencé a sentir que tenía unas líneas de fiebre, pero ya faltaba menos para llegar a mi casa… ¡A mi cama! En las primeras horas del vuelo me sentí mal, nauseosa y medio revuelta. Pero gracias a Dios luego cedió el malestar, y pude dormir prácticamente 11 horas. Cuando llegué a casa seguía con fiebre, con mucho sueño, así que en la noche fui al médico, el que confirmó con análisis y una ecografía, que solo se trataba de una gastroenteritis muy severa. Les juro que me costó unos días repuntar, pero ninguno de los contratiempos logró opacar ni siquiera un poquito mi gozo y felicidad por las inolvidables vivencias en España.

Antes de finalizar quisiera agradecer a cada una de las personas con las que compartí estos días, por su cariño, generosidad, amistad, y buena onda. Por amar, respetar y apoyar tanto a Luis Miguel, único responsable de unir nuestros caminos. Fue un viaje en el que perdí una maleta, pero encontré muchísimos abrazos llenos de amor incondicional. Me quedo con ganas de más tours conociendo a fans del mejor artista latino del mundo. ¡Les aseguro que es una gran terapia!

Euge Cabral

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