Luis Miguel: el puente entre nuestras historias (Parte II)

Euge Cabral
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Hola queridos lectores, los encuentro nuevamente para continuar relatándoles mis aventuras por España, de tour de fans de Luis Miguel, transformando la virtualidad en abrazos verdaderos . En la columna anterior quedé en que íbamos camino a la estación de tren , el que salió alrededor de las 7:30 de la tarde con destino a Tarragona, nos esperaban unas dos horas por delante, lugar donde reside otra fan argentina a quien conocía desde hace años, pero solo a la distancia. Ella nos iba a esperar en la estación, y, muy generosamente, nos ofreció quedarnos en su casa ese fin de semana. Yo estaba feliz pero cansada, así que me disculpé con Verito y aproveché el trayecto para dormir. Cuando llegamos, ahí estaba Elizabeth junto a su esposo esperándonos, y, luego de un cariñoso abrazo, nos llevaron a conocer el centro de la ciudad. Allí bajamos para tomar unas fotos en una terraza con vistas al mar Mediterráneo, y al Anfiteatro de Tarraco, edificio romano construido a principios del siglo II, el que forma parte del Conjunto Arqueológico de Tarraco declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Esa noche cenamos exquisito, pero eso quedó en segundo plano cuando la conversación se tornó tan amena e interesante. Descubrí en Eli a una gran mujer digna de admiración, por su tenacidad, fortaleza, capacidad de trabajo, lealtad a su familia, y resiliencia. Su esposo literalmente es su alma gemela, otro ser humano increíble que, por amor, la ayudó a cumplir su objetivo hasta el grado de poner en riesgo su propia economía. Eli vivía en mi ciudad, quien por cierto no ha perdido el acento después de vivir en el exterior varias décadas, e invirtió su capital en un emprendimiento, el que luego fracasó. No solo se quedó sin nada, sino que adquirió deudas intentando evitar el naufragio. Esto la empujó a tomar una difícil decisión, emigrar a España con la promesa de trabajar y mandar dinero para cancelar sus deudas. Así fue como llegó a la madre patria, se instaló con una amiga argentina que ya estaba trabajando, y con extensas jornadas laborales logró, poco a poco, saldar su deuda en Argentina. Pero le preocupaba la familia que había dejado en su ciudad natal, quienes también la estaban peleando, sin un futuro prometedor en aquella tierra. Así que decidió seguir trabajando arduamente, con el fin de reunir el dinero necesario para traer a sus hermanos a España. Por aquellos días conoció a quien hoy es su pareja, se enamoraron, y comenzaron a convivir. Cuando logró enviarles a sus hermanos el dinero para la compra de pasajes, ellos viajaron para hacer los trámites pertinentes para la residencia, gestión que lleva su tiempo y debió solventarlos económicamente. Pero no solo se hizo cargo de ellos, sino también de sus respectivas familias en Argentina, las que debían subsistir mientras se arreglaban los temas legales. Pero nunca estuvo sola, contó con la ayuda de su esposo que colaboró enviándoles dinero, y luego, cuando las familias viajaron, brindándoles techo y comida hasta que surgieran trabajos fijos y sustentables que les permitiera independizarse. Me quedé conmovida ante tanta generosidad y amor, y feliz de que Eli haya logrado tener a su familia completa en España. Detrás de esta gran fan, hay una mujer realmente admirable y ejemplar. Después de la cena partimos al hogar de esta hermosa familia, y de inmediato nos entregamos a los brazos de Morfeo.

La luz del nuevo día descubrió un paisaje que la oscuridad de la noche había ocultado, y la imagen que mostraba la ventana de mi dormitorio parecía un cuadro pintado al óleo. ¡Wow!, desde cada espacio de la casa se podían admirar las montañas, la vegetación autóctona y hasta un viñedo. Imposible no enamorarse de este lugarcito de Tarragona.

Luego del desayuno salimos con destino a Barcelona para un almuerzo multitudinario de fans, no sin antes pasar por Sitges, una pequeña ciudad antigua costera, preciosa por donde se la admire. De camino buscamos a Chelo, un encanto de persona y fan, con quien compartimos un día precioso. Fuimos directo a la montaña de Montjuic, desde donde pude admirar la bella ciudad de Barcelona con una vista inmejorable. Luego bajamos y pasamos por el Palacio Nacional, construido entre 1926 y 1929, el que me dejó sin palabras por lo imponente.

Verito, Eli y yo en Sitges
Vista panorámica de parte de Barcelona, desde la montaña de Montjuic
Palacio Nacional

Por supuesto que fuimos al Palau Sant Jordi, donde las chicas pudieron revivir y transmitirnos la emoción de ver allí a Luis Miguel en 2024. Nos tomamos una foto para el recuerdo, deseando que nuestro Sol pronto regrese.

Chelo, Euge, Vertio y Eli

Seguimos hacia el centro, y me llamó muchísimo la atención la ornamentación de las calles con motivos navideños. Cada barrio tenía su propio diseño, y no había rincón sin decoración. Recuerdo que las chicas me preguntaban, “¿Vas a ver el encendido de las luces?” y yo no entendía demasiado a qué se referían, puesto que en Argentina no tenemos este ritual tan bonito. ¡Claro! Toda aquella ornamentación era encendida un día y hora pactada, y así se iniciaba la época más bonita del año.

Llegamos un ratito antes del almuerzo para encontramos con fans que, por otros compromisos, no podían asistir al evento multitudinario. Allí conocí a María, presidenta del club de fans “Adict@s a Luis Miguel”, y algunas de sus integrantes. Fue una verdadera sorpresa encontrarme con una fan argentina viviendo en Israel, la que había viajado expresamente para compartir este ratito con fans incondicionales. Conversamos con mucho entusiasmo, de Luis Miguel y de nuestra historia como fans, y, luego de inmortalizar el momento en fotos, nos dirigimos al restaurante elegido para aquel encuentro con fans de diferentes clubes e independientes.

Con las Adictas a Luis Miguel

Realmente fue un sueño para mí conocer personalmente a tantas fans con las que llevaba décadas escribiéndome, y sentirme infinitamente agradecida con aquellas que habían viajado desde Sevilla para disfrutar de este inolvidable encuentro. Compartimos una rica degustación de platillos bien españoles, por supuesto, y una charla llena de risas y anécdotas. Luego de la sesión de fotos, nos despedimos con un “hasta pronto”, con la promesa de hacer hasta lo imposible por volver a juntarnos. Qué bonito es sentirse parte de una gran familia cuyo nexo es Luis Miguel, el que no solo nos hace feliz en la individualidad sino también de manera colectiva, disfrutando de un cariño que nace de la pasión por el cantante latino más importante de todos los tiempos. Ha sido una bendición disfrutar de cada una de las fans, y sentirme conmovida al vernos tan unidas.

Lamentablemente la oscuridad de la noche estaba asomándose, y debía apresurarme si quería cumplir otro sueño, el que albergaba mi corazón desde hace años: conocer La Sagrada Familia. Después de algunas vueltas extras, por ciertas dudas en la ruta, llegamos a un estacionamiento a metros de aquella monstruosa obra maestra de la arquitectura. Realmente no existen palabras que puedan describir la belleza y la perfección en cada detalle, sin dudas esta Basílica, además de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, debería formar parte de las maravillas del mundo. Me quedé obnubilada fotografiándola desde todos los ángulos, y muy agradecida a Dios por la posibilidad de cumplir un sueño más.

Quedaba por delante un largo trayecto de regreso a Tarragona, y la pobre Elizabeth debía pasar directo al trabajo porque cubre el horario nocturno. De camino aprovechó para contarme una increíble anécdota que surgió con Kiko Cibrián, cuando Luis Miguel estuvo de gira por España. Resulta que ella y sus amigas estaban en el mismo restaurante que los músicos, mirando un partido del equipo español en el marco del mundial de fútbol.  Kiko estaba sentado en una mesa contigua, cuando en un momento de la noche le pidió que por favor le tomara una foto junto a su esposa. Ella accedió, por supuesto, y mientras se preparaba para fotografiarlos, llegó un mensaje de texto al móvil de Kiko cuyo remitente decía: “Miky”. Ella se quedó helada, como en pausa, y su cara la delató. Kiko se dio cuenta y le dijo: “¿Qué pasó? ¿Entró algún mensaje especial en mi teléfono?” -con cara de pillo y lanzando una fuerte carcajada. Ella asintió con la cabeza, aún sin poder reproducir palabra alguna. ¿Qué fuerte no? Díganme si no sintieron ganas de salir corriendo con el móvil para responder aquel mensaje. ¡Soñar no cuesta nada!

Llegamos a Tarragona con el tiempo justo para que Eli se cambiara y saliese al trabajo, le esperaban unas 9 largas horas mientras el resto de los mortales dormíamos. Le deseé ánimo y me fui a descansar muy temprano porque estaba agotada, pero eso sí, con el corazón llenito de felicidad. Me levanté totalmente renovada, rearmé la maleta, y, después de un rico desayuno junto a Eli y a su esposo, salimos nuevamente con destino a Barcelona para mi próxima aventura. Quiero detenerme un momento para destacar la generosidad de estas dos personas, y agradecerles por tantas atenciones. Nos despedimos en la puerta del aeropuerto con nostalgia, pues todo había pasado muy rápido, pero feliz por lo vivido. Más tarde embarqué con destino a Granada, donde me esperaba Evelyn para llevarme a su casa y en un santiamén, prepararnos para otra cena con fans.

Continuará…

Euge Cabral

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